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31 | 07 | 2016
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Beto César: "Condenado al éxito"

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


El humorista explica que trabajar de lo que lo apasiona es una bendición y que eso es triunfar. “Si uno no se apega a los resultados, hasta puede llegar a ser feliz”.

Beto César: Condenado al éxito
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Considera que cuando uno hace lo que ama está benditamente condenado al éxito. Afirma que el trabajo es una parte de su vida. Está convencido que siempre lo mejor está por venir. No cree en una vida de limitaciones. Sostiene que las veces que perdió la fe en él, le fue mal. En la siguiente entrevista, Beto César habla con sinceridad sobre temas que ponen en evidencia su pensar y su sentir sobre la vida y su profesión.

l En su medio, ¿es difícil hacerse respetar?

-Sí, porque hay gente que no debería estar, como los famosos paracaidistas. Si el medio no se respeta a sí mismo, es difícil que te puedan respetar a vos.

l De su profesión, ¿qué activa su violencia?

-No soy violento. No existe en mi ese sentimiento.

l En el humor, ¿ya está todo inventado?

-No. Quizá, el mecanismo por el que uno transita para arribar al humor es conocido y parezca repetitivo, pero siempre hay espacio para la creación. Pensar lo contrario, sería muy triste.

l A la hora de hacer reír, ¿qué límite no traspasa?

-No hago humor con temas como el aborto, el sida y el cáncer. Además, casi todos tuvimos o tenemos a alguien que ha transitado o transita por algunas de estas situaciones nada buenas.

l Profesionalmente, ¿en qué se ha jugado y le ha ido mal?

-En producir algún espectáculo porque no recuperé el dinero que invertí.

l Realmente, ¿la fama es puro cuento?

-Sí. Tanto la fama como el éxito son inventos del hombre. Si uno no se apega a los resultados, hasta puede llegar a ser feliz.

l ¿Qué tiene de bueno ser conocido?


-Lo bueno siempre viene de la mano de la sonrisa. La gente tiene una fantasía sobre uno y al conocido le proporciona un recibimiento que no le dan al anónimo, por más amable y atento que sea.

l ¿Cuál ha sido su gran acierto profesional?

-No haber dejado nunca de trabajar. Además, laburé con todos los grandes cuando estaban en su mejor momento. Eso me llena de orgullo. Más allá de eso considero que estar vivo ya es un éxito.

l El vivir de lo que le gusta, ¿lo ubica en el rol de privilegiado?

-Sí. Cuando uno hace lo que le gusta, lo que siente y lo que quiere, está benditamente condenado al éxito.

l ¿Qué siente por su trabajo?


-Un profundo amor y un enorme respeto. El laburo es parte de mi vida. Cuando estoy sin trabajo no me desespero. Pienso que lo mejor siempre está por venir. Por ahí, para algunos este es un pensamiento facilista, pero realmente siento que aún no hice lo mejor.

l ¿Qué tan lejos o cerca se encuentra de su techo profesional?

-No lo sé. No creo en una vida de limitaciones.

l Ser artista, ¿en qué contribuyó a hacer de usted un mejor ser humano?

-Me educó en varios aspectos. Yo sólo tengo estudios secundarios y ser artista me permitió viajar, conocer otros países, otras costumbres y otras culturas y, por supuesto, eso me hizo crecer como persona.

l ¿Cuál es su máxima aspiración profesional?

-La vida me pone de cara con distintos desafíos que, más tarde o más temprano, los tomo, porque entiendo que eso me hace crecer.

l ¿Cómo explica su vigencia?


-Creo que llegás a esta vida con ciertos dones y no desarrollarlos es un pecado. No hace mucho veía en "Soñado por cantar" a gente que tenía el don de cantar y no lo desarrollaron. Ellos ponían excusas como: "Yo no pude... Tenía que trabajar... Mis padres no me dejaron... Me casé joven...". Pienso que desperdiciaron su don. Cada día que pasa reafirmo más la idea de que hay que perseguir nuestros sueños.

l ¿Siempre tuvo fe en usted?

-Sí, y las veces que la perdí, me fue mal.

l ¿Qué le diría a los que les cerraron la puerta cuando usted más necesitaba que se las abran?


-Nada. Hago mía una frase de Wayne Dyer, el autor del libro "Tus zonas erróneas" y la tomo como respuesta. El dice: "Gracias a todos los que dijeron que sí y a todos los que dijeron que no, porque gracias a ellos pude lograrlo", yo también creo que el "no", sirve.

l ¿Qué valor le da a la mirada que tiene el otro sobre usted?

-Lo importante es lo que yo crea sobre mí. A veces, uno se manda macanas y es justo reconocer los errores pero, en general, tendemos a poner todo en el afuera. Yo trabajo sobre ese tema. Después, por lo demás, estoy conforme conmigo.

l ¿En qué punto de su vida se encuentra?

-Ya pasé la mitad. Por ende, apunto a disfrutar lo que me toca. Nadie sabe cuánto tiempo va a vivir. Cuando sos joven, te creés inmortal y cuando notás que van muriendo tus seres queridos, advertís que sos mortal. Hoy estoy más del lado del que estaban mis viejos cuando tenían mi edad y eso hace que tenga una mirada más contemplativa sobre la vida.

l El paso de los años, ¿qué perspectivas nuevas abrieron a su mirada?

-Es difícil decirlo. A veces, acumulás experiencia y no la podés aplicar. Los años te aportan la sapiencia que no tenés en la juventud, pero cuando sos joven contás con la frescura que no la tenés cuando sos mayor. Yo pienso que el mejor momento es el que estoy viviendo.

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