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Opinión
07 | 10 | 2016
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La debilidad de la Selección

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Las circunstancias que atraviesa la Selección generan muchas dudas a partir de un funcionamiento que no se expresa. La ausencia obligada de Messi multiplica los padecimientos del equipo. En esta oportunidad Perú, como antes lo hizo Venezuela, denunció el rumbo incierto de Argentina y las lecturas erróneas de Bauza.

La debilidad de la Selección
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Es un momento muy complicado para la Selección. No solo por enhebrar su segundo empate consecutivo. Hace un mes, 2-2 contra Venezuela en Mérida. Ahora 2-2 ante Perú en Lima.

Pero la complejidad (¿circunstancial?) que ataca a la Selección que conduce Edgardo Bauza trasciende los resultados, aunque estos últimos resultados lo coloquen en una situación comprometida en la tabla, detrás de Uruguay y Brasil y con las mismas unidades que Ecuador y Colombia.

¿Cuál es el problema central de Argentina, más allá de no poder contar con Messi por encontrarse nuevamente lesionado? El problema es el funcionamiento del equipo. El funcionamiento ausente. La presencia de Messi en el 1-0 frente a Uruguay disimuló en parte ese déficit. Pero no lo ocultó.

Era visible la debilidad que expresaba la Selección. Sin Messi, se manifestó plenamente. La renuncia de Gerardo Martino después de la Copa América Centenario que consagró otra vez a Chile en definición por penales y el arribo de Bauza, aceleró los tiempos del desconcierto.

Porque esta es, precisamente, la imagen que mostró Argentina en Lima durante larguísimos pasajes. La de un equipo desconcertado. Y vulnerable. Incapaz de manejar la pelota. De tenerla. De administrarla. De conservarla. Ni aún cuando estuvo en ventaja en dos oportunidades con los goles de Funes Mori e Higuaín. Falta de experiencia no se le puede endilgar al plantel. Son muchos los jugadores que acreditan experiencia de sobra.

Sin embargo en ningún momento pudo imponer el control estratégico del partido. Siempre dio la impresión que estaba agarrado con alfileres. Y que podía quedarse sin nada si Perú hubiera dispuesto de una dosis superior de precisión en la zona de resolución. Ahí, donde es todo o nada, Perú perdonó.

¿Qué quiso plantear Bauza? Lo que está claro es que aquello que imaginó no se vio. Ni en el primer tiempo ni en el segundo. Como si el equipo denunciara en sus movimientos erráticos, en sus dudas y en sus errores en todas las líneas, que no asimiló el cambio de entrenador. Y en pleno desarrollo de la Eliminatoria este no es un tema para subestimar.

La realidad es que Bauza también aparece encerrado en su tacticismo. De otra manera no se entiende qué función le pidió, por ejemplo, a Dybala. ¿De qué jugó Dybala? ¿De puntero derecho? Bauza señaló que en Instituto lo había observado a Dybala moverse por ese lateral. Y que entonces decidió que jugara por ese sector como suele hacerlo Messi.

Se equivocó Bauza. Le quitó libertad a Dybala. Subordinó sus características al sistema táctico. El sistema no puede estar por encima de los perfiles futbolísticos de un jugador. El perjudicado fue claramente Dybala, que ni participó de ninguna aventura en ataque, hasta que fue reemplazado promediando el complemento por Correa.

La situación que atravesó Dybala quizás logre simbolizar la falta de frescura y soltura que irradió la Selección. Siempre atada. Siempre asfixiada por el ímpetu y los deseos de Perú y por la propia ausencia de iniciativa para salir, tocar y progresar con la pelota.

Fue un equipo quebrado Argentina. Atomizado. Sin conexiones. Sin sociedades. Y sin firmeza colectiva. ¿Por qué no perdió, entonces? Porque en el fútbol, a diferencia del boxeo, no se gana por puntos. En este rubro perdió. En goles empató. Y casi se trae los 3 puntos si Mascherano no se equivoca como se equivocó a minutos del cierre regalándole una pelota profunda a ese estupendo delantero que es Paolo Guerrero, forzando el penal de Funes Mori.

¿Qué le quedó a la Selección como saldo favorable? Muy poco. Casi nada. Un par de días antes del partido, Bauza había comentado: "Lo único que me deja conforme es  ganar". Si Argentina hubiera ganado, habría sido difícil entender y aceptar la conformidad anunciada del técnico. Salvo si la mirada se enfocara exclusivamente en el resultado.

El juego no apareció. La idea para abordar el juego, tampoco. La necesidad de recuperación que demanda la Selección es inmediata, considerando que este martes enfrenta Paraguay en Córdoba y el mes que viene a Brasil allá y a Colombia acá ya con Messi aparentemente de regreso.

En relación a la Copa América Centenario, queda en evidencia que Argentina perdió nivel. Y lo más preocupante es que además perdió a Messi. Los adversarios, por otra parte, lo vienen facturando. Venezuela y Perú pueden dar testimonio.
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