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Río de Janeiro 2016
22 | 08 | 2016
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Asumir los errores para recuperar el protagonismo

Gabriel Fernández
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Por Gabriel Fernández


El fútbol olímpico argentino, rodeado de desinterés dirigencial, quedó muy lejos de aquella seguidilla dorada de Atenas 2004 y Beijing 2008. Llegó el momento del replanteo y el cambio de mentalidad.

Asumir los errores para recuperar el protagonismo
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Está claro que en el fútbol olímpico habrá que tomar los errores, que en esta experiencia de Río llegaron en su máxima porción desde el plano organizativo, como enseñanza y apuntar a recuperar el protagonismo de cara a la próxima cita.

Darle el valor que realmente tuvieron y tienen aquellos resultados dorados de Atenas 2004 y Beijing 2008 y apostar por una preparación seria y adecuada. Sólo así se podrá para sumar nuevamente prestigio en una disciplina que siempre parece ir separada del espíritu olímpico, pero en la que siempre habrá material como para ser potencia y aspirar al objetivo mayor.

Lo cierto es que, tras la ausencia en Londres 2012, esta participación sin gloria por tierras brasileñas, marca un claro retroceso en el fútbol dentro de un contexto histórico en el que se registran apenas ocho participaciones olímpicas con cuatro podios (a los oros se le suman las medallas de plata de Amsterdam 1928 y Atlanta 1996).

Justamente en Amsterdam arrancó esta reseña de ocho capítulos. Con los goles de Domingo Tarasconi se llegó hasta la final con Uruguay, venía de ser campeón olímpico en 1924, y Argentina se debió conformar con el segundo premio.

Roma 1960 y Tokio 1964, sumaron continuidad pero no buenos resultados y después llegó un período de ausencia hasta Seúl 1988. Bajo la gestión de Carlos Bilardo, con el aura del título mundial conseguido dos años antes en México, con Carlos Pachamé como conductor, Argentina pasó la primera ronda y cayó en cuartos de final a manos de Brasil.

Con cambios reglamentarios que permitieron la inclusión de jugadores profesionales menores de 23 años, Daniel Passarella conformó un equipo muy competitivo para Atlanta 1996, donde se perdió la final con Nigeria sobre el final. Marcelo Bielsa apostó por el objetivo mayor en Atenas 2004 y lo consiguió con un equipo que mostró un alto nivel. Cuatro años más tarde, en Beijing 2008, se repitió la consagración con el equipo de Sergio Batista liderado por Carlos Tevez.

Después llegaron los primeros signos de desinterés en la previa de Londres 2012 y, ya de cara a esta cita, el desorden de una dirigencia sin rumbo y un tiempo de recapacitación.

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