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Turismo
02 | 10 | 2016
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La Rioja, provocadora de todos los sentidos

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Con una geografía y un clima únicos, La Rioja desarrolla cada vez mejor su materia prima, sumando a esa producción más encantos para el turismo. El desarrollo y la evolución de sus bodegas son el mejor reflejo del crecimiento. Esto amplió el interés de los visitantes y mejoró el paladar de propios y extranjeros.

La Rioja, provocadora de todos los sentidos
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La provincia de La Rioja se distingue, entre muchas otras cosas, por la calidad de sus viñedos y olivares fruto de un clima ideal y de la aptitud de sus suelos, y que se refleja, por ejemplo, en tradicionales emprendimientos que se dedican a la producción y comercialización de vinos y aceitunas.

Al norte de la provincia, la ciudad de Aimogasta es el principal centro de cultivo de una aceituna única en el mundo conocida como variedad Arauco.

Las plantaciones, con su hermosa simetría, se convirtieron en un atractivo turístico para quienes buscan innovar sumando actividades diferentes como conocer de cerca el cultivo de las sabrosas aceitunas.

Esta variedad conocida internacionalmente, bendecida por un clima favorable, se desarrolló en los alrededores de la cabecera departamental. Fácilmente reconocible por su gran tamaño y un sabor peculiar, se las cosecha verdes o maduras -negras- para llevarlas a la mesa, o bien transformarlas en conserva, pasas, salmuera o aceite de oliva.

Con algo más de 15.300 habitantes, además de tener a las plantaciones de olivos como su industria fundamental, Aimogasta poco a poco va atrayendo al turismo que llega para saciar la curiosidad despertada por conocer cómo es el cultivo de la aceituna.

Uno de los clásicos establecimientos es Hilal Hermanos, que con 58 años de existencia es el legado de un emprendimiento familiar que produce aceite de oliva extra virgen a través de un método de extracción artesanal. Un gran molino de piedra que realiza la molienda y la prensada en frío invitan a la curiosidad del turista, así como un galpón antiguo y rústico.

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En cuanto al vino riojano, en la localidad de Aminga, cabecera del departamento de Castro Barros, el turista tiene la posibilidad de visitar una histórica bodega que estuvo 30 años abandonada y que desde 2012 está nuevamente en funcionamiento.

Se trata de la Bodega y Fincas Aminga, que fue en sus orígenes una cooperativa fundada por Juan Domingo Perón con el propósito de regular los vinos de la zona, y que fue reabierta a través del denominado SAPEN (Sociedad Anónima de Participación Estatal Mayoritaria), donde el estado posee el 99% del paquete accionario, y el restante 1% corresponde al empresario Raúl Chacón, socio gerente del establecimiento.

"Es una bodega de hace 70 años que fue una cooperativa fundada por Perón con personas que producían vinos caseros en sus hogares", dijo Chacón, con la amabilidad propia de los habitantes de esta zona del país. La bodega, que produjo 130.000 litros en 2015, trabaja con uvas Bonarda, Malbec, Cabernet y Torrontés en la línea Febrero, un vino joven, fino, que se elabora todo en el mismo año y se saca a la venta al año siguiente. "Lo que resalta un vino joven (de 1 a 3 años) es la fruta, lo liviano. El vino sigue evolucionando en la misma botella", detalló el enólogo de la bodega, Nicolás Rizza.

Dos fincas, una en Pampa de la Viuda, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, y la otra en Pampa del Viento, son los lugares de donde provienen las cepas de uvas y pasas.

Además de Febrero, que ya obtuvo varios premios nacionales en la competencia Vino Sub 30, se presentará Copingo, un blend con uvas Malbec y Bonarda, esta última se utiliza para mejorar otras uvas. Y se logró, por cierto.

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