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05 | 10 | 2016
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Luis Novaresio se prueba el traje de conductor principal

Grisel Coyle
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Por Grisel Coyle


El Periodista debutó este domingo con el ciclo “#DeboDecir” por América TV y en esta nota hace un balance entre su ascendente carrera televisiva y lo que más le importa en la vida: los afectos.

Luis Novaresio se prueba el traje de conductor principal
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Después de años de recorrer distintos roles dentro de la profesión periodística, Luis Novaresio (52) es el capitán de su barco. Desde el domingo 2, en la noches de América 2, el periodista desembarcó con #Debodecir, el nuevo periodístico que competirá mano a mano con Jorge Lanata.

El periodista rosarino va por su primera experiencia como conductor televisivo. Sin embargo, no se puede sacar la timidez de encima. "Tengo un recorrido bastante largo en el laburo. Hace treinta años que trabajo de esto e hice todos los trabajos que se te puedan ocurrir. Hace cinco años que estoy en Buenos Aires, y la tele me parece muy antinatural. Esa cosa de exponerse físicamente, de estar preocupado de cómo uno aparece, gesticula, la radio es maravillosa en ese sentido. Por lo cual, todas las mañanas, antes de empezar el aire, me pregunto qué estoy haciendo ahí. Me lo pregunto todos los días de mi vida. Todos los días me pongo nervioso, estresado, me transpiran las manos, siento que me voy a quedar sin aire", confiesa el comunicador, a modo de introducción.

-Entonces, no es una pose cuando Pamela (David) te propone bailar y no accedés.

-Es rigurosamente verdad. El hecho de que no baile con Pamela es un reflejo de lo que me pasa en la vida, en general. Tengo que agradecer enormemente a Desayuno Americano en particular, especialmente a Pamela, que logró hacerme hacer cosas que para mí eran imposibles. Por ejemplo, caminar y hablar. Pensar y estar de pie. Estaba acostumbrado a estar en un noticiero sentado, mirando a cámara.

-¿Cómo te llevás con el reconocimiento de la gente, en la calle?

-Bien, no soy más que agradecido. Me cae muy mal la gente que trabaja en los medios y se molesta por las consecuencias de la notoriedad. Me parece una pose inentendible. Y hay que entender que, salvo algunas excepciones, Susana (Giménez), Tinelli (Marcelo), Mirtha (Legrand) y Rial (Jorge), que son famosos, nosotros somos apenas notorios. En general, es muy divertido porque la gente es muy cálida. En otro costado, es bastante polémico porque se me acercan para hablar de actualidad y de política. Trato de hablar con la gran mayoría que pueda. Salvo una sola vez que recibí una agresión por una opinión política, el resto, incluso desde el disenso, es sumamente agradable porque cambiás ideas. La grieta está peor que nunca.

-También, incluyó pequeños cambios estéticos...

-Tengo barba desde mis veinte años, más corta, más larga. Lo otro, del cuidado estético vino por añadidura. La tele te emprolija mucho, te "obliga a". Me visten con más cuidado, yo no sé vestirme. El espejo me devuelve una buena imagen.

-¿A qué político, esté o no ejerciendo el poder, le daría un voto de confianza?

-Hay políticos que me resultan muy interesantes: Margarita Stolbizer, Sergio Massa. Dentro del gobierno, el ministro de Educación Esteban Bullrich me parece un tipo fenomenal. Rogelio Frigerio entendió el concepto de hacer política. Esto no significa que compre todo.

"Que artistas opinen de política está bien, la intolerancia no"

"Está peor que el año pasado. Probablemente, porque el resultado de las elecciones ubicó al oficialismo, el gran padre de la grieta. El Kirchnerismo nos va a dejar el peor legado cultural: la intolerancia como un valor. Una cosa es ser intransigente sobre algunas cuestiones, yo lo soy respecto al sistema democrático, los derechos humanos, el derecho a la vida, y otra es ser intolerante. El Kirchnerismo instaló la idea de que no escuchar al otro, está bueno. Esto es tremendo y se padece todo el tiempo. Y hoy se sostiene. Puede tener que ver con el resultado de las elecciones no fue el esperado. También, porque algunos que se han educado con este nuevo oficialismo, entienden que este modo de proceder, funciona".

"¿Qué opino de los artistas que se involucran en política? Me parece muy bien que expresen lo que piensan, que no sea como una condición. Creo que, también, en algunos casos se instaló una suerte de intolerancia. Hablando con Patricia Sosa, me dijo que hay compañeros que no pueden compartir el mismo hotel por el modo que piensan. Esto si es complicado. El pensamiento político no te define totalmente como persona. Es una parte de vos. Podés tener un vínculo afectivo con una persona con la que pienses distinto. De hecho, debería ser así".

"¿Si me suena el teléfono para decirme que no están de acuerdo con lo que informo? Si, y no está mal. A nadie que ejerce una cuota de poder le caen simpático los periodistas, esto es una regla. A semana pasada, estaba haciendo un comentario sobre la economía, nos escribió el presidente Macri, le ofrecí salir al aire y salió. Me pareció un gran gesto ese. Que el Presidente esté escuchando a un periodista, no está de acuerdo, sale, tolera el disenso. El teléfono suena, si muchísimo, está dentro de las reglas del juego, y no me preocupa, no me parece mal. Sí hubo una época en la que sonaba el teléfono para intentar bajar línea o después venía el apriete de quien ejercía ese poder, sobre el medio en el que trabajabas", reconoció el ahora también conductor televisivo.

Detrás del micrófono está "la verdadera vida"

"La verdadera vida está en otra parte, no está en la pantalla de televisión. Y disfruto mucho de la verdadera vida. Tengo mi familia, voy casi todos los fines de semana a Rosario, canso diciendo que soy de allá y estoy orgulloso. Me sirve para encontrarme con los míos, con mis afectos de toda la vida, con los que le importa la nada misma que yo trabaje en la tele. Los afectos son el verdadero cable a tierra. Si te la creés, perdés. Y para eso, tenés que tener buenos afectos al lado tuyo. Que te den un sopapo cuando te creés que porque te llama el presidente para una nota, sos importante. Ellos me dan el sopapo que necesite para caer en la realidad todo el tiempo. De hecho, mi familia van a ser las últimas personas con las que hable antes de salir al aire en el primer programa. Después, voy a dejar el teléfono en un costado para concentrarme en lo que tengo que hacer. Por lo menos, durante los primeros envíos. Más adelante, veremos que va sucediendo", confió el periodista.

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