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Fútbol
29 | 08 | 2016
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La cancha interna de Bauza

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


En la inminencia del debut de Edgardo Bauza como técnico de la Selección nacional frente a Uruguay, queda en primer plano algo más sustancial que sus preferencias tácticas. Es lo que él Patón considera que tiene como gran valor agregado: su capacidad para saber convencer a un plantel en pocos días.

La cancha interna de Bauza
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Dice Edgardo Bauza que está a full las 24 horas del día. Que no para nunca. Que el celular le suena sin pausas y que por momentos tiene que apagarlo. Que el nombramiento como entrenador de Argentina a los 58 años le cambió la vida. Y le cambió también todas las rutinas. Dice lo previsible en estos casos cuando a un técnico se le cruza el enorme desafío de conducir a la Selección nacional.

¿Qué puede darle el Patón Bauza a la Selección? La pregunta también se la debe estar formulando él en las vísperas de dirigir al equipo este jueves ante Uruguay en Mendoza y el martes 6 frente a Venezuela en Mérida.

No es Bauza un hombre entregado por completo a las grandes pasiones que despierta la táctica. Como por ejemplo lo fue siempre Carlos Bilardo. Y lo es el Cholo Simeone. O también lo fue Carlos Timoteo Griguol, a quien Bauza coloca en un altar desde que lo dirigió en Rosario Central y lo hizo debutar en Primera en el Nacional de 1977.

Pero aunque no declara una subordinación extrema a los sistemas reconoce que pueden tener una influencia decisiva en el rumbo de los partidos. Quizás por eso cuando la prensa le pidió un adelanto futbolístico ante la inminencia del cruce contra Uruguay, su respuesta abrazó un dibujo táctico: "Y puede andar por un 4-2-3-1". Lo que sin nombres propios no define absolutamente nada.
 
Porque el fútbol son nombres propios. Sin ellos no hay ningún punto de partida, salvo que se considere al pizarrón como un laboratorio virtual. Bauza después le puso apellidos a esos casilleros. Con Mascherano y Banega o Augusto Fernández o Biglia  en el medio. En tres cuartos con Messi, Dybala y Di María y bien de punta, Pratto, en la función que venía cumpliendo el vapuleado Higuaín (muy cuestionado y resistido en la Argentina y muy valorado en Europa), fuera de la convocatoria para estos dos partidos por Eliminatorias.

"Tengo mucho más tiempo para hablar que para entrenar a los jugadores y a eso me voy a dedicar", afirmó Bauza en los últimos días. No se equivoca. Solo tiene tiempo para explicar la idea que va a proponer. Pero esta dificultad objetiva no lo altera ni le preocupa en exceso. En esa mochila imaginaria que le sirve para proteger su autoestima, conserva algo de lo que se enorgullece: capacidad o química para convencer rápido.

"Los técnicos no nos sacamos grandes diferencias -suele comentar-. Todos sabemos lo que hay que hacer para ponernos al frente de un equipo, para entrenar a un plantel,  para diagramar algunos movimientos tácticos y para desarrollar una estrategia. En lo que somos distintos es en la forma que tenemos de comunicar lo que queremos. Y como le llegamos a los jugadores. Qué tipo de herramientas tenemos para convencerlos".

En este plano muy específico, Bauza siente que durante su carrera, primero como jugador y después como técnico, fue adquiriendo fortalezas no demasiado extendidas. Por eso fue a buscarlo a Messi a Cataluña para provocar un encuentro cara a cara sin tener certezas previas respecto al resultado que arrojaría la charla. Sabía Bauza que si tenía esa posibilidad de dialogar con Messi casi durante dos horas (también participó Mascherano), el regreso del astro argentino a la Selección iba a concretarse como finalmente se concretó.

Ese Bauza sereno y confiado para protagonizar un ida y vuelta con el paraguas del fútbol como primera opción revela el perfil de un tipo al que le seduce cultivar la palabra. Y que se somete con gusto a ese rito de los medios tonos, los silencios cortos, las sonrisas que siempre dejan algo en el aire, las buenas complicidades y las frases que muchísimas veces es mejor que no salgan de ahí. Porque pertenecen al mundo de la privacidad tan vulnerada en estos tiempos de grandes exhibicionismos y grandes exhibicionistas.

Se le adivina a Bauza esa muñeca y ese pulso. O esa flexibilidad para relacionarse con el que tiene enfrente. Si tiene que putear, putea. Si tiene que ser más formal y cortés, adopta ese rasgo. Si tiene que ser solemne y cauteloso, lo es. El tema será comprobar si esa cancha interna que acredita también la puede proyectar sin grandes complejidades a la cancha real de 105 metros por 70. Porque ahí siempre está la verdad. La del juego con y sin la pelota.

Bilardo decía que su Selección para funcionar precisaba por lo menos 80 entrenamientos. Bauza va a disponer, de máxima, 2 o 3 prácticas light antes de su debut frente a Uruguay. Deberá apelar a su sensibilidad para elegir las palabras justas en el momento más adecuado. Para convencer de algo, en definitiva. Más allá de cualquier sistema.

Como diría Jorge Valdano: "Un equipo es un estado de ánimo". Aquel que conduce lo ve día a día. Para bien y para mal. El Patón Bauza, sin citar a Valdano, seguro que lo debe confirmar.
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