viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Viva la pesca
15 | 09 | 2016
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Fiesta de "cocodrilos" en Rosario, donde ya es verano

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A sólo 300 km de Capital la temporada de especies calificadas para pescar con señuelo ya está a pleno. Los dorados se van moviendo y las tarus se afirman día a día, ofreciendo más y mejores emociones al pescador.

Fiesta de cocodrilos en Rosario, donde ya es verano
Foto:

Rosario está separada de Buenos Aires por 300 km de autopista doble mano. Y a solo tres horas de auto, ya podemos dar inicio a la temporada de verano. doradillos y tarariras están picando a pleno en esta hermosa ciudad. Tal es lo que pudimos comprobar con la guía de Lucas Santángelo, verdadero crack local.

Tarariras y dorados desafían el calendario en esta zona, pues desde hace un mes ambas especies vienen picando firmes. Partiendo de una guardería cercana a la cancha de Rosario Central, arrancamos bien temprano armando equipos de bait consistentes en cañas cortas Tech y Shimano, de menos de 6 pies y de 8-17 lbs de resistencia, con reeles tipo 201 cargados con multi de 30 lbs, combos ideales para disfrutar de una pesca menuda pero a la vez también tener capacidad de pelear alguna sorpresa. De entrada, junto a Gustavo Miranda, decidimos aprovechar las primeras horas del día para calentar la muñeca con algunos doradillos, esperando que el sol calentara los ámbitos tarucheros. Fue así que Lucas cruzó el Paraná hacia orilla entrerriana y puso proa a la zona del canal aliviador que va en paralelo a la ruta que une Rosario Victoria. Transitando este curso de agua como vértebra eje, fuimos haciendo paradas en distintos desagües de arroyos y riachos en donde se producían remansos y correderas muy aptas para pescar doradillos. El primero fue una verdadera sorpresa: colgué un señuelo lipless (sin paleta) de mi leader de 30 lbs y solo lo arrojé al agua unos metros para estirar el multifilamento cuando siento un violento ataque de un saltarín doradillo que nos hizo ilusionar con un tira y saque que finalmente no se dio.

Porque el dorado está pero no lo encontramos acardumado como esperábamos, y así, fuimos tocando diversas boquitas de agua logrando unos pocos dorados. "La inundación metió mucho pescado pero ahora está bajando rápido y se están moviendo", concluyó el guía.

Por eso hacia el mediodía ya habíamos pescado y devuelto una decena de piezas, todas entre 1 y 2 kilos y decidimos ir por las taruchas. Cambiamos el equipo por cañas cortas, de 5,6 pies (1,60 mts), ideales para tiros de precisión en espacios reducidos. Desandamos el camino como volviendo a Rosario y nos internamos en una zona de aguas bajas donde dejando la lancha y caminando accedíamos a distintos ámbitos tarucheros.

El guía usó Waders y yo preferí solo botas de vadeo, para ir sintiendo en mi propia piel las zonas de aguas más cálidas donde presumiblemente habría éxito con las boconas. Miranda tuvo éxito en primer término con una rana de látex a la que tuneó con una hélice adelante, cobrando una regia taru de casi 2 kilos. Con la caída del sol y en aguas de no más de 40 cm, encontramos las taruchas amontonadas, siendo frecuente sacar hasta 15 en un radio de 10 metros cuadrados. En mi caso una rata Bad Line amarilla y negra fue mi señuelo del día mientras que a Lucas le anduvo de maravillas una ranita Hoplias de látex bien blando, con la que no erró pique.

Esa hora de taruchas frenéticas y tomando en superficie con la que sueña todo pescador nos despidió en Rosario, sacándonos las ganas de hacer batallas más poderosas después de varios meses seguidos pescando pejerreyes. Lucas cambió de sector y me llamó tras encontrar otra zona rendidora. Muy a mi pesar, pues venía pescando parejo, acudí al llamado y junto al guía cerramos una tarde a puro pique, como si estuviésemos en plena temporada. Rosario está de fiesta. Vaya y disfrute.

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