viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Viva la pesca
08 | 09 | 2016
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Pejerreyes “al vuelo” en la coqueta Villa Carlos Paz

Wilmar Merino
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Por Wilmar Merino


Haciendo uso de técnicas de pesca locales y con una guiada muy satisfactoria, hicimos una pesca eficaz y divertida navegando poco. Un ámbito ideal para disfrutarlo con la familia por la abundancia de ejemplares.

Pejerreyes “al vuelo” en la coqueta Villa Carlos Paz
Foto:

Villa Carlos Paz es la postal cordobesa por excelencia. Destino de vacaciones veraniegas o escapadas de fin de semana con fines turísticos, también se ofrece como buen destino pesquero. Pero claro, hay que saber cómo y con quien, porque sus pejes no se regalan. Es por eso que aceptamos la invitación de Germán Gatica, de casa Delfín Pesca, para compartir una salida en el lago y despuntar el vicio con sus astutos pejerreyes que hay que saber ubicar en estos 13 km de agua embalsada que hoy están en muy buena cota.

Partimos en la comodísima lancha tracker del guía a marcha lenta, desde el embarcadero que está frente al casino de Carlos Paz. Con el marco de las sierras chicas, el lago ofrece un paisaje maravilloso.

Usamos finas cañas de 3 a 3,60 metros, con reeles chicos donde colgamos "líneas de vuelo", hechas con un símil paternoster de dos anzuelos, con plomito de tres gramos en la mitad de la madre y profundidad regulada con la boya haciendo tope en un nudo corredizo que se hace sobre el nailon o multi del reel (usan ambos), de modo tal que el flotador corra libre entre el esmerillón que conecta la línea y éste nudo. Las brazoladas que se usan son bien largas, de 80 cm, y se enhebra una mojarra chica por el lomo como cebo. Debe quedar con movilidad para generar ataques.

Ya nos acercamos a nuestro primer destino, la zona de los mimbres. Empezamos a pescar a 12 metros pero teníamos pocos piques, aunque las piezas eran de buen tamaño. Comenzamos a desplegar las cañas en forma de patas de araña sobre las bordas de la embarcación. Cabe destacar que esta pesca no tiene gran exigencia visual, puesto que la única boya que hay que ver permanece a menos de 5 metros del bote, mientras sus brazoladas trabajan a la profundidad elegida, varios metros abajo. La primera media hora no hubo respuestas y me entretuve observando la variedad de boyas que usan los cordobeses para practicar la pesca en aguas embalsadas: finitas tipo lápiz, curvadas, parecidas a los barranquines que usamos en la pesca bonaerense y también de formato paternoster fino y topolino. En cualquier caso más allá de la boya elegida, lo importante es calibrar su peso con el plomo de modo tal que el conjunto trabaje muy al límite de la línea de flotación, ofreciendo mínima resistencia al pez cuando toma.

Finalmente el "gato" procede a una variante interesante: saca la boya del mosquetón conector y deja la línea colgando al lado del bote bajándola unos metros. Concentra la vista en la puntera durante un rato y empieza luego a clavar pejerreyes. Al rato, el guía decide llevarnos a otra zona más rendidora, donde suele hacer excursiones con niños y familias, pues allí el pique suele ser más intenso aunque no siempre de pejerreyes de buena calidad. Mientras ceba unos amargos, guía la tracker hacia el Puente Negro, como volviendo al embarcadero. Trabajamos allí las brazoladas en profundidades de 6 a 9 metros. Y el pique empezó casi de inmediato.

Así, arrancamos pescando muchos pejes de 20 a 25 cm, con unos pocos que pasaban los 30, pero disfrutando de una pesca verdaderamente entretenida. Ocasionalmente metimos pescados de 300 a 400 gramos que rompían el molde, un porte nada desdeñable para este espejo. Y el guía nos contó que cada tanto se dan sorpresas de 800 gramos al kilo, que esta vez no pudimos cobrar. Lo cierto es que hacia mediodía ya estábamos muy satisfechos con la cantidad de piezas cobradas en una pesca divertida e ideal para hacer en familia. Y no se preocupe por los equipos adecuados, el guía los provee y son de excelente calidad. Vaya y disfrute.

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