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07 | 09 | 2016
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El amor por la música, siempre a flor de piel

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El amor por el ritmo nació en su casa. Gilda siempre tuvo padres que la acompañaron para cumplir su sueños.

El amor por la música, siempre a flor de piel
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Gilda nació el 11 de octubre de 1961 en el barrio porteño de Villa Devoto en un hogar de clase trabajadora. Sus padres, Omar Bianchi e Isabel Scioli de Bianchi, quisieron llamarla Gilda, como el entrañable personaje que popularizó Rita Hayworth en su película de 1946, pero ante la imposibilidad de poder llamarla así a raíz de las leyes vigentes por aquellos años, decidieron llamarla Miriam Alejandra.

Desde su infancia, siempre su amor por la música estuvo a flor de piel, por lo cual a partir de los 5 años, su madre para estimular sus marcadas inquietudes artísticas la llevaba a clases particulares de canto y de danza clásica. Cuentan que muchos vecinos se quejaban ya que la hija de Tita, como llamaban a su madre todos en el barrio, cantaba canciones de Violeta Rivas y de Palito Ortega a viva voz desde que se levantaba bien temprano por la mañana. En sus primeros años de edad, Gilda no tenía muchos amigos en el barrio y tampoco en el colegio debido a su marcada timidez, pero siempre se la veía acompañada de Juan Carlos Toti Giménez, otro chico de su misma edad con quien compartía largas tardes jugando en la calle, y quien sería muy importante en su vida años más tarde, afectivamente hablando.

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Cuando Gilda cumplió 10 años, su padre Omar quedó hemipléjico por una fuerte enfermedad, lo cual la obliga a tener que conocer el mundo laboral desde muy chica, pero a pesar de trabajar y tener que ayudar a su madre en casa, nunca quiso abandonar los estudios, porque era una muy buena alumna y además, porque aprovechaba los actos y las fiestas escolares para poder cantar.

Luego de muchos años de sufrimiento, en el año 1977, su padre muere en su casa de Villa Devoto, y a pesar de que los problemas económicos comenzaban a ser cada vez más asfixiantes, decidió empezar clases de actuación con Norman Briski y Lito Cruz, lo que le facilitó poder ingresar como actriz de reparto en el Teatro Nacional Cervantes con un grupo independiente.

A los 18 años y luego de 3 años de noviazgo, Gilda decide partir de su casa casándose con Raúl Magnín, un pequeño empresario, con quien tuvo dos hijos, Mariela y Fabricio, que fueron sus luces y por quienes luchó incansablemente a lo largo de su vida.

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Si bien sus primeros estudios formales fueron orientados hacia la educación, en principio cursando el profesorado de Educación Física y luego concluyendo su etapa educativa con la culminación del magisterio, siempre estuvo presente en ella la luz que iba a guiar a su vocación a lo largo de su corta vida, el canto.

Siempre participaba en las fiestas y los actos de los colegios donde trabajaba, y allí despuntaba el vicio del canto, hasta que a los 27 años se encuentra en uno de sus habituales viajes en colectivo con Toti Giménez, su antiguo amigo de la infancia, que pertenecía al grupo comandado por Riki Maravilla.

Gilda lo invita a una fiesta organizada por el colegio en la cual ella imitaría a Gladys, la Bomba Tucumana, y es allí donde dicen que Giménez quedó enamorado y embelesado no sólo de la voz, sino también del carisma y el manejo de escenario que tenía Gilda, a pesar de nunca haber actuado.

En sus primeros tiempos conocida por su nombre real de Miriam, aquí comienza una etapa de dudas y miedos, ya que Toti Giménez insiste en contactarla con empresarios de la movida tropical para poder lanzarla como una nueva voz femenina en un ambiente en el cual abundaban los hombres, y ella debía decidir si continuar su profesión de maestra o dedicarse de lleno a su verdadera vocación.


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