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12 | 09 | 2016
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Paralímpicos: los Carlomagno, una herencia de superación

Federico Lamas
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Por Federico Lamas


Son padre e hijo. Los dos, por diferentes razones, compitieron en los Juegos Paralímpicos y siempre trataron de correr sus límites un paso más

Paralímpicos: los Carlomagno, una herencia de superación
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El lazo es especial. No es sólo sanguíneo: el deporte, las ganas y la capacidad de superación son parte de su ADN.  La de los Carlomagno es una familia de deportistas acostumbrada a correr sus límites.  

Son padre e hijo y ambos tienen el orgullo de haber representado al país en los Juegos Paralímpicos. Con la bandera celeste y blanco en alto, Pipo participa de la competencia en Río de Janeiro.

Tiene 23 años,  nació con parálisis cerebral y es nadador. Su discapacidad le dificulta la coordinación en sus piernas. En la Argentina representa a FADEPAC (Federación Argentina de Deportes para Parálisis Cerebral).  En Río competirá en los 100 metros en la especialidad espalda (Clase SB8).  Será su segunda presentación en Brasil, ya que el último fin de semana terminó en la novena posición en la misma especialidad pero en la clase SB7. 

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Pipo empezó a nadar cuando tenía cinco años. Primero como hobbie y después como una actividad más profesional. El despertar de la pasión fue gracias a su papá, Fernando, un múltiple campeón en la disciplina. La herencia de la natación tiene varios capítulos, pero uno especial en Mar del Plata.

En los Juegos Parapanemericanos de 1995 (que no fueron organizados por el Comité Paralímpico de las Américas), la familia compartió un momento especial. Allí Fernando obtuvo varios logros, pero reconoce: "Brasil vino con un equipo B. Eran horribles".

Más allá de las medallas, que valen y cuestan, hay un recuerdo que le quedó grabado: "Cada vez que terminaba una carrera de ese torneo, o la entrada en calor, yo lo agarraba a Pipo y nos metíamos en la misma pileta, en pleno Juegos, y nos íbamos nadando unos metros", recuerda Fernando Carlomagno a DIARIO POPULAR.

Fernando, además, batió el récord panamericano en 400 libres y el récord argentino en 50 y 100.  Su ilusión era llegar a los Juegos de Sidney: "Dejé el alma, dejé todo para llegar. Y cuando me tocó volver por mi actuación me puse a llorar como un pelotudo por no entrar a la final".  

No obstante, la experiencia le sumó para darse cuenta que hay más cosas detrás de un resultado y aconsejó: "Trato de que Pipo entienda que tiene que disfrutar. Es un momento único y maravilloso".

En Río de Janeiro, Pipo tiene la chance nuevamente de competir y, sobre todo, de disfrutar el crecimiento que gestó a base de todo su esfuerzo.

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