martes 27.09.2016 - Actualizado hace
Fútbol
27 | 07 | 2016
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Independiente, Milito y todas las incógnitas

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Algunos partiditos de práctica que jugó Independiente bajo la conducción de Gabriel Milito dejaron algunas señales que aunque son prematuras no hay que subestimar. El cambio de rumbo futbolístico que propone el entrenador demanda una convicción y una agresividad que todavía no se vio. La cuenta regresiva ante Defensa y Justicia está en marcha.

 Independiente, Milito y todas las incógnitas
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Hace casi un mes y medio que Gabriel Milito arrancó como técnico de Independiente. Jugó 6 partiditos informales el equipo. Gano 5 y perdió el restante ante Aldosivi. Pero no importan los números que cosechó. Ni los 14 goles que hizo ni los 3 goles que le hicieron. Lo que importa son las señales que viene dejando el plantel. Y las señales de Milito en las 6 semanas de entrenamiento.

Sostener que Independiente está reformulándose es cierto. Que Milito a sus 35 años está experimentando, también. Pero la competencia oficial está muy próxima. El 8 de agosto jugará frente a Defensa y Justicia por la Copa Argentina en el estadio de Banfield. Y después tiene por delante la primera fecha del campeonato y de inmediato a Lanús por la Copa Sudamericana.

¿Qué se puede esperar de Independiente a partir de lo que mostró en estos cruces de pretemporada? No se sabe. Es una incógnita. Incluso para Milito. Los jugadores, frente al cambio de rumbo futbolístico que pretende ejecutar un técnico, suelen tomar dos decisiones para protegerse: intentar agradar al entrenador cumpliendo sus pedidos y hacer bien los deberes para no ser desplazados. Lo que prevalece es la inseguridad. Las dudas. La búsqueda de la aprobación. El no riesgo. Cumplir, en definitiva. Aunque no se termine cumpliendo.

Por ese sendero de incertidumbres está caminando Independiente en una etapa que los lugares comunes del fútbol califican como puesta a punto. Pero el funcionamiento de un equipo es otra cosa. Es casi todo. O todo. El funcionamiento en algunas oportunidades se produce de entrada. Sale. Fluye. Aparece. Como fue aquel Independiente del Tolo Gallego, campeón del Apertura 2002. Empezó y arrancó. Se juntan los jugadores. Y se junta el equipo a partir de una idea más ofensiva o más contragolpeadora.

En Independiente esa aparición todavía no se concretó. Quiere salir bien del fondo, quiere ser prolijo para manejar la pelota, quiere tomar la iniciativa, quiere ser filoso y desequilibrante a partir de tres cuartos de cancha, pero transmite una sensación inocultable: encuentra serias dificultades para lograrlo.

¿Qué tipo de dificultades? De interpretación. Y de precisión. Con tener la pelota no alcanza. Es indispensable tenerla para advertir cual es el momento exacto en que hay que agredir, cambiar el ritmo y darle otra velocidad a la pelota para darle otra velocidad a la maniobra. Eso no está. La precisión imprescindible para un equipo que intenta jugar a favor del control de la pelota, tampoco está en una buena sintonía. Es cierto, recién comenzó, pero nunca hay que subestimar los primeros mensajes porque pueden establecerse como tendencia.  

La presión alta y sostenida que promueve Milito como estrategia defensiva y ofensiva, no se expresó en los encuentros informales con la convicción y determinación que demandan estos movimientos. No metió un pressing furioso Independiente como parecían asegurar las palabras previas de Milito antes de ponerse al frente del plantel. Fueron más intentos individuales que respuestas colectivas. Y cuando uno corre mucho para recuperar y otros dos miran más de lo que participan, no hay pressing. Hay un simulacro. Ese compromiso si no es colectivo sirve de poco. Porque denuncia falta de convencimiento. O temor a quedar desairado ante un adversario que mueva bien la pelota.

El 4-3-3 que plasma Milito en la cancha, como todos los sistemas, por sí solo no dice nada relevante. No se ganan los partidos con los sistemas. Ni antes ni ahora. Son apenas un punto de partida. Nada más. Milito no parece ser un clásico rehén del tacticismo. Pero es un admirador de los sistemas. Por eso además de Pep Guardiola, reivindica al Cholo Simeone y a José Mourinho, apasionados por los sistemas. ¿Está mal? No. Ni bien ni mal. Es una elección.

Quizás esa debilidad por los sistemas explica, por ejemplo, la función que le da a Leandro Fernández por la banda derecha, cuando es un delantero que va por el medio. Fernández no tiene características para jugar como una especie de puntero cuando ataca y de volante cuando retrocede, pero Milito lo coloca ahí. Y Fernández tiene que adaptarse al sistema.

Lo mismo con Martín Benítez. No es armador. No es enganche. No es diez. Milito lo ubica ahí, para hacer lo que en el Barcelona hace Andrés Iniesta. Benítez está para jugar detrás del primer punta, como suele comentar Bochini. Para salir de la gambeta e irse al gol o meter un pase gol. No para 
arrancar a 50 o 60 metros del arco rival. En este caso, Milito también privilegia el sistema.

La realidad es que Independiente está buscándose. Y está encontrando muchas complejidades para expresarse bien. Para jugar bien. Milito no asoma, por ahora, como un entrenador que cultiva simplezas inteligentes. Como lo fue el Pato Pastoriza, por citar un ejemplo tan sensible a la liturgia y el paladar rojo. O Alfio Basile. O el Flaco Menotti en una dimensión superior. Milito precisa un auténtico laboratorio futbolístico para construir su proyecto. Y esto puede ser muy positivo o muy negativo. No hay términos medios. Mientras tanto la cuenta regresiva ante Defensa y Justicia ya está en marcha.                        
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