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Opinión
04 | 08 | 2016
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La operación de Tevez, la debilidad de Guillermo

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


El golpe de nocaut que le significó a Boca quedar eliminado en semifinales de la Copa Libertadores, precipitó un cambio no menor en la dinámica de poder del equipo. Carlos Tevez se victimizó y sumó poder. Guillermo y Gustavo Barros Schelotto quedaron mal parados y condicionados respecto al futuro inmediato.

La operación de Tevez, la debilidad de Guillermo
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Volvió Carlos Tevez el lunes 25 de julio a entrenar con Boca después de unos días de licencia, mientras el plantel no gozó de esos mismos favores. Pero volvió con la cinta de capitán y con la promesa formal o encubierta de que el equipo va a girar alrededor de sus necesidades y gustos futbolísticos, que parten de una premisa: jugar con un punta bien definido para que Tevez se convierta en la segunda punta arrancando desde atrás, como lo venía haciendo en la Juventus antes de su regreso a Boca en agosto de 2015.


¿Cómo quedaron parados Guillermo y Gustavo Barros Schelotto frente a las postales de este nuevo escenario? Decididamente mal, aunque también pueden elegirse para la ocasión algunas palabras más elegantes. Por ejemplo: se sentaron con Tevez, dialogaron y llegaron a un acuerdo. La realidad es que Tevez les tiró a la dupla técnica el apellido por la cabeza y contó con el aval del presidente de Boca, Daniel Angelici.
  
Cuando suceden este tipo de situaciones en el que un jugador de gran trayectoria debilita o erosiona la autoridad de un cuerpo técnico a partir de su influencia y del respaldo que encuentra en la dirigencia, esa relación está agarrada con alfileres, aunque las apariencias, quizás por el momento, indiquen lo contrario.
  
Pero las apariencias no logran tapar lo sustancial: Tevez, viejo lobbista que hace muchos años sabe como sumar adhesiones en el campo mediático, también supo inclinar la balanza a su favor en una actualidad muy inestable y critica luego de la caída de Boca en semifinales ante Independiente del Valle.
  
¿Cómo hizo? Como suele hacerlo: se victimizó. Y en ese rol de víctima de las debilidades estructurales y logísticas de Boca que Tevez proyecta a las divisiones inferiores del club, volvió a los entrenamientos como el hombre que iba a reformular el panorama táctico y estratégico del equipo. El rumbo del equipo.
  
¿Se habían equivocado Guillermo y Gustavo en ubicarlo a Tevez como el nueve de Boca? El mismo Tevez había señalado antes del largo receso que se sentía bien en ese puesto y que no rechazaba la función. Por aquel entonces, Boca venía alentando esperanzas en el plano internacional. Y escalando en la Copa Libertadores hasta que se cruzó contra Independiente del Valle cosechando dos derrotas. Y se vino todo en banda en un par de horas en que varios cayeron en desgracia: entre ellos el Cata Díaz, otra vez en el Getafe, el uruguayo Nicolás Lodeiro en el Seattle Sounders de Estados Unidos, Andrés Chávez a préstamo en el San Pablo y Agustín Orión con un futuro inmediato cercado por la incertidumbre.
  
Tevez, hábil declarante, transfirió responsabilidades. Hasta planteó que le sorprendió que Maradona no lo haya defendido "cuando todos me criticaban y me pegaban". Dijo no entender a Riquelme respecto a algunos cuestionamientos del ídolo al desempeño futbolístico del equipo. Pedía, en definitiva, una protección especial Tevez. Y la tuvo por parte de la primera línea dirigencial que administra a Boca.
  
Guillermo y Gustavo Barros Schelotto si perdieron algo en las últimas semanas fue poder real. Ese poder que suele no recuperarse. Lo resignaron en la trama que los terminó envolviendo con el episodio de las minivacaciones de Tevez, de la cinta de capitán que le dieron a su regreso y del sistema que se va a acomodar a lo que pide Tevez, con su habitual capacidad para caer bien parado en circunstancias difíciles y complejas.
  
Lo que indican los hechos es que Boca quedó tambaleante después de la gran frustración que protagonizó en la Copa Libertadores, que según la opinión siempre autorizada de Riquelme, tenía que ganar y no ganó. Ese mazazo inesperado teniendo en cuenta la inferioridad anunciada de Independiente del Valle, precipitó la toxicidad que se instaló en Boca.
  
Tevez, jugando pésimo los dos partidos, salió indemne. El naufragio arrastró a otros. Guillermo y Gustavo Barros Schelotto quedaron condicionados. No solo porque la séptima Copa Libertadores no está en las vitrinas de Boca. Sino porque ahora la sartén por el mango la tiene Tevez.

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