jueves 8.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
09 | 08 | 2016
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Independiente perdió en todos lados

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


La derrota por la Copa Argentina ante Defensa y Justicia desnudó la inoperancia absoluta que expresó Independiente en el plano individual, colectivo y estratégico. El debut en un partido oficial de Gabriel Milito al frente del equipo dejó un saldo desalentador. Apenas el pibe Barco insinuó algo. El resto, una suma de oscuridades

Independiente perdió en todos lados
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Cuando un equipo cae como cayó Independiente frente a Defensa y Justicia, pierde dos veces. Pierde en el resultado (0-1) y pierde en todas las señales que pueda brindar el fútbol de antes y el de ahora.

Por eso la derrota no puede subestimarse o estar acompañada por las viejas excusas y justificaciones que suelen ponerse en marcha cuando arranca en funciones un nuevo cuerpo técnico.

Gabriel Milito llegó a Independiente después de una breve experiencia en Estudiantes haciendo lo que hacen los entrenadores primerizos: cerrando las prácticas, desalentando conversaciones de fútbol con la prensa, mostrándose hermético y en apariencia muy seguro.

La realidad es que ese perfil de seguridad absoluta en muchas oportunidades esconde una gran inseguridad. Y este parece ser un caso. No quería Milito que nadie viera los entrenamientos que el equipo venía realizando desde el 13 de junio, cuando se hizo cargo del plantel.

¿Qué escondía Milito? Nada valioso. Se vio que no había nada valioso en la noche ante Defensa y Justicia en la cancha de Lanús. Lo más valioso en el fútbol sigue siendo el desequilibrio individual y el funcionamiento. Los sistemas son uno de los ideales que Milito persigue. Pero con los sistemas no se ganan partidos. La historia del fútbol mundial no reconoce que a partir de un sistema un equipo juegue mejor que otro. Esa búsqueda del sistema delata algo esencial: la ausencia del juego.


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Independiente, por ahora, revela que no lo tiene. Que no tiene juego. Tampoco desequilibrio. Seguramente Milito va a sostener que precisa "más tiempo", que tiene que "fortalecer la idea" y una cantidad de explicaciones que van a girar alrededor de todo lo que le falta incorporar al equipo.

Ni hace falta aclarar que hay mucha sanata en esas palabras que pretenden patear la pelota para adelante. Lo evidente es que Independiente expresó la imagen de un equipo totalmente improvisado. No así su rival, en proceso de cambios: en relación al último campeonato se fueron 12 jugadores y arribaron 13. Sin embargo, Defensa durante 60 minutos defendió un par de conceptos: presionar arriba, descargar rápido a los espacios y ser agresivo.

Independiente, en cambio, no hizo nada bien. Defendió mal y atacó mal en las dos etapas. Le llegaron a posición de gol y no llegó casi nunca. ¿Por qué tan mal? Porque no se sabe a qué quiso jugar. Cuando Milito asumió después de la salida de Mauricio Pellegrino, adelantó que el equipo iba a proponer una presión alta para recuperar velozmente la pelota. Esa presión no existió. Como si los jugadores tuvieran temor de ir a presionar arriba y desguarnecer las espaldas de los volantes. Queda claro que sin convicción no se puede desarrollar ningún pressing.

Lo del pressing (proclamado con insistencia por el técnico) que no estuvo, representa las deudas de Independiente. Que fueron numerosas. Empezando por subordinarse, con o sin la pelota, a los ritmos de su adversario. Esa subordinación no fue otra cosa que inferioridad para abordar el partido en el 0-0 hasta los 10 minutos del segundo tiempo y luego del 1-0.

El desorden generalizado que ganó al equipo después del gol de Defensa fue también el desorden conceptual que terminó arrollando a Milito tirando delanteros a la cancha para que cada uno protagonice su aventura ofensiva, intentando capturar algún pelotazo más propio de un equipo de Julio Falcioni que de un equipo que quiere reivindicar la circulación de la pelota.


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El único que quiso jugar y juntarse en una triangulación fue el pibe Ezequiel Barco, al que Milito largó al ruedo inmediatamente después del 1-0. ¿No era que Milito lo quería cuidar al pibe y llevarlo de a poco como se dice y se repite en estas circunstancias? Sin embargo, lo mandó a que resuelva lo que los demás no resolvían con el partido en desventaja y con las urgencias galopando muy fuerte.

Es muy sugestivo lo que hacen los técnicos. Dicen querer cuidar a los pibes (una frase de ocasión sin sustento) y cuando arrecia la tormenta le piden que hagan algo que no está en los papeles. Ese "algo" es una jugada de inspiración. Barco puede ser morfón en alguna maniobra, pero gambetea y va al frente. Busca la pared, busca el toque y la descarga, busca asociarse. Y no es poco.

Fue la lucecita que encendió Independiente. Ese fue el único saldo positivo. El resto, más allá de Campaña y algo de Rigoni, una suma de oscuridades desparramadas por el verde césped. Las preocupaciones de Gabriel Milito de ninguna manera deberían ser menores. El equipo fue una caricatura. Y la marca registrada de un técnico que tiene que ser el funcionamiento, no apareció nunca. Ni aún en los pequeños detalles.

Los distintos sistemas que pretenda aplicar Milito no van a resolverle los problemas futbolísticos a Independiente. Esos problemas se resuelven solo con juego. Y con una convicción para jugar que hoy el plantel no expresa.

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