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19 | 08 | 2016
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Fátima, la peor masacre de la dictadura militar

Marcelo Pensa
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Por Marcelo Pensa


Hoy se cumplen 40 años de uno de los operativos más siniestros del último gobierno de facto: 30 detenidos fueron fusilados y sus cuerpos, dinamitados. Un mensaje macabro y la pista que llega hasta la familia Videla

Fátima, la peor masacre de la dictadura militar
El abrazo del mal: Gallone, condenado a perpetua, consuela a una madre en 1983
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El 19 de agosto de 1976 tuvo lugar la peor matanza de la dictadura militar, conocida como la masacre de Fátima. Las víctimas serían masacradas y expuestas a modo de claro mensaje de lo que le sucedería a quien enfrentara al régimen militar y sus aliados.

El 18 de agosto fueron seleccionados 30 de los detenidos que se hallaban en Seguridad Federal (20 hombres y 10 mujeres), se los drogó y condujo al playón de estacionamiento donde fueron arrojados como si fueran sobre un camión militar.

La tétrica caravana compuesta por el camión que trasladaba a los detenidos y cinco o seis autos de custodia se dirigieron hacia la localidad de Fátima, en Pilar. Allí, helicópteros del Ejército sobrevolaban la zona, mientras vehículos y soldados cortaban la ruta 8.

A la altura del kilómetro 62 de la mencionada ruta, en un camino de tierra, los vehículos detuvieron la marcha, bajaron a los moribundos, les dispararon un tiro a quemarropa y los apilaron sobre una carga de dinamita. A las 4.30 la explosión hizo temblar Fátima.

El sumario policial detalló que tenían las manos atadas por la espalda y los ojos tapados con cinta adhesiva. Las treinta personas presentaban sus cráneos explotados y multifragmentados por balazos producidos a menos de un metro de distancia antes de que sus cadáveres fueran dinamitados en una explosión que esparció los cadáveres en un radio de 30 metros.


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Entre los restos se encontró una tarjeta que decía "30 x 1", que hacía recordar las macabras técnicas nazis (por cada soldado alemán muerto, seleccionaban 30 pobladores del lugar, a quienes les hacían cavar sus propias fosas antes de ejecutarlos) para doblegar la resistencia de las poblaciones europeas.

Pero ¿por qué Fátima fue el lugar elegido para la matanza? La razón era que en Mercedes, donde queda la localidad de Fátima, en esos momentos había una base militar, el Regimiento 6 de Infantería de Mercedes, que fue desactivada en 1992.

La Policía Federal tenía allí una de sus tantas delegaciones, que dependen de la Dirección del Interior... de la Superintendencia de Seguridad Federal.

Otros mencionan que la elección se dirigió a Mercedes porque allí vivieron y fueron enterrados dos de los palotinos que fueron asesinados en la Parroquia de San Patricio en cuyas paredes fue escrita la frase : "Por los camaradas dinamitados de Seguridad Federal...".

Dos de esos monjes habían ejercido en la iglesia mercedina donde comulgaba Videla.

Algunos mencionan que los sacerdotes en razón de ese contacto religioso, habían conocido el secreto mejor guardado de la familia Videla, la existencia de un hijo oculto, diagnosticado como "oligofrénico profundo y epiléptico", que fuera internado desde  pequeño en la Colonia Montes de Oca de Torres, llamada la "Casa de los Locos", vivió durante años en el pabellón 7 y murió en la Colonia.

Y como una gran ironía, un dato aparecido en el libro El dictador, una biografía de Videla escrita por María Seoane y Vicente Muleiro, daba una terrible vuelta de tuerca más sobre el genocidio argentino: Léonie Duquet y su compañera Alice Domon, las monjas francesas secuestradas y asesinadas por la dictadura militar, no sólo eran conocidas de la familia Videla, sino que cuidaron a Alejandro, el tercer hijo con problemas de Videla.

Sólo tres de los imputados estuvieron presentes durante el juicio a los responsables de la Masacre de Fátima: los comisarios inspectores Lapuyol (a) "el francés", que sólo estuvo al final del juicio durante el veredicto; Guillermo Timarchi y Carlos "el Pavo" Gallone.

De los otros, dos habían fallecido ( los comisarios inspectores "Lobo" Marcote y Carlos De La Llave) y uno está prófugo (el "japonés" Martínez). De los tres primeros, dos dijeron que en el momento del suceso se hallaban en Mar del Plata y el restante que debido a un atentado se hallaba recluido en su dormitorio.

Es decir que los máximos jefes de los sectores Operativos y el de Inteligencia (Marcote y Lapujol) y dos de los principales jefes de las brigadas (Timarchi y Gallone) negaron antes y durante el juicio haber estado presentes en el momento en que se realizaba uno de los operativos más trascendentales y sangrientos llevados a cabo por el personal de la superintendencia, que se constituyó en la peor masacre perpetrada por la dictadura militar.

Lapuyole estaba de vacaciones, Gallone estaba en Mar del Plata llevando a su padre a visitar un prostíbulo. Para despegarse de toda culpa dijo que nunca había disparado un tiro. Extraña confesión de uno de los cruzados de la "guerra contra la subversión". Su defensor dijo: "Este proceso es desastroso". Se juzga a "tres chivos expiatorios". A Gallone "por haber estado a los abrazos con las Madres, por evitar que las cagarán a palos, por eso es un traidor de los represores".

Finalmente el martillo de la Justicia cayó sobre Gallone y Lapuyol con sendas prisiones perpetuas. El reo Timarchi, por las dudas, fue absuelto (nos referimos a las dudas que deben resultar a favor del reo conforme al aforismo latino: "in dubio pro reo").

Los abogados defensores de Timarchi festejaron su absolución, saltando como quienes festejan un gol, gritando "¡Vamos todavía!", lo que impulsó a los jueces a denunciarlos ante el Colegio Público de Abogados por considerar el festejo como una "falta de respeto" hacia el tribunal y a los familiares de las víctimas.

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