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Música
11 | 09 | 2016
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Rammstein y Manson: ¡el metal y la oscuridad en su Maximus expresión!

Anuar Peche
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Por Anuar Peche


Pasó el Maximus Festival en el Ciudad del Rock y dejó un saldo de unos casi 30 mil metaleros destrozados de salvaje placer. Los alemanes Rammstein y el loco de Marilyn fueron las grandes bestias de la noche. Pero Disturbed, Bullet For My Valentine, Halestrom, Black Stone Cherry, Hellyeah, Shinedown, Hollywood Undead, Steve´n´ Seagulls y RavenEye; Asspera, Arsénica, Bloodparade y Solar le rompieron la cabeza a todos. ¡Hermoso quilombo!

Rammstein y Manson: ¡el metal y la oscuridad en su Maximus expresión!
Foto: Rammstein  - Santiago Blugermann.

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Rammstein y Manson: ¡el metal y la oscuridad en su Maximus expresión!
Foto: Marilyn Manson - Santiago Blugermann.

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¡Qué bomba de festival! Impecable, amigas y amigos. El Ciudad del Rock (o Parque de la Ciudad para los nostálgicos) repleto de bandones internacionales y un evento calidad internacional; acorde al precio elevado de las entradas, claro. Se podría decir que fue un quilombo de novela, pero de novela de terror, obvio. A lo Lovecraft, o Stephen King o Bram Stoker o Edgar Allan Poe, por nombrar algunos maestros del puño y letra de la oscuridad.

Todas las bandas del Maximus Festival fueron bestiales. Obvio que Rammstein pasó -con buena onda, eh- por arriba al resto. Una máquina nacida para asesinar oídos, y estimularlos tantos para que vuelvan a nacer. Y el excéntrico Marilyn Manson también estuvo ahí en el podio de "rompetodo". Fue otro que dejó sin palabras al Ciudad del Rock.


Igual, así fue todo. Disturbed (tocó demasiados covers para una visita y en un show tan corto!), Bullet For My Valentine, Halestrom, Black Stone Cherry, Hellyeah (la bandaza del tío Vinnie Paul, de Pantera), Shinedown, Hollywood Undead, Steve´n´ Seagulls y RavenEye; y los locales Asspera, Arsénica, Bloodparade y Solar también dejaron literalmente todo y volaron cocos. Fueron setlists cortitos, pero contundentes. 
 
Sonaron del carajo. Como para no, con 84 sistemas de audio distribuidos por el predio. ¡Pimba! Capaz que no iban a sonar hermosas esas 11 horas de distorsión valvular densa. Lo que cualquier humano metalero busca para satisfacer esa sed de machaque, headbanging, pogo y darle movimiento a los átomos. Encima, tres escenarios, patio de cervezas y comidas (por cierto, un caos para comprar), exposiciones locas, y gente "enferma" como uno. Un bardo divino. Aunque suene bizarro y casi obvio: ¡Fue lo Maximus! Ahora sí, después de medio día entero a puro metal que vengan los masajistas. Las cinturas siguen pidiendo por favor...

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En imagen, Rammstein - Santiago Blugermann.

Con la jeta al piso
Qué locura fue lo de Rammstein. Todavía estamos flasheados mal. Con esas caras de colgados, mirando la nada misma; aunque por dentro el cerebro nos regala una progresión de imágenes del día, tarde y noche vivido en el Ciudad. El show de los alemanes, reyes del metal industrial, fue IM-PAC-TAN-TE. 

Los tipos son realmente magníficos para brindar un espectáculo, en todo sentido. Te dejan con la jeta en el piso por el poder incomparable y por esa puesta en escena teatral espeluznantemente perfecta. Maestros totales. Sarpados. Sin palabras para describir lo que vieron los ojos, y sintieron los oídos. O sí, se podría resumir con una cortita que se estira al final: ¡Guauuuuuuuu!

Una tocada con un power no humano. Una escenografía monstruosa, con fuego, mucho fuego, sangre, metal para enriquecer a un país entero. Disfraces, maquillajes, trajes también de metal que despedían más fuego. Ah y fuegos artificiales. Bien explosivo y terrorífico. Una locura perfecta llevada a un escenario. El metal y la oscuridad en su máxima expresión

Rammstein dio -y siempre da- un show que marcó un precedente en el que recibió en la pera y en el pecho todo ese contenido visual y sonoro. Una de esas cosas que -para el que ama estos quilombos hermosos- se agradecen toda la vida.

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Crónica de un asesinato cantado... 

Otra visita del excéntrico  Marilyn Manson sublime. Cada vez que pisa estas tierras, ¡explota! El loco exige rarezas cuando viene y todos hablan de sus pedidos a los productores (Para tocar pidió sí o sí que las paredes y el techo de su habitación sean negras, 2 juegos de mesa de cristalería con 2 platos y 2 juegos de cubiertos de plata; y 2 vasos tamaño tumbler size; 1 espejo iluminado; 1 secador de pelo; plancha de pelo; tetera, licuadora; aire acondicionado portátil, sashimi de atún fresco cubierto con papel film de plástico; 1 Turkey Club sándwic; 24 cervezas en aluminio o botellas de plástico -no vidrio-, 24 botellas de agua de 500 sin etiquetas, y 20 kilos de hielo); pero después el tipo paga a pleno en el escenario. No es un estrellado, ni un rockstar inflado que después no se la banca. 

Es una verdadera estrella. Lo sabe y lo demuestra en cada segundo que está arriba de las tablas. Con el acompañamiento perfecto de una banda del re carajo, Manson la rompe toda, toda. Presencia como pocos y no solo por la pilcha, maquillajes y demás; sino también por cómo camina, flota en el escenario. Y además conserva esa voz salvaje, rota, y esa energía expansiva con la que conquistó a los que veneran la oscuridad. Parafraseando con la peli de Johnny Depp, con Marilyn fue "pánico y locura en el Ciudad del Rock".

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Además de su manía gótica, la quemadura de biblias, los clásicos, y toda la puesta demoníaca, el loco Marilyn también le metió un poco de demagogia sobre el final de su inolvidable performance, cuando peló una camiseta de la selección argentina con, obviamente, el número 10 y el "Manson" en la espalda.

Unos más pulentas que otros

Lo de Rammstein y Manson fue incomparable. Pero antes de los pesos pesados de la noche en el Ciudad del Rock, hubo otros shows bárbaros. Algunos más pulentas, otros un poco menos.Disturbed, con sus casi veinte años de historia, estuvo bueno. Repasaron canciones de "The Sickness" (2000) e "Immortalized" (2015), y algo más.

Pero -para el sentir del que escribe estas líneas- metieron muchos covers: "I Still Haven't Found What I'm Looking for" de U2 (con Lizzy Hale de Halestorm de invitada), "Baba O'Riley" de The Who, "Killing in the Name" de Rage Against The Machine, y un acústico de "The Sound Of Silence" de Simon & Garfunkel. Hubiera estado bueno más temas de ellos, teniendo en cuenta que el setlist era cortina.

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Los galeses Bullet For My Valentine fue otro de los shows esperados, y que se sonó todo. Los que se pegaron al escenario se mataron con "4 Words To Choke Upon", "The Last Fight", "Tears Don't Fall" y "Waking The Demon". Antes que los galeses, sonaron Halestorm (la belleza de Lizzy Hale se canta la vida) y los bestias de Black Stone Cherry, que la rompieron toda. A pesar de estar temprano en la grilla, la gente se prendió fuego con este bandón de la hostia.
También rockeó como loco Hellyeah, grupo del "tío" Vinnie Paul. En su primera visita a la Argentina, la banda el ex baterista de Pantera cumplió con las expectativas generadas. Por cierto: ¡qué lindo verlo a Vinnie de nuevo arriba de los parches! Se nos movió todo...Además, tocaron los animalitos de Hollywood Undead, Shinedown, Steven Seagulls, Raven Eye, y las bandas argentinas Asspera, Solar, Arsénica, y Bloodparade.

Una cosita: las cuatro bandas argentinas que tocaron demostraron que son de calidad internacional. Están completamente a la altura de las extranjeras que sonaron en el Ciudad del Rock. Quizá podrían haber estado más protegidas en la grilla de horarios y no que tengan que tocar al mediodía. Pero el aguante argento, estuvo a pleno igual. Más allá de esto, estuvo increíble todo. ¡Gracias Maximus por este quilombo!

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