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01 | 08 | 2016
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Un tucumano cumple 40 años viviendo en una cueva

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El hombre, de 79 años, convive con la naturaleza y los animales del lugar. “A veces he despertado con víboras de dos metros debajo de la cama”, afirma.

Un tucumano cumple 40 años viviendo en una cueva
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Pedro Luca vive en una cueva en el Norte de Argentina desde hace 40 años. A sus 79 años y en excelente estado de salud, vive solo, sin luz, ni gas, ni teléfono en su caverna situada en lo alto de las montañas en la provincia de Tucumán.

Cuando tiene hambre, sale a cazar con su escopeta o sus trampas o desciende a las montañas, que se encuentran a 1.100 metros de altura. Y realiza con frecuencia las tres horas de camino entre la selva donde vive y la ciudad más cercana para llegar a las pequeñas tiendas de San Pedro de Colalao, una población turística situada a 120 kilómetros de San Miguel de Tucumán (1.300 kilómetros al Norte de Buenos Aires).

Su jornada comienza a las 3 de la mañana, cuando se despierta por el canto de las gallinas tras dormir sobre una cama armada con capas de ropa usada y colchones protegidos por plástico. Apenas iluminado por velas, Luca también cuenta con fogatas hechas con la leña seca. "El fuego es mágico, siempre prende", relata a The Associated Press. En su cueva, todo gira alrededor del fuego que impregna de humo las ropas y deja una capa negra en el techo y las paredes de la caverna.

Se abastece de agua en un arroyo situado a 50 metros detrás de su caverna. "Es el agua más pura, la más rica de todas", asegura.

En San Miguel de Tucumán, Luca se ha convertido en todo un atractivo turístico, una leyenda.

"Nació huérfano: su madre murió al darlo a luz. Mi abuelo lo crió. Siempre quiso vivir solo. Nunca molestó a nadie. Hoy es una leyenda, la atracción principal para los turistas. Personas de todo el mundo suben a visitarlo y hasta los niños de la escuela organizan excursiones para verlo. Le llevan comida y comprueban: el mito existe", explica a The Associated Press Juan Carlos, sobrino de Pedro y residente en San Miguel de Tucumán.

Pedro Luca vivió en el poblado hasta los 14 años, hasta que un día, tras bajarse de un tren que recorría el Norte argentino transportando carbón a Bolivia, desapareció. Sólo años después se supo de su nueva morada. "La violencia y el alcohol arruinan al hombre. Prefiero el campo", afirma Luca refiriéndose a aquella etapa. "Ahora mi familia son los 'bichos"'.

Animales como vecinos

Los animales son su mejor compañía: vive junto a 11 gallos y dos cabras a las que suelta en el monte y regresan por la noche. A veces se encuentra con animales que han dormido cerca de él, protegiéndose de los pumas y tigres que merodean la zona.

"Yo no le tengo miedo. A veces he despertado con víboras de dos metros debajo de la cama", señala.

Su único contacto con la tecnología es una radio portátil que lo acompaña sólo de vez en cuando, cuando la señal de una radio lejana logra atravesar las montañas.

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