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Fútbol
30 | 08 | 2016
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Mirando a Mascherano

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


En las horas previas al partido de la Selección frente a Uruguay, en Mendoza, el Patón Bauza continúa reivindicando la búsqueda del “equilibrio”. Un protagonista de ese “equilibrio” siempre ha sido Mascherano. Su posición en la cancha (más retrasado o más adelantado) determinará la postura estratégica de Argentina.

 Mirando a Mascherano
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En la vigilia del cruce por Eliminatorias ante Uruguay, en Mendoza, habla de "equilibrio" Edgardo Bauza. Y sostiene una y otra vez que la Selección tiene que cultivar el "equilibrio". Saber defender y saber atacar. Nada sorprendente. Nada que no sepamos. El fútbol siempre contempló esas dos facetas. No hay un equipo que ataque bien y defienda mal que pueda ser considerado un buen equipo. Como no hay un equipo que defienda bien y ataque mal que pueda ser considerado un buen equipo.

El "equilibrio" a conquistar que invoca el Patón Bauza siempre estuvo incorporado a la lógica y la dinámica del fútbol de todos los tiempos. ¿Y entonces por qué convoca a la curiosidad que el técnico de la Selección se refiera al "equilibrio" como si fuese una nueva consigna táctica?

La razón es que el fundamento del equilibrio futbolístico está emparentado con la especulación. Cuando un entrenador pide equilibrio parece que además estuviera pidiendo control en las incursiones ofensivas y una severa variedad de precauciones para respaldarse de mitad de campo hacia atrás. ¿Pero es así realmente? ¿O es que la palabra "equilibrio" en el fútbol terminó desdibujando su contenido?

"El supuesto equilibrio exige más jugadores de contención que creativos"
, dijo hace unos años el Flaco Menotti. ¿De qué hablaba Menotti? En particular criticaba la constitución del doble cinco, con dos jugadores de características de recuperación. Ese doble cinco hasta puede definir el perfil y la estructura de un equipo.

La Selección viene jugando con doble cinco hace varios años. Y Bauza lo seguirá planteando. Con Mascherano y Biglia como primera alternativa. O Mascherano y  Banega o Augusto Fernández. Aquel que acompañe a Mascherano en esa función también va a darle un relieve diferente al equipo. Es más defensivo Biglia, aunque sabe tocar y asociarse en el medio y en tres  cuartos. Tiene pase y circulación ofensiva Banega. Y Augusto Fernández es decididamente vertical. Va a buscar la pelota profunda porque forma parte de su convicción. 

Antes que el "equilibrio" la Selección tiene que encontrar el funcionamiento. Porque el funcionamiento, más allá de ser la marca registrada de cualquier equipo, es la suma de las virtudes colectivas. Entre ellas el "equilibrio" que promueve Bauza para ir construyendo la identidad de la Selección.

Pep Guardiola suele decir que "si el equipo defiende mal es porque está atacando mal". La frase del catalán es contracultural. Lo usual es sostener que "si un equipo defiende mal es porque toma mal las marcas y se desprotege".

El actual técnico del Manchester City habla de atacar bien para defender bien. ¿Qué sería atacar bien? Atacar en bloque. Ganando los espacios. Imponiendo superioridad numérica efectiva en sectores vitales. Juntar al equipo, en definitiva para fortalecerlo. Y juntarlo en el pressing alto o en el retroceso organizado cuando se pierde la pelota.

Un equipo largo hace todo mal. Ataca mal, recupera mal y defiende mal. Se quiebra. En las oportunidades en que la Selección naufragó fue cuando se estiró en la cancha. Cuando dejó a Messi a merced de 3, 4 o 5 adversarios para que resolviera en soledad. Fue cuando segmentó sus líneas. Cuando se fragmentó, intentando desde una interpretación fallida ser más fuerte y sólido en el fondo. Y terminó siendo más débil y vulnerable.

Lo que pretende naturalizar Bauza es que los que vayan, también vengan y los que vienen, también vayan. No es un simple juego de palabras. Para hacerlo sin que nadie se inmole en piques de ida y vuelta que queman piernas y oxigeno, hay que reivindicar un concepto que ha sido muy bastardeado en el fútbol argentino por su vinculación con Menotti: achicar. Sin achique, por una cuestión de superficie, (los 105 metros por 70 de una cancha) ningún jugador puede afrontar un ida y vuelta permanente. Por eso es imprescindible reducir los recorridos. Y se reducen achicando. 

¿Qué va a proponer Bauza frente a Uruguay para encontrar el "equilibrio" que busca y para que Messi (en el caso que juegue, ya que acusa una lesión en el pubis) no quede colgado arriba sin las compañías que necesita para descargar la pelota a los espacios? ¿O para recibir una buena habilitación?

La posición de Mascherano lo va a determinar. Según en qué lugar de la cancha se pare Mascherano, jugará Argentina. Más atrás o más arriba. Los movimientos de un  volante central (Mascherano lo es aunque tenga un compañero eventual que lo auxilie) denuncian las verdaderas intenciones de un equipo. Y del técnico que conduce a ese equipo.

Por eso mirarlo a él en el arranque del partido, revelará la postura estratégica de la Selección. Y la idea de Bauza para capturar el bendito "equilibrio".      
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