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Opinión
19 | 08 | 2016
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¿Hay que ser joven para ser un buen técnico?

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


No hay precisiones, pero hay hechos que permiten elaborar un pensamiento. En el fútbol argentino a los técnicos se los evalúa más por la juventud que por sus conocimientos específicos. Quizás algunos éxitos del Cholo Simeone apenas arrancó como técnico con 35 años despertaron juicios de valor muy apresurados y superficiales.

¿Hay que ser joven para ser un buen técnico?
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¿Cuándo se habrá interpretado que los entrenadores del fútbol argentino no tienen que superar los 42, 43 o 44 años para ser grandes candidatos a dirigir a un equipo? ¿Quién habrá puesto en foco ese escenario que plantea despreciar a los técnicos que superen las cuatro décadas y media?

La realidad es que no hay precisiones. Pero hay hechos inocultables. A los técnicos en la Argentina se los califica y contrata según lo que indique su documento de identidad. Como si a mayor juventud, mayores conocimientos. Y a mayor recorrido, más decadencia.

Este análisis tan lineal y tan burdo sin embargo sumó grandes adhesiones entre los dirigentes, los empresarios ligados al fútbol, la prensa y los hinchas. ¿Qué es lo que en definitiva se establece como verdad revelada? Que los entrenadores más jóvenes tienen una relación más fluida y directa con los jugadores por una cuestión generacional. Y que esa especie de feedback virtual posibilita comunicaciones más plenas, optimizando rendimientos.

No se habla del conocimiento específico que puede registrar un entrenador. Se habla de llegada. De conexión. O de código para generar un ida y vuelta que contemple también la relación full time con los soportes tecnológicos y las redes sociales.    

Precisamente este modelo de contratación fue puesto en cuestionamiento por el ex jugador y entrenador Enzo Trossero (63 años), quién nos comentó: "Esto viene ocurriendo mucho más en la Argentina que en Europa. De hecho en Europa el último campeón de Inglaterra, el Leicester fue conducido por el italiano Claudio Ranieri, que ya anda casi por los 65 años. Y a nadie se le ocurrió descalificarlo o menospreciarlo por su edad. En cambio acá a los que tienen más de 50 años se los mira poco y nada, salvo en la Selección nacional. Pero en los clubes casi que no se los considera. Yo también hablo a partir de lo que vengo recogiendo. Esto de no respetar y valorar experiencias y trayectorias es un fenómeno relativamente nuevo que por otra parte va mucho más allá del fútbol. Lo que hace el fútbol en todo caso es ponerlo más en primer plano. Lo que habría que observar son las capacidades, las energías y los compromisos con una función. Y no solo si una persona tiene más o menos años".

No es la primera vez que Trossero apunta en esta dirección. Ya lo hizo en otras oportunidades. Lo que ve es lo que ven todos. Pero él lo expresa. Y lo explica sin complejidades. Queda en la superficie que el fútbol argentino adopta las reglas no escritas del mercado. Lo hacen los dirigentes (muchos de ellos con más de 60 años sobre las espaldas) intentando encontrar algún atajo en un técnico recién egresado para revitalizar a un plantel con pocas respuestas.

Esa búsqueda de turgencias juveniles en el rol de entrenadores no deja de ser una superficialidad más en la era de los exhibicionismos. Así se exhiben técnicos jóvenes para interpelar y seducir a los futbolistas y a las audiencias jóvenes.

Quizás el éxito temprano que cosechó Diego Simeone a los 35 años cuando de la noche a la mañana dejó de jugar y pasó a entrenar y salir campeón con Estudiantes en el Apertura de 2006, provocó esta lectura de las circunstancias.

Simeone siguió dirigiendo conquistando algunos títulos y varias frustraciones. Como todo el mundo. Pero quedó instalado en la memoria colectiva que sus logros obedecieron en gran medida al empuje y a la adrenalina que vuelca en cada práctica y en cada partido, como si fuera un signo de la modernidad.

Ese Cholo Simeone vital y en algunas ocasiones desbordado por la dinámica del juego y por el resultado final, se convirtió en una postal del técnico actualizado y sensible a las urgencias de su función.

La foto quedó. Como quedó la otra foto con perfume europeo: Pep Guardiola, a partir del 2008 y con 37 años supo armar como técnico aquel Barcelona demoledor y exquisito que asombró al mundo.

Editar esas dos fotos (la de Simeone y Guardiola) es una tarea muy sencilla. Pero no representan una totalidad. Sería lo mismo que plantear que Claudio Ranieri conduciendo al Leicester a los 64 años también expresa una totalidad.

El fútbol, como tantas otras cosas de la vida, no tiene edad. Menos aún para aquellos que quieren transmitir algo. El tema es si lo saben transmitir. Con pocos años o con muchos años.
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