domingo 25.09.2016 - Actualizado hace
Fútbol
11 | 08 | 2016
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El colapso que ya veía Pekerman

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Frustración. Fracaso. Decepción. Cualquiera de esas palabras puede definir el paso de la Selección Sub/23 en los Juegos Olímpicos de Brasil. El equipo del Vasco Olarticoechea mostró un perfil acorde al cambalache que monitorea al fútbol argentino. Los jugadores, varios de ellos muy valorizados, revelaron que fueron sobredimensionados por el mercado y el ambiente.

El colapso que ya veía Pekerman
Foto:

-¿Se fue perdiendo la capacidad creativa, la habilidad de los jugadores argentinos?

-Sí, sí, se ha ido perdiendo.
-¿Cuáles son las causas?
-Fundamentalmente, la falta de horas de juego. Antes, el jugador tenía más potrero, más tiempo.

Estaba cinco o seis horas jugando al fútbol. Hoy, los chicos, no juegan. O juegan poco. Tienen muchas actividades. Y trabajan. Porque hay chicos que por una cuestión social, tienen que salir a trabajar. Nunca descartamos que aparezca algún jugador que nos refresque la memoria. Eso sí: si hablamos de cantidades, está claro que van disminuyendo.

-¿Es grave la situación?
 
-Es grave que nos acostumbremos, como pasa en toda la sociedad y debe pasar en otros ámbitos que no conozco tanto como el fútbol. Ojo: no disminuye el interés por el fútbol, no disminuye su atracción, pero los actores van teniendo otras características. Lo que en otros tiempos llevaba un tiempo de aprendizaje, ahora se convirtió en otra cosa. Se van quemando etapas. Muchos de los chicos que son promocionados a Primera llegan con un montón de limitaciones. Y esto lo provocan las urgencias. El jugador se convierte en un instrumento del sistema. Se seguirá jugando, pero será como administrar pobreza.
 
-¿Cómo es eso?
 
-Va a haber sistemas, estrategias, duelos tácticos. Pero habrá menos técnica, jugadores incapaces de desnivelar a través de la improvisación o el talento. Todo será esfuerzo. Nos estamos olvidando mucho del juego, porque la expectativa que genera todo lo que rodea al fútbol tomó más protagonismo que el juego en sí. Me resisto al tremendismo, pero hay un vacío de talento.
 
En junio de 2001, José Pekerman, en una estupenda entrevista que concedió a la revista Al arco y en  su rol de entrenador de las selecciones juveniles, aportaba una mirada que ya anticipaba la crisis cultural que padece el fútbol argentino.
 
¿Qué veía Pekerman por aquellos días? Lo que sucede ahora. El fracaso de la Selección Sub/23 que dirigió el Vasco Olarticoechea en los Juegos Olímpicos que se están realizando en Brasil, también refleja el diagnóstico que había dado el técnico argentino hace 15 años.
 
Comentaba que se resistía al tremendismo Pekerman, pero advertía un "vacío de talento". Y hablaba de "administrar pobreza". Esa síntesis quedó brutalmente expresada en Brasil. El sistema al que Pekerman criticó con dureza ("El jugador se convierte en un instrumento del sistema") viene produciendo desde una ficción mediática cracks que no son tales. Como Correa, Calleri, Pavón, Lo Celso y tantos otros inflados por el ambiente, generando confusiones que se propagan en todas las direcciones.
 
Por supuesto que no son responsables los jugadores de los intereses y operaciones económicas que los trascienden. Ellos reciben elogios desmesurados por una rachita de partidos favorables y por un par de goles que hayan conquistado. Sueñan con irse a Europa. Con mirar de cerca a Messi y a Cristiano Ronaldo. Con firmar contratos fabulosos. Con creerse que son mejores de lo que en realidad son. Y no son pocos los que se terminan estrellando por no haber completado etapas formativas.
 
      Jose Pekerman


Se podrá argumentar, con razón, que la Selección que armó a los ponchazos Olarticoechea estaba predestinada a convivir con la más cruda resignación. Se podrá repetir que esa institucionalidad destruida de la Selección por la ceguera, la vanidad estúpida y la ineptitud galopante de los dirigentes, no podría concluir con otro escenario que no fuera una gran frustración.
 
Pero en no pocas oportunidades en la cancha se producen construcciones futbolísticas que las lecturas previas no contemplan. En la situación límite, suelen aparecer respuestas valiosas. Respuestas inteligentes de los jugadores. Más allá del técnico de turno, de los dirigentes, de los climas, de las ausencias y de las distintas adversidades.
 
Pero no fue el caso. No hablamos de temple, de garra, de personalidad, de temperamento, de agallas, de actitudes ni de fortalezas espirituales extraordinarias. Hablamos de juego. De la falta alarmante de juego que mostró esta Selección. De la mediocridad, sin pausas, que delató en los 3 partidos que disputó ante Portugal (cayó 2-0), Argelia (ganó 2-1) y Honduras (empató 1-1).
 
Ese nivel de torpezas para manejar la pelota e interpretar las necesidades del juego no pueden responsabilizarse ni en la figura de Olarticoechea ni en los dirigentes vencidos por el ego, la ignorancia y la ambición de poder. Es algo de lo que tienen que hacerse cargo los jugadores. Que no son los chivos expiatorios siempre infaltables en la dinámica que envuelve a los fracasos. Pero son inevitablemente los protagonistas en las buenas y en las malas.
 
Los Juegos Olímpicos les bajaron el precio a esos protagonistas. No nos referimos a los valores económicos. Nos referimos a la medida del fútbol. Al juego. Apurarse a consagrar cracks para ilusionar a las audiencias siempre renovadas y también estafadas en su buena fe, es lo que Pekerman también definió como "el sistema".
 
¿Se cosechó en Brasil lo que se sembró? El sí es rotundo. Se cosechó en función de las ruinas de la AFA y de los intérpretes que valen muchísimo más en el mercado (y en el ambiente) que en la cancha. Porque la cancha, a pesar de todos los colapsos, debería ser siempre de los jugadores. Y no lo fue.           

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