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09 | 10 | 2016
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Cecilia Dopazo: egocéntricos abstenerse

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


Dice que a un hombre le resta encanto “que tenga características femeninas muy exacerbadas y mucho ego”. Confiesa que le cuesta ocuparse del hogar, desde llamar a que arreglen lo que se rompió hasta pensar qué comer. Y no perdona una falta de lealtad de una amiga.

Cecilia Dopazo: egocéntricos abstenerse
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En esta ocasión, la actriz Cecilia Dopazo, quien forma parte del elenco de la obra teatral "Falladas", responde con claridad y con lúcidas dosis de humor a los interrogantes que se le plantearon a lo largo de la siguiente entrevista.

l ¿Mira la vida en blanco y negro?

-No. La miro con todos sus matices.

l Cuando le dicen que no lo intente, ¿obedece o hace caso omiso al consejo?

-Seguramente, ante una cosa muy táctica, como por ejemplo, me deben haber dicho: "No intentes llamar a la Municipalidad para que te saquen ese árbol que se está cayendo, porque no te van a dar bolilla" y, quizá debo haber hecho caso (risas).

l ¿Cómo responde ante la prepotencia?

-Intento no engancharme, entendiendo que la prepotencia del otro no es algo vinculado conmigo, sino un problema del carácter y la personalidad del prepotente.

l ¿Qué se le hace cuesta arriba?

-Todo lo relacionado con el mantenimiento de la casa, como llamar a los distintos gremios o pensar en qué comer. Estoy intentando que esas cuestiones me demanden cada vez menos tiempo y menos energía. En ese sentido, estoy siendo más sabia.

l ¿Es ordenada, prolija y limpia?

-Soy limpia, pero no soy ordenada ni prolija.

l ¿En qué tiene un as bajo la manga?

-En ciertos momentos de la actuación, específicamente en el rubro de comedia.

l ¿Planifica el futuro?

-Por lo general, todo es aquí y ahora. Estoy trabajando sobre este tema, porque me gustaría planear un poco más a largo plazo.

l ¿Cómo se siente cuando le pasan factura?


-Horrible. Detesto eso. Ahí sí que me engancho. Me da mucha bronca. La gente que hace eso me parece despreciable.

l En general, ¿qué activa su emoción?

-Mis hijos.

l ¿Qué le cuesta compartir?

-Depende con quien. No siempre me pasa lo mismo con diferentes personas. Me cuesta compartir mi vida privada. No hacerla pública es también una decisión. De hecho, no lo hago.

l En ese sentido, ¿hasta dónde puede avanzar la prensa?

-Hasta donde yo decido y espero que siga siendo así.

l ¿Quién fija el límite: el conocido o el periodismo?

-En la mayoría de los casos, el límite lo pone la persona pública. Dejar que decida el otro es tirar la pelota afuera.

l ¿Qué le resta encanto a un hombre?


-Que tenga características femeninas muy exacerbadas y que sea muy egocéntrico.

l ¿Es usted una chica barrio, una mujer de country o una muchacha urbana?


-Tengo un poco de cada cosa. Me veo reflejada en todas esas categorías y, a la vez, en ninguna.

l ¿Usted contiene multitudes?


-No tanto. No soy una usina. Creo que todos estamos formados con distintas características. En realidad, es como si tuviera muchas personalidades y voy sacando alguna de ellas según lo que la situación me demanda.

l ¿Qué le resulta bálsamo?

-Charlar con amigas.

l ¿Qué no le perdonaría a una amiga?

-Una traición, una mentira o que se meta con mi pareja.

l ¿Atravesó por alguna situación como la que está narrando?


-Por suerte, no. Si ocurriese, le pondría fin a la amistad.

l ¿En qué se reconoce quejosa?

-En mucho. Soy muy de la boca para afuera. Soy hincha. Me aseguro que los demás se enteren de lo que no me gusta hacer o de lo que no me agrada que me pase. En ese aspecto, soy un plomo. Una vez que lo digo es como que me lo saco de encima y ya está. ¡Pobre gente la que me rodea! (risas).

l Sabiendo que es así, ¿intenta reprimirlo?

-Eso es lo que haría una mujer madura (risas).

l ¿Con qué no se jode?

-No se jode con un montón de cosas. Por ejemplo, para algunos se puede hacer humor con el Holocausto. Para mí, no hay manera de encontrarle gracia a las grandes tragedias. Por más que digan que pasado un tiempo determinado se puede hacer humor con todo, no estoy de acuerdo con eso. Hay cosas puntuales como el Holocausto, la dictadura militar o los desaparecidos, a los que no les puedo encontrar humor.

l Para usted vivir en Argentina, ¿es el purgatorio, el infierno o el paraíso?

-No es ninguna de las tres cosas. No es ni muy, muy, ni tan, tan. Esas son palabras muy fuertes. Me resultaría imposible vivir en otro lugar. Aquí tengo mis raíces, mi familia, mis amigos, mis cosas. Vivir en Argentina me resulta indispensable, más allá de sus virtudes y sus defectos.

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