domingo 4.12.2016 - Actualizado hace
Boxeo
05 | 10 | 2016
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Coliseo oriental

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La victoria de Jonathan Barros en Tokio del lunes pasado, en fallo dividido ante el local Satoshi Hosono, rememora las epopeyas de Nicolino, Pascualito Pérez y Accavallo, pero además nos remonta a grandes sorpresas de la historia, que son testimonio de que todo se puede, aún en la adversidad. Otro batacazo del boxeo argentino en un opaco año.

Coliseo oriental
Jonathan Barros vs Satoshi-Hosono - Foto: www.ringtv.com
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La noticia llegó lejana, e inesperada.

Sin TV, porque desde Tokio no se generó la imagen, el mendocino Jonathan Barros consiguió lo que parecía una quimera a esta altura de su carrera: ganar una eliminatoria mundialista (pluma FIB) al vencer por puntos en fallo dividido (117-111, 116-112 y 113-115, como visitante) al japonés Satoshi Hosono, en el legendario Korakuen Hall del país oriental, y se ganó el derecho de enfrentar al campeón regular, el galés Lee Selby.

Curiosamente, las victorias más resonantes del año en el boxeo argentino fueron tres batacazos. Y  lo que tienen en común es que fueron todas de visitante, dos de ellas masculinas y a través de púgiles que parecían estar de vuelta, como Emanuel Peralta y el "Yoni" Barros, como le dicen en Mendoza.

La otra fue la Bonita Bermúdez, que aquí a veces se desluce, no rinde, y que venía de una victoria discutida en la FAB frente a la formoseña Paola Benavídez. Pero la Bonita es campeona mundial vigente, aunque su triunfo en México ante la azteca Mariana Juárez fue fuera de título.

Barros, en cambio, lo hizo por una eliminatoria, es decir, su triunfo además tuvo relevancia en cuanto a la instancia en juego. Y pese a estar 3º en el ranking, y Hosono 4º, con los dos primeros lugares vacantes, no era ni por asomo el favorito.

Es más; inactivo hace más de 10 meses, Barros estaba más cerca de pelear como relleno de una velada encabezada por otro, que de una eliminatoria mundialista, habida cuenta de que tras la pérdida de su título pluma AMB –que ahora ostenta el bonaerense Jesús Cuellar- ante el panameño Celestino Caballero, cayó en las dos salidas al exterior que tuvo luego, una de ellas por el superpluma FIB, y otra por KOT 8 ante el invicto y ascendente yanqui Mikey García.

¿Por qué este año las victorias importantes de nuestro boxeo las están protagonizando púgiles que no son figuras o promesas? ¿Y por qué de visitante?

Una de las explicaciones es que la falta de competitividad local obliga a emigrar y arriesgar afuera, perdido por perdido, buscando dólares a cambio de logros deportivos, o al menos, privilegiando lo primero por sobre lo segundo. Y en el juego de echar "la falta y el truco", a veces se gana.

Por algo es el año de los batacazos, tanto a nivel internacional como nacional. Hoy en el boxeo casero los que van de punto superan a los que van de banca, aunque luego el fallo no los favorezca en las tarjetas.

Y sin pensarlo, Barros entró en las generales de tal ley, como hace poco le pasó al "Pirata" Emanuel Peralta. Y yendo hacia atrás, como en su momento al propio Maravilla Martínez, que aceptó una pelea en Inglaterra que le llegó de casualidad, a la que se aferró como su último salvavidas.

Barros fue a Japón a comerse al león, sin que el león lo supiera. Y se lo comió, porque tenía más hambre que él.

Lo mismo tendrá que hacer ahora en Gales, en Londres, o seguramente en algún lugar del Reino Unido al que pertenece el campeón Selby, de 23-1-0, 8 KO, quien tiene en su haber cargados a tipos como el Cochulito Montiel y Evgeny Gradovich, entre otros, porque será imposible sacarlo de su rodeo económicamente, y a quien por puntos será difícil vencer de visitante, dado el localismo reinante en la potencia británica.

Pero no hay peor batalla que la que no se libra, y desde que Tyson perdió contra Buster Douglas todo es posible en el mundo del boxeo. Alguna vez, en la más remota historia, ante desorbitados ojos romanos, Ursus le rompió el cuello a un toro en la arena del Coliseo.


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