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07 | 08 | 2016
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Luciano Cáceres: “En uno está no quedarse”

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


Actor de "Los ricos no piden permiso" y director teatral de "Pieza plástica", admite que no todos los trabajos que realizó le agradaron, aunque nunca bajó los brazos. “Por más pequeño que sea el espacio, si lo tenés siempre podés hacer algo digno”.

Luciano Cáceres: “En uno está no quedarse”
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Amante de la actuación y con una devoción particular por el teatro, Luciano Cáceres no se inmuta al relacionar la vocación con su propia historia familiar. "Mi origen es bastante particular. Fui concebido sobre un escenario, Eso explica todo lo que siento por la actuación".

l ¿Cómo fue su historia?

-Mi mamá trabajaba en la Municipalidad junto al que iba a ser mi viejo quien, además, tenía un teatro independiente. Durante la semana, él ponía unos colchones sobre el escenario y dormía ahí. Por esos días, mi vieja estaba casada con un ingeniero y no podía quedar embarazada. Finalmente, quedó, pero no de su marido, sino de mi papá. Ella iba a ver las obras que hacía mi viejo y además pasó por ese colchón. De allí vengo, por otro lado, actuar es un oficio noble que me hace bien y tener la posibilidad de ser otros me mantiene sano.

l ¿Le pasa también al dirigir?

-Sí, poder contar historias, construir mundos, guiar a mis compañeros para que compongan sus personajes me da una gran satisfacción. El oficio de actuar y dirigir tiene sus bemoles con la continuidad, pero yo soy un gestor muy potente y ya sea por guita, por pasión o por deseo, siempre estoy haciendo.

l ¿Actuar y dirigir lo mejoraron como persona?

-Sin duda. Vivir de lo que me gusta me acerca a un estado de felicidad.Y todos los días agradezco tener continuidad laboral.

l ¿Cuál es su pretensión artística?


-Lograr que el espectador viva una nueva experiencia viendo un espectáculo, que reflexione o que tenga ganas de probar este oficio, la causa está ganada.

l ¿Cuáles son los miedos más frecuentes que enfrenta un actor en nuestro país?

-Entre otros, el temor a perder la continuidad y a que lo encasillen.

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l ¿La mayoría de sus colegas no pueden elegir sus trabajos?

-Es cierto, pero siempre existe la posibilidad de ver qué hacés con tu oficio. Yo me formé con Alejandra Boero, un teatro con mucho mensaje político y social. Todo lo vinculado con la tele y la publicidad era como prostituirse, pero yo entré a ese mundo y advertí que tenía un oficio y que en ese marco podía componer un personaje y hacer un laburo serio. Ahí entendí que mi formación tenía sentido. Cierto día, la Boero me volvió a citar y me dijo: "Estoy orgullosa que un actor que se formó conmigo ocupe otro espacio con seriedad y profesionalismo". Obviamente, uno tiene que parar la olla y, muchas veces, toma laburos que no le agradan demasiado, pero si tenés la llama encendida, si tenés un espacio vas a poder hacer algo digno, por más pequeño que sea espacio. Siempre intenté dar pasos firmes. No me atolondré. Fui despacito y, al mismo tiempo, gesté mis proyectos. Está en uno el no quedarse quieto y saber que esto no es una carrera sino un camino.

l ¿Qué hizo?

-Entre otras cosas, atendí un quiosco, fui mesero, ayudante de albañilería, pinté casas, y con eso me pagaba las entradas para ver las obras de teatro que quería, me compraba libros, iba al cine. Siempre tuve claro dónde estaba puesto mi deseo.

l ¿Cómo se sentía haciendo esos trabajos?

-Bien. No me pesaban. Me cansaba, pero estaba feliz. Vengo de una familia de laburantes. Siempre me inculcaron que el esfuerzo da sus frutos y que lo que viene fácil hay que estudiarlo, porque algo debe tener.

l ¿Cómo se adaptó a las reglas de su profesión?

-Bien, porque soy muy riguroso, sé lo que tengo que hacer y cuido mi oficio. El punto es identificar el marco en el que uno está. Si me explicás las condiciones, yo me adapto. Eso es entender el oficio. Te doy un ejemplo, yo estaba haciendo "La muerte de un viajante" con Alfredo Alcón y, al mismo tiempo, estaba en la tele en "Patito feo". Muchos me decían: "¿Para qué hacés eso si estás laburando con Alcón?", pero gracias a ese personaje, en esos dos años, aprendí a hacer tele y entendí el oficio en el medio televisivo. Por un lado, estaba cumpliendo el sueño de mi vida, que era compartir el escenario con Alfredo Alcón y, al mismo tiempo, me estaba formando como actor televisivo.

l ¿Le preocupa estar rindiendo exámenes todo el tiempo?

-No. Es parte del oficio. El que se queda, entra en un estado de mediocridad y eso, tarde o temprano, se paga. Hay que estar atento, sin perder la esencia. Renovarse, alimenta. Por ejemplo en "Los ricos no piden permiso", estoy al lado de colegas que transitaron mucho en esta profesión y, a la vez, hay un elenco joven muy potente, y gente que viene a decir: "La mesa está servida", tal como yo lo hice años atrás. Ver esa trayectoria me potencia del mismo modo que me enciende el entusiasmo del pibe que por primera vez pisa un set televisivo.

l Por último, ¿siente que se le va la vida en lo que hace?

-No, pero lo que hago ocupa una porción importante de mi vida. Hacer lo que hago, me mantiene despierto y con la sangre fluyendo.

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