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22 | 08 | 2016
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Las villas albergan a casi 3 millones de personas

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Según los últimos relevamientos, hay 1.834 asentamientos en el 70% del territorio nacional donde viven 532.000 familias de un promedio de cinco integrantes cada una

Las villas albergan a casi 3 millones de personas
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Al menos 2,7 millones de personas viven en la Argentina en casas muy precarias dentro de asentamientos sin energía eléctrica, agua potable ni cloacas, invisibles ante los ojos del Estado durante los últimos 40 años.

Trascendió que hay 1.834 asentamientos en el 70% del territorio nacional donde viven 532.000 familias de un promedio de cinco integrantes, según el relevamiento de Techo, una ONG sin fines de lucro con presencia en toda América Latina.

Casas de chapa de cartón, toldos, barro o material sin terminaciones mínimas configuran islas en el corazón o la periferia de las ciudades más populosas; a cinco minutos del Obelisco, en Cuyo, el norte y el sur, las villas de emergencia no han parado de crecer desde mediados de la década del 70.

Allí la posibilidad de mejorar la vivienda es relegada ante la necesidad de comer y vestir, mientras que no existe planificación ni infraestructura urbana. Además, la ausencia del Estado se hace sentir y en la mayoría de los casos falta organización de los vecinos para alzar la voz.

En los asentamientos, las tomas de tierras chocan con el derecho a la propiedad privada en un devenir histórico que no supo, no pudo o no quiso generar oportunidades para todos.

Las familias, que viven hacinadas y empobrecidas, rechazan el asistencialismo y buscan oportunidades en una sociedad que muchas veces las discrimina, las empuja al aislamiento y las saquea con inflación y desigualdad.

Sólo el 4% de los créditos del sistema financiero son hipotecarios y la oferta demanda requisitos imposibles, ya que impone tasas impagables (ajustadas por inflación) en una economía con el 40% del empleo no registrado.

El Estado llegó hace unos años con algunas urbanizaciones como ocurrió con la Villa Palito, en La Matanza, y planes distributivos como la Asignación Universal por Hijo y Progresar, que ayudan en sus estudios a un millón de jóvenes de entre 18 y 24 años que no trabajan o lo hacen informalmente.

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Pero el acceso al mercado laboral con salarios que superen a la canasta básica es dificultoso, mientras la economía se sigue concentrando y no se observan cambios estructurales para superar definitivamente esta situación.

A esos asentamientos llegan todos los días los voluntarios de Techo, que ya construyeron 11 mil viviendas de emergencia, entregaron 1.600 microcréditos y lograron que casi 3 mil vecinos se gradúen en oficios.

La organización, que desde que llegó al país en 2007 movilizó unos 108 mil voluntarios, releva los asentamientos cada dos años, actualiza su información y la pone a disposición de los gobiernos locales y provinciales.

"Tenemos que comprender que no somos culpables de la pobreza, pero sí claros corresponsables. Sólo la acción social podrá superar este flagelo, sólo cuando el problema está en agenda, el Estado se ve obligado a atenderlo", concluyó Pablo García Lazo, director de la sede Oeste de Techo en Buenos Aires.

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