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Historias de vida
07 | 08 | 2016
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Turek, el oncólogo que mira al dolor a los ojos y le da pelea

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Un test en la escuela primaria le dio que tenía pasta de abogado, pero se volcó a la medicina, más precisamente a una especialidad difícil en la cual desde la verdad les abre a los pacientes una ventana a la esperanza.

Turek, el oncólogo que mira al dolor a los ojos y le da pelea
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U n día, un paciente ya anciano que venía de pasar por distintos oncólogos, le confesó al doctor Alejandro Turek la razón por la que había elegido atenderse en su servicio: 'Sabe lo que pasa doctor, ningún otro médico de los que fui hasta ahora jamás me miró a los ojos y usted sí lo hizo', le dijo al especialista que vio reconocida la filosofía que aplica como profesional con ejercicio en un rubro complicado.

Turek, de 58 años y jefe del Servicio de Oncología del Sanatorio San José, es un oncólogo con sólido perfil científico para encuadrar diagnóstico y terapias, pero dotado también al decir de sus pacientes y de familiares de aquellos que ya lo han sido, de una costado humano para avanzar en un terreno difícil, cuando no tormentoso, dominado por el dolor y la desesperanza que conspiran contra las buenas noticias.

"Hoy el paciente quiere saber todo y nuestra postura es que sepa todo para lo cual uno tiene que decir la verdad y en mi caso, lo hago mirandolo a los ojos" subrayó Turek a HISTORIAS DE VIDA.

Producto de un hogar de clase media baja donde el legado de su padre siempre fue que para desarrollarse debía estudiar, este médico de firmes convicciones fue tentado a seguir la carrera de abogacía, según el resultado de un test vocacional a fines de la primaria.

"Por la educación que me habían dado en casa hablaba muy bien y quizás allí haya residido aquella recomendación que se vino abajo cuando le pregunté a mi madre si siendo abogado iba a tener que defender a un asesino y me contestó que probablemente eso podía suceder", recordó.

Con el tiempo, ya convencido que lo suyo pasaba por la medicina, el destino lo puso frente a un auténtico asesino, el cáncer, con el que entró en guerra para arrebatarle a la enfermedad la mayor cantidad de víctimas posibles. Y si no hay victoria, para que el mal aprenda que al dolor que genera impiadoso se lo puede enfrentar con dignidad.

"El dolor en algunos pacientes no es solo físico, sino también psíquico, espiritual y social y eso configura el dolor total", afirmó, y apuntó que esa cruel enfermedad tiene la particularidad "de sacar lo peor y lo mejor" de cada afectado.

Aquel prospecto de basquetbolista de GEBA que dejó porque no le daban los tiempos para entrenar, trabajar y estudiar, se casó joven con Graciela formando un sociedad conyugal que arrancó de la nada pero que asentó una familia integrada por sus hijos Alan, de 22, y Romina, de 20, quienes fieles al legado de los Turek, estudiaron: el varón medios y la nena comercio exterior.

El rompecabezas del mal

Formado en el Instituto de Oncología Angel Roffo y con paso por distintos hospitales, Turek admite que le ha dado "mucho tiempo" de su vida al trabajo. "No sé si estuvo bien para mi familia pero uno tiene una misión, la de ser bueno en una cosa. Y mi misión -aseveró- es como oncólogo".

El especialista afirmó que un paciente "requiere de tiempo" porque entender su problemática oncológica "es como armar un rompecabezas". De hecho, su secretaria ya no se sorprende si le destina más de dos horas a una consulta en su servicio.

Esa es su forma, la que explicita en la acción tomando casos que otros servicios rechazan. Pero sabe que esa es su razón de ser, la que cuando cierra los ojos le hace desfilar por su memoria los rostros de tantos enfermos que sufrieron y ya no están, pero que lucharon con dignidad junto a su doctor por una esperanza.
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