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Policiales
24 | 08 | 2016
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“Yo puedo hacer lo que quiera, porque soy policía”

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"Voy asumiendo poco a poco que no volveré a caminar”, puntualizó Lucas Cabello en una conmovedora nota que escribió en la revista La Garganta Poderosa, donde relata qué pasó el día en que fue baleado por el policía.

“Yo puedo hacer lo que quiera, porque soy policía”
Foto: La Garganta Poderosa
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El joven que quedó paralítico, entre otras secuelas físicas, al ser baleado por un efectivo de la Policía Metropolitana en un caso de gatillo fácil registrado en noviembre de 2015 en el barrio de La Boca, dio detalles de lo ocurrido y sostuvo que "nunca voy a comprenderlo", en relación a la actitud que tuvo el agente Ricardo Ayala, quien ya fue procesado por la tentativa de homicidio calificado y se encuentra detenido.

A través de la revista La Garganta Poderosa, Lucas Cabello escribió una emotiva carta donde relató los hechos, cuando el metropolicía le pegó tres tiros en la puerta de su casa en la calle Martín Rodríguez al 500, luego de mantener una discusión. Si bien todavía tiene el proyectil en la médula, a la espera de una futura intervención quirúrgica, tuvo una recuperación casi milagrosa, tras estar al borde de la muerte. No obstante, las graves heridas dejaron sus consecuencias, "voy asumiendo poco a poco que no volveré a caminar', puntualizó. Cabello, quien trabajaba como cuidador de autos en un restaurante cercano a su casa, contó por primera vez lo sucedido aquella tarde del último 9 de noviembre.

"Estaba con mi hija y su mamá, Camila. Aquella vez, como otra, no teníamos comida. Y entonces fui a la panadería de la esquina, porque tengo la mejor onda con la panadera, pero al salir, el oficial Ayala estaba parado en la puerta de una casa vecina, donde había una consigna familiar por un conflicto entre dos personas. No era siempre un mismo policía. Me miró de arriba abajo. Le pregunté '¿Qué pasaba?'. Me respondió: 'Nada, andá'.

'Cuando salí, lo volví a ver y cruzamos miradas, pero no nos dijimos nada. Seguía parado en el mismo lugar y cuando estaba por entrar a mi casa, me advirtió: 'Cuidado, ojo con lo que vas a hacer'. No me quedé callado: '¿Vos estás loco?', le respondí. Y empezamos a discutir, subiendo el tono, porque yo no estaba dispuesto a dejarme humillar así', precisó, agregando que "yo puedo hacer lo que quiera, porque soy policía', me dijo. Y yo le contesté otra vez: 'Si vos fueras policía, estarías en la calle corriendo a los chorros, no metido en una casa, jugando a la play'. Yo lo sabía porque solía visitar a mi vecino, para comer unas pizzas o tomar un Gancia. 'Callate, callate y metete adentro'.


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'Para mí, la discusión terminó ahí. Para él, no. Entré al pasillo de mi casa y, al llegar al hall, escuché un paso fuerte en el escalón de la puerta. Di media vuelta y Ayala me estaba apuntando en la cara. No me dijo ni una palabra. Tiró. Sentí la bala penetrándome la pera. Y los oídos me empezaron a zumbar. Fuerte, muy fuerte. Cada vez más fuerte, como si mi cabeza estuviera a punto de estallar. Caí y me golpeé el cráneo contra el piso. Por unos segundos, sólo escuché un 'i' continuo en mis oídos. Y después no sentí nada más. No puedo sacarme de la mente el recuerdo del arma cuando martilla, en ese movimiento que hace para adelante y para atrás, como se ve en las películas. Ya estaba en el piso, el policía se me acercó y me efectuó otros dos disparos. Camila salió del departamento y me levantó. Mi hermana le pidió ayuda al mismo tipo que me había disparado. ¿Qué se iba a imaginar cómo me acababa de fusilar?', detalló en la publicación de La Garganta Poderosa, que rápidamente se viralizó en las redes sociales. Han pasado nueve meses, pero Lucas Cabellos afirma que "nunca voy a comprenderlo, no me entra en la cabeza. Yo jamás le tiraría a una persona, y menos estando en el piso. Si hubiera querido llevarme en cana, me hubiese pegado un tiro en la pierna. Pero no, quería matarme". Y sobre su recuperación, luego de estar internado en el Hospital Argerich y en una clínica privada de Palermo, dijo "todavía tengo esa bala acá, alojada en la médula. Hay riesgo si se opera y, así, la bala está encapsulada. Tal vez, una vez que me saquen la traqueotomía, me coloquen una plaquetita para fijar dos vértebras fracturadas, pero eso llevará tiempo, porque no tengo fuerza ni para toser...Y a veces, me falta el aire.'Ahora me espera una vida muy diferente. Desde el 1 de diciembre estoy en la clínica de rehabilitación Ciarec, ganando un poco más de independencia, a fuerza de ejercicios y terapia ocupacional. Pude volver a escribir y dibujé para mi hija con la mano derecha, a pesar de ser zurdo. Quiero recuperarme tanto como se pueda y por eso trabajo día a día para mantener el torso, mover las manos y fortalecer mis brazos. Quiero hacerle upa, otra vez. Voy asumiendo, poco a poco, que no volveré a caminar.', concluyó.


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