lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
07 | 08 | 2016
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La casa no está en orden

Luciano Bottesi
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Por Luciano Bottesi


La histórica sede de la AFA en la calle Viamonte, del esplendor y centro del poder futbolero a la posible mudanza al predio de Ezeiza. El ajuste tras la muerte de Julio Grondona y el achique en la planta de personal.

La casa no está en orden
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Por la puerta principal de Viamonte 1366 cada vez son menos los que entran y más los que salen por última vez. De la multitudinaria afluencia cotidiana de antaño a las reuniones de los dirigentes en otros ámbitos, el viejo edificio de calle Viamonte cuenta con más personal que dirigentes en funciones.

Uno de los pocos pisos que mantiene su habitual tráfico es el quinto, donde el Concejo Federal tiene sus oficinas y espacio para reuniones. Atienden el día a día de 218 ligas del interior, de las que participa la friolera de 3500 clubes. Recursos humanos, los departamentos Médico, de Jugadores y administrativos en general, tienen una certeza: vacante que se registre por jubilación o renuncia de algún empleado, no es cubierta.

La oficina del primer piso, de donde salen los cheques que en un momento eran la poderosa savia de la supervivencia para las finanzas de los clubes, ya no tiene la cola de dirigentes para obtener el suyo, porque ahora el trámite es con CBU. Por estos días el recorrido por el tercer piso, donde está la presidencia que durante más de tres décadas tuvo al mismo "inquilino", perdió su tráfico habitual. Y ahora los directivos pasaron de entrar sin pedir permiso a anunciarse en caso de tener agendada una reunión.

N o es descabellado pensar en vender el edificio de Viamonte", fue una de las primeras frases que soltó Armando Pérez, el titular de la Comisión Normalizadora de la AFA, que mostró una pista del futuro que se avecina para el edificio que fue el epicentro del poder del fútbol argentino, enclavado en el corazón porteño. Nada pasará de inmediato, pero comenzó la idea comenzó a ser rodeada para ponerle fecha.

La mudanza implicará no solamente un cambio de rutinas: en la AFA trabajan más personas que las deseadas. Descontando a los árbitros -que tienen relación de dependencia con la asociación y son más de 400-, se involucran en las tareas diarias unas 450 que se reparten en los siete pisos que se emplazan en Viamonte 1366. El edificio que se construye en Ezeiza, no tiene lugar para todos.

La muerte de Julio Grondona marcó el final para muchos empleados contemporáneos a Don Julio que fueron dejando sus labores tras 20, 25, 30 o más años. Para otros que los trámites en Anses están demorados, la irrupción del comité normalizador marca para muchos el final de una carrera. Eso lo sabe Ernesto Cherquis Bialo, despedido hace pocos días y que amenaza con resistir. "Por uno de él, podemos pagar casi cuatro"', se jacta una de las caras nuevas que tiene la casa.

La masa salarial de los empleados representa en promedio casi el 40 por ciento de los egresos de la Tesorería y con la mudanza a Ezeiza que planeaba Grondona, la idea era bajar el número de empleados para que ese porcentaje se achicara a un 25 o 30 por ciento. Hoy los números rondan el mismo resultado.

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El primer día de julio, en una de las últimas apariciones de Luis Segura como presidente de la AFA, cuatro empleados históricos fueron homenajeados en su despedida: Hugo Cots por sus 57 años en la asociación; Laura Haedo, secretaria de Presidencia durante tres décadas; Simón Cuenca, con 38 temporadas en el Departamento de Control Antidóping; y Alberto Sosa, empleado del Tribunal de Disciplina desde 1993. Esas vacantes, por ejemplo, no serán cubiertas.

"Vamos a encargar una auditoría general, queremos saber en qué estado está el edificio, no conocemos cuestiones básicas como el mantenimiento; Tampoco hay una idea certera sobre el mobiliario o algo tan habitual como las computadoras", indicó otra fuente. En ese sentido, el departamento de legales comenzó a reclamar la devolución de elementos informáticos de primera línea que fueron solicitados para trabajar y luego retirados del edificio. "En algunos aspectos, esto es tierra de nadie", argumenta quien confirmó la información.

La realidad es que el espacio físico del predio de Ezeiza es inmenso, pero el edificio semiconstruido no tanto. Esto implica un desembolso de dinero: acondicionar, comprar mobiliario, tender redes y dejarlo a punto. "No sabemos cuánto puede costar. Tenemos que presupuestarlo", admiten los promotores de la mudanza. El plan original implicaba convertir Viamonte en un museo del campeón del mundo y América. "O venderlo, hay que valuarlo", agregó la fuente.

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