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Política
28 | 08 | 2016
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La economía vive el peor momento desde el inicio de la era macrista

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Los empresarios admiten en privado cierta desazón por una economía que no arranca y problemas en la gestión que no esperaban. Completa el cuadro un clima social espeso; pero por suerte para el gobierno, el kirchnerismo duro le da una mano.

La economía vive el peor momento desde el inicio de la era macrista
Foto: NA.
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No es el segundo semestre que esperaba y pregonaba el gobierno. Sus funcionarios se han hecho a la idea de que la situación está más próxima a aquella imagen que graficó la vicepresidente Gabriela Michetti respecto de "la luz al final del túnel", que al optimismo decidido que sugerían otros miembros de Cambiemos.

Con todo, si un lujo no puede darse el oficialismo es permitir que la sensación de desazón se extienda, y ese objetivo tuvo la reunión de referentes del PRO el viernes en San Juan, donde la conducción bajó línea y llamó a redoblar el contacto con la gente.

Allí no estuvieron todos, de hecho no asistió el Presidente. Tampoco lo hicieron María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, por problemas con los vuelos. La primera fue elogiada por Jaime Durán Barba -que sí participó, con papel destacado-, quien la definió como "la persona más carismática de la política argentina"; algo que más allá de su veracidad muchos interpretaron como un mensaje a Marcos Peña, el organizador de la cumbre partidaria. Sí estuvo el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien deslizó el único anuncio optimista de la jornada: "Agosto va a ser uno de los meses con inflación más baja de los últimos 10 años", anticipó, con datos concretos suministrados por el INDEC.

Precisamente el organismo que conduce Jorge Todesca anunció la última semana los primeros datos sobre ocupación laboral desde la restructuración encarada por este gobierno, situando el desempleo en 9,3%. Una cifra que llevó a los voceros kirchneristas a vociferar sobre un incremento desmedido de la desocupación, al compararlo con el 5,9% que para el tercer trimestre de 2015 proclamó el viejo INDEC.

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El gobierno refutó esa afirmación recordando el descalabro estadístico de la era K, y en rigor la trampa estadística consistía en una reducción artificial de la tasa de actividad que generaba un porcentaje menor de desocupados. La ausencia de datos confiables impide una comparación real, pero todos los análisis coinciden en que los nuevos desocupados en el primer semestre de 2016 superarían los 200 mil. Un número contundente para tan breve tiempo.

Como Frigerio, Marcos Peña puso énfasis en su informe a la Cámara de Diputados en que "la inflación viene bajando", como único dato auspicioso del segundo semestre. Admitió en cambio que el país "está en recesión", e indicó que para este año el gobierno estima que la economía caerá un 1%. Y para recordar como siempre de dónde venimos, deslizó: "Aspiramos a que sea una recesión más corta y menos profunda que la de 2014".

El día anterior, el INDEC también había difundido un dato negativo, al confirmar que la actividad económica cayó en junio un 4,3%, la baja más fuerte desde agosto de 2014.

Ese cúmulo de información marca claramente entonces que la economía está en el peor momento de la era Macri, y ese clima se advirtió esta última semana en el Consejo de las Américas, donde por primera vez durante el actual gobierno se notó que los empresarios comenzaron a privilegiar la cautela. Si bien ratifican que mantienen el optimismo, en charlas privadas confiesan cierta decepción porque "la economía no arranca', y todavía no hay señales que permitan avizorar los primeros signos de reactivación. "La luz al final del túnel" de la que habló Michetti. En este marco pegó fuerte el sonoro traspié que le infligió al gobierno el fallo de la Corte Suprema la semana anterior, que como dijimos marcó un punto de inflexión para esta administración. No fueron pocos los empresarios que cambiaron entonces la manera de mirar al gobierno, como si la prueba de su falibilidad ameritara una pérdida de aquella confianza que se había ganado no sólo con la victoria electoral, sino también con la manera como resolvió la salida del cepo, el acuerdo con los holdouts y un Congreso nacional adverso.

Hay fastidio porque el gobierno ha consumido nueve meses de gestión sin poder resolver el principal objetivo que se trazó para reducir el gasto: actualizar las tarifas, reduciendo subsidios. Por el contrario, el tema volvió a fojas cero en cuanto al gas, y lo hará también con el servicio eléctrico.

Pudo haber hecho las audiencias públicas correspondientes en el mes de febrero, cuando buena parte de los usuarios estaba de vacaciones, la imagen presidencial bien alta y la herencia fresca. Pero más que nada, cuando como noticia hubiera pasado casi desapercibida. ¿Cuántos recuerdan la única audiencia pública que allá lejos y hace tiempo la administración kirchnerista convocó para alguno de los servicios? Fue en una carpa instalada cerca de la General Paz, a la que concurrió poco más de medio centenar de personas y no más de cuatro periodistas.

Por el contrario, ahora tendrá toda la atención de los medios y el interés de la gente; pero sobre todo, le brindará a la oposición un escenario impensado para hacer un verdadero show contra el gobierno. Asistirán por supuesto asociaciones de usuarios, pero sobre todo organizaciones sociales que se despacharán a gusto contra esta administración. No alcanzará un día entero para semejante desfile. Tal vez eso le venga bien al gobierno: el exceso y la sobreactuación genera confusión; aunque cuanto antes termine todo mejor.

Eso sí, deberá rehacer las tarifas, pues ya no es viable que después de todo lo que pasó insista con el mismo aumento. En su visita al Congreso, el jefe de Gabinete confirmó que se trabaja en un nuevo cuadro tarifario para aplicar luego de las audiencias.

Créase o no, por aquello de que "no hay mal que por bien no venga", hay en Cambiemos quienes celebran lo que sucedió con las tarifas. Son aquellos que privilegian el papel de la política por sobre los técnicos y el marketing. Piensan que este traspié podría llevar a Macri a "recalcular" la dirección que hasta ahora le ha dado a su administración y el privilegio que le asignó al jefe de Gabinete y sus vices, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. También, dicen, sirvió para descomprimir una situación social que amenazaba con desbordar.

El clima social es precisamente lo que más preocupa al macrismo, atizado por el sinnúmero de amenazas que se han centrado en los gobiernos nacional y bonaerense. Aunque estiman que los orígenes de las mismas son en general disímiles, lo consideran parte de un plan sistemático destinado a esmerilar a esta administración. No anduvo con vueltas Rogelio Frigerio el viernes al acusar a un sector de la dirigencia kirchnerista de impulsar el deseo de que "Macri se vaya con su gobierno cuanto antes".

Un operador de Cambiemos enumeró ante este medio una serie de elementos que sólo la última semana formarían parte de ese objetivo: las amenazas de bomba; los incidentes en la autopista Buenos Aires-La Plata; la convocatoria a la gente a Plaza de Mayo anticipándoles que les regalarían frutas; y hasta la toma de terrenos en Moreno, aunque este último hecho hay quienes lo atribuyeron al exintendente Mariano West, con el objeto de afectar al intendente actual, Mariano Festa.

El bloque kirchnerista en Diputados -muy activo ante los micrófonos, aunque poco efectivo a nivel legislativo- trata de hacer su aporte. Cuando Macri habla de palos en la rueda, es en los primeros que piensa. Ni bien salió el fallo de la Corte, anunciaron que insistirían en tratar de derogar los aumentos, y tras convocar el gobierno a audiencia pública, anticiparon en conferencia de prensa que tratarían de impugnarla. Después, buena parte de sus miembros se ocuparon de ponerle el cuerpo a la Marcha de la Resistencia que cobró vida nuevamente tras una década sin realizarse, por considerar Hebe de Bonafini que "'el enemigo ha vuelto a instalarse en la Casa de Gobierno". La consigna convocante fue "Por el derecho a trabajar. Resistir sin descansar", rematado con el lema "Cristina Conducción", con el que Bonafini terminó de partidizar a las Madres de Plaza de Mayo.

Un "aporte" que sumado a la presencia estelar de Máximo Kirchner en el cierre del evento, le brindó una bocanada de aire al gobierno, que festeja cada vez que el kirchnerismo duro se exhibe de esa manera.

Es un servicio que no dejan de brindarle a Cambiemos: cada vez que esta administración está en problemas, el cristinismo duro se ocupa de refrescar en la memoria el pasado reciente al que una mayoría votó en contra hace menos de un año.

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