domingo 25.09.2016 - Actualizado hace
Opinión
16 | 08 | 2016
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Racing: solos en la madrugada

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Estaba y ya no está. La caída en condición ante Lanús por la Copa Bicentenario dejó a Facundo Sava afuera de Racing. El entrenador en sus casi 8 meses de gestión nunca le había encontrado al equipo una idea próxima a un funcionamiento. La urgencia de los dirigentes en despedirlo en el arranque de la temporada también frecuenta la búsqueda de un chivo expiatorio.

Racing: solos en la madrugada
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Después de la derrota agónica que cosechó Racing frente a Lanús el último domingo en el marco de la Copa Bicentenario (un invento de lobbistas del fútbol-negocio), Facundo Sava quedó nocaut.

  
El entrenador de 42 años que fue presentado en una conferencia de prensa el 21 de diciembre de 2015 y que había afirmado que "Cocca dejó la vara alta e hizo un trabajo extraordinario", nunca logró en sus casi 8 meses de gestión estabilizar un proyecto futbolístico acorde a las expectativas que venía persiguiendo Racing.
  
¿Cuáles eran esas expectativas? Las que planteó Sava cuando asumió: "Quiero un equipo que sea protagonista en todos los partidos. Un equipo solidario que ataque y defienda. Y que todos tengan disposición para recuperar la pelota y para atacar".
 
Esos deseos que expresó Sava concluían, por supuesto, en un destino compartido junto a la dirigencia liderada por el empresario hotelero Víctor Blanco: salir campeón. Como había salido campeón Diego Cocca dirigiendo ese Racing utilitario y contragolpeador que se consagró en el segundo semestre de 2014, desplazando a River en las últimas fechas.
  
La realidad indicó que le quedó grande ese sueño al Colorado Sava. El equipo que pretendió armar en el último torneo de 16 fechas (sumó apenas 24 puntos) nunca terminó de arrancar. Nada menos que 14 puntos lo separaron de Lanús, puntero absoluto en su zona. En la Copa Libertadores, vieja aspiración de Racing de reconquistar lo que ganó por única vez en 1967 con aquel mítico equipo de José, no le fue mejor: cayó en Brasil en octavos de final ante Atlético Mineiro.
  
Resistió Sava su salida que parecía anunciada cuando nadie daba dos mangos por su supervivencia futbolística en Racing. Y siguió ya con las espaldas descubiertas con el propósito de encarar la última recta de 2017. La Copa Bicentenario que le pusieron en el horizonte para volver a arrancar, esta vez con viento a favor, no fue otra cosa que un problema insuperable.
  
Lanús, muy lejos de reeditar el festivo 4-0 que le regaló a San Lorenzo en el Monumental el pasado 29 de mayo y que le permitió protagonizar una vuelta olímpica, aún sin jugar bien en el Cilindro de Avellaneda, le ganó bien sin sobrarle nada en la última jugada del partido.
  
Si se interpreta con razón que el fútbol se desarrolla cuando se atrapa una idea, Racing parece no cultivar ninguna desde hace un tiempo apreciable. Casi como la mayoría de los equipos del fútbol argentino, corriendo detrás de zanahorias y buzones que nunca alcanzan.
  
Las despedidas de Diego Milito y de Sebastian Saja quizás simbolicen tiempos más austeros y mediocres. No la estaban rompiendo ni Milito ni Saja en los últimos meses, pero mostraban rastros de pertenencia (mucho más plena en Milito que en Saja) que los convertían en jugadores muy valiosos en la cancha y en el vestuario.
  
Y ese valor real y simbólico no se transfiere porque no se recuperan esos liderazgos desde búsquedas voluntaristas. En definitiva, Racing se fue quedando solo en la madrugada, como en aquella película inolvidable de José Sacristan.  Quizás buscando en el tiro del final lo que el fútbol de estos tiempos glorifica: el equilibrio. Porque el equipo que condujo el Colorado Sava en el campeonato corto que finalmente consagró a Lanús fue señalado como un equipo "desequilibrado". Que atacaba bien (29 goles a favor) y defendía muy mal (26 en contra). Que podía golear y ser goleado.
  
Avisó Sava antes de la Copa Bicentenario que quería atrapar ciertos "equilibrios". Cuando se plantean estos objetivos siempre se termina igual: debilitándose ofensivamente y no logrando tampoco ninguna solidez defensiva. Quedó comprobado en el reciente 1-0 frente a Lanús, cuando Racing luchó muchísimo más de lo que jugó. ¿Qué logró? Nada relevante. Ni el resultado a favor como testimonio de una respuesta más práctica.
  
Lo único que encontró fue un vacío y una insatisfacción creciente que entre otros intérpretes, se enfocó en Sava, señalado como un chivo expiatorio por el presidente Víctor Blanco. El problema estructural del fútbol argentino, naturalmente, trasciende a Sava. Son contados con los dedos de una mano (y sobran un par de dedos) los equipos que entienden a qué juegan.
  
Racing está donde se amontona la mayoría: no sabe a qué juega. Sabe lo que quiere, porque esto lo quieren todos: ganar. Pero no es un mérito querer ganar. Es una aspiración. Mientras que jugar bien es una construcción.     

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