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Gabriela Pochinki: “Tuve fe y pude ser mamá”

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


La cantante explica que Dios es la guía de su vida. Sobre su maternidad, dice: “Es un antes y un después. Sólo tengo palabras de agradecimiento por este regalo. Ha sido milagroso, impensado y maravilloso"

Gabriela Pochinki: “Tuve fe y pude ser mamá”
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A firma que cada uno es responsable de sus acciones y decisiones. Asegura que Dios es su guía y que mira la vida con ojos optimistas. Le otorga a la familia un rol trascendental y al amor y a la fe un valor esencial. Admite que ser madre fue el regalo más maravilloso que pudo haber recibido. Habla Gabriela Pochinki, una de las artistas argentinas más reconocida en el mundo en el terreno de la lírica.

l ¿Qué distancia existe entre lo que usted quería ser y lo que es?

-Siento que estoy muy cerca de ser lo que quería ser.

l ¿Uno es artífice de su propio destino o cree que nuestro camino está signado y contra eso no se puede hacer nada?

-Pienso que existe un libre albedrío. Una mezcla entre opción y destino. Uno puede cambiar el rumbo sobre la marcha con libertad.

l ¿Somos responsable de nuestras acciones y decisiones?

-Exactamente. Uno elige.

l Hasta la fecha, ¿ha vivido a contramano o se dejó llevar por el impulso de la corriente?


-Siempre voy en favor de la corriente. Dios es la guía. El me conduce. Uno debe estar atento al llamado de Dios. Siempre creo que por algo son las cosas. Todo tiene una razón y un sentido. Dios propone cosas y yo voy en esa dirección.

l ¿Por los caminos de su vida se manejó guiada por la fe o por la razón?

-Me manejé guiada por la fe en un ciento por ciento.

l ¿Diría que uno es lo que hace?

-Considero que somos una combinación entre nuestra esencia, lo que hacemos y las acciones que llevamos adelante que, como dice la Torá, son importantísimas.

l Mira la vida con ojos pesimistas, con ojos optimistas o con ojos realistas?

-Yo soy optimista.

l ¿En todas las circunstancias?

-Así es.

l ¿Aún ante las peores cosas?

-Siempre. Tengo una mirada positiva de la existencia.

l Dígame, ¿qué pasó por su vida sin pena y sin gloria?

-Nada, porque a cada cosa que realizo le adjudico una gran importancia y le doy un valor enorme. Agradezco cada paso que puedo dar.

l A juzgar por su realidad, ¿considera que la vida ha sido justa con usted?

-Sin lugar a dudas. Si dijese otra cosa, mentiría. De hecho, el mejor regalo de la vida que pude pretender lo he tenido este año con el nacimiento de mi bebé. Siento que todo cierra. Es un antes y un después. Sólo tengo palabras de agradecimiento al regalo de Dios que ha sido milagroso, impensado y maravilloso.

l ¿Qué lugar ocupa la familia en su vida?

-El más importante. Nuestra raíz, nuestra descendencia, la sangre, es trascendente. Valoro mucho desde donde vengo y hacia donde voy. Es un valor esencial.

l La fe, ¿mueve montañas?

-Sin duda. Para mi, la fe es todo.

l ¿Y qué montañas mueve la fe?

-Por ejemplo, yo quise ser madre, tuve fe en la posibilidad de mi maternidad y se dio todo.

l ¿Qué enciende su pasión?

-El amor por lo que hago. Al igual que la fe, creo que el amor también mueve montañas.

l ¿Es una persona ambiciosa o se conforma con lo que tiene?


-Voy agradeciendo lo que me llega. No pretendo más. Mi ambición está centrada en el crecimiento, pero soy feliz con lo que tengo. Pienso que ese es el secreto de la felicidad. Uno es rico cuando es feliz con lo que tiene.

l ¿Alguna vez sintió que caminaba por una cuerda floja?

-Muchas veces.

l ¿Cómo es esa sensación?

-Es como estar en el medio del océano y tenés que llegar a orilla. Te diría que es un desafío.

l En esos momentos, ¿qué la mantuvo en equilibrio?


-El deseo de llegar, la idea de que hay que seguir, que no hay que hundirse, que hay que estar en movimiento, que no hay que quedarse, que hay que ir para arriba, nunca para abajo.

l ¿Qué le dice a usted la voz de la experiencia?

-Que hay que ser positivo, que hay que tomar lo bueno de la vida, que hay que saber esperar, que hay que tener paciencia, que hay que intentar minimizar los problemas, por más difíciles que éstos sean, porque es la única manera de no quedarte anclado. La voz de la experiencia me dice que no se trata de llegar, sino de seguir.

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