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Salud
09 | 10 | 2016
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Tres claves para que dejar de fumar no sea imposible

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El tabaco genera adicción y debe reconocerse como tal. Si bien muchos conocen cuáles son las consecuencias físicas de este hábito, su adicción es tan fuerte que a veces les impide dejarlo. Sin embargo, las posibilidades que se abren a partir de su voluntad de cambio son innumerables. Aquí, algunas consideraciones para no perder de vista.

Tres claves para que dejar de fumar no sea imposible
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Según el Ministerio de Salud de la Nación, en nuestro país se estima que 40.000 personas mueren cada año por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco y alrededor de 110 por día. Más allá de la dependencia física que todo adicto tiene, existe una dependencia psicológica mucho más fuerte y difícil de vencer; la adicción al tabaco es mayor a la generada por la cocaína. El tabaquista tiene una triple dependencia: química, psicológica y social. La primera corresponde directamente con la adicción al tabaco, en específico a la nicotina. En el caso de la dependencia psicológica, se trata de algo mucho más complejo, que es la relación del paciente con el objeto. Por último, el aspecto social se relaciona con la aceptación del hábito dado que su consumo es legal.

Según la Licenciada, Liliana Kitay, (MN 3.006) Cuando un fumador decide dejar de fumar emprenderá una lucha consigo mismo. A las pocas horas que deje el tabaco comenzará a desintoxicar su cuerpo, lo que generará ciertos cambios sistémicos claramente visibles. Disminuirá la presión arterial, comienza a normalizarse el monóxido de carbono, mejora el olfato y el aspecto de la piel, sin embargo, aquí también comenzará lo que se conoce como el síndrome de abstinencia. El fumador que deja el tabaco puede experimentar:

Cambios de humor, irritabilidad, ira, depresión, insomnio, menor concentración, mayor apetito, ansiedad. Todos éstos síntomas forman parte del consumo psicoactivo, que es la búsqueda del cuerpo para obtener la droga y el estímulo asociado al consumo que ante la falta de la sustancia, genera estímulos.

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¿Por qué es tan fuerte la adicción psicológica? Porque el fumador traslada la relación sujeto objeto, en donde el cigarrillo pasa a controlarlo completamente. En vez de ser el "sujeto" quien decide cómo y cuándo utiliza al "objeto"; la relación se invierte de tal manera que el cigarrillo pasa a controlarlo. Si los cigarrillos están ahí el tabaquista los fumará y buscará las ocasiones y momentos para poder hacerlo. El cigarrillo comienza a ser parte de "su ser", si deja de fumar puede tener el miedo de "dejar de ser", no logra imaginarse sin ellos porque estuvieron ahí en cada aspecto que los necesitó, se volvieron parte de su identidad y su ser. El tabaquista relaciona al cigarrillo con la personalidad, la familia, las costumbres o el trabajo. Para esta persona toda situación que involucre estrés, toma de decisiones, angustia, frustración, felicidad o aburrimiento; es buena para fumar. Todos estos aspectos son los que el tabaquista debe resolver y que pueden llevarlo a caer. No sólo debe racionalizar el hecho de que el tabaco es completamente nocivo para su salud, sino que debe dejar esa parte de su personalidad e intentar crearla sin un cigarrillo.

Etapas para dejar de fumar:

1- Negación: el tabaquista es consciente de los daños del cigarrillo pero no puede dejarlo. Quiere y no quiere, fantasea con controlar su consumo o cree que nada le pasará. Es necesario que el paciente resuelva estas cuestiones, que evalúe los beneficios de dejarlo frente a los de seguir con la adicción y logre que éstos le ganen a los deseos.

2- Contemplación: el fumador empieza a coquetear con la idea de dejar el hábito. Los pros que tendrá en su salud ganan sobre las ganas de seguir fumando y comienza a planificar como iniciará el tratamiento. -Llevar un registro (Técnica de autoconocimiento): debe anotar cada cigarrillo que se fuma, a qué hora, en que situación, cuál fue el sentimiento que lo llevo a fumar y marcar cuantitativamente el grado de deseo. En complemento, debe hacer de su hogar un espacio libre de humo e incomodarse para saciar sus ganas. Cuando el tabaquista logre racionalizar su hábito, podrá pasar a la etapa de acción y elegir el "Día D".

3- Acción: ser conciente que una sola pitada es volver a fumar. Luego se pasará a la de mantenimiento, en donde se va perdiendo el deseo de fumar, para finalizar en la de terminación, en donde ya no hay deseos frente a un estímulo. El paciente no tiene que deprimirse si tiene una recaída, es normal en cualquier adicción pasar por esta etapa. Lo importante es no retomarlo y continuar en la senda de dejar de fumar.

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