sábado 10.12.2016 - Actualizado hace
Boxeo
08 | 10 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

Sin resistencia

Gustavo Nigrelli
0
Comentarios
Por Gustavo Nigrelli


Las pequeñas señales son las mejores informantes para evaluar equivalencias y saber poner un stop a tiempo, ordenando estudios, o cancelando licencias. La derrota por KOT 1 de Henrri Polanco el pasado sábado encendió la alarma. Accidentes y desgracias en el boxeo suelen no ser casuales, y pueden evitarse si se cumplen normas y reglas responsablemente.

Sin resistencia
Foto: Facebook Henrri Polanco

Hablando de equivalencias, el dominicano radicado en nuestro país Henrri "La Esencia" Polanco (8-2-0, 3 KO), al ser fondista –tener más de 6 peleas- y ganador, en teoría está apto para pelear contra cualquiera en el boxeo casero, dentro de su categoría (superwelter).

Además, en la WSB de la AIBA, donde representó a Los Cóndores –el equipo argentino-, se bancó palo y palo contra osos de 73 kg –categoría en la que participó al principio por no haber una intermedia entre 61 y 73-, dando ventajas de peso, y perdiendo casi siempre por puntos.

Sin embargo, las dos últimas de este año a nivel profesional en el boxeo vernáculo las tiene perdidas, una ante el Bebo Villalba -también en las tarjetas-, en dura y pareja pelea, y la otra el último sábado, curiosamente por KOT 1 ante el bonaerense Sergio López, un púgil en principio poco relevante -ahora con 8-1-0, 6 KO-, al que de entrada se le llegó a cuestionar su equivalencia contra Polanco, por tener una derrota por KOT 6 ante el perdedor boliviano Arzovi Zapata Vázquez.

Pero López tenía una particularidad: de sus 7 victorias hasta ese momento, 5 eran por KO. O sea, pegaba. Eso le otorgó el crédito necesario para ser aprobado.

Y prácticamente en el primer cruce neto, con un zurdazo a la cabeza que pareció inocuo, derribó al dominicano. No sólo eso, sino que al querer levantarse, éste dio sendos tumbos y volvió a caer rodando sobre sí mismo, denunciando un efecto desmesurado para lo que era naturalmente un simple golpe.

Es más; tan mal estaba Polanco que creía estar bien, y hasta se quejó cuando el árbitro Daniel Bogado le paró la lucha, convencido de que podía seguir.


      Embed

O López pega como una mula, o Polanco no aguanta nada, o ambas cosas.

Sabemos que una de esas opciones no es real, porque el centroamericano dio sobradas muestras de que no solía caerse fácilmente, ni siquiera ante los gorilas de todo tipo a los que enfrentó en AIBA.

Sin embargo eso fue hace un par de años, quizás 3, lapso suficiente como para que el organismo acuse ciertos recibos y encienda una luz de alarma.

Marche entonces un puré de estudios para Polanco, y tómese nota de si no serán contraproducentes los guantes que se usan en AIBA con el acolchado más concentrado en los nudillos para atenuar el KO, alargando los combates y multiplicando la cantidad de impactos, por sobre los usados en el profesionalismo, con el peso más distribuido y propicios para noquear.

Polanco se convirtió de pronto -y sorpresivamente- en un púgil de riesgo al que conviene parar y evaluar exhaustivamente en función de la práctica del boxeo.

Es ése el espíritu de las equivalencias, y no los números o niveles personales, como para impedir que se enfrenten el peor contra el mejor -que es tarea del programador, según la jerarquía que le quiera dar a su espectáculo-. ¿Por qué el boxeo debe ser el único deporte en donde no pueden enfrentarse el mejor contra el peor, si es que ninguno corre riesgo más allá de la derrota lógica, que a veces ni siquiera es tal?

      Embed


Sí es obligatorio velar por la salud de los púgiles, pero no con relación a las virtudes de su oponente, sino consigo mismos. Comparar su campaña y rendimientos frente a los mismos escollos y situaciones, y si decrecen, pararlos. Ante quien sea, bueno o malo, ya que en esos casos el golpe de cualquiera puede ser fatal, por más estéril que parezca.

No es que el boxeo sea riesgoso, pero es de contacto físico por excelencia y eso por sí solo puede pasar facturas. Uno puede fijarse en cualquier estadística, y el boxeo no aparece en el top ten de los más peligrosos. Tampoco en los 20 ni en los 30. 

Es más; en los últimos tiempos, el fútbol ha cobrado más vidas en cancha que el boxeo, por infartos, muertes súbitas, choques de cabezas o contra paredones, etc. Y tampoco es que el fútbol sea riesgoso, sino porque hay accidentes, predisposiciones congénitas, y a veces, falta de controles médicos exhaustivos, con la periodicidad adecuada.

La semana pasada, no obstante, se produjo en Glasgow, Escocia, la muerte del boxeador local Mike Towell, de 25 años e invicto hasta ese momento en 11-0-1, 8 KO, al perder por KOT 5 contra el galés Dale Evans, de 24 años y 11-3-2, 3 KO.

Dale no pegaba ni estampitas, y encima no era el favorito, pero al primer roce en la cabeza, Towell estaba en el piso.

Así suelen ser la mayoría de las desgracias: golpes en apariencia simples de púgiles que no son émulos de Mike Tyson precisamente, que producen efectos desmesurados.

Casualmente, situaciones de este tipo suceden donde hay mucho boxeo, como en Reino Unido, Filipinas y Medio Oriente, o en países de poca tradición y regulación, como los africanos o australianos. Cada muerte de Obispo, pero casi siempre son por esas regiones geográficas.

No poseen ya la repercusión de hace unas décadas, ni el dedo acusador de otros tiempos, aunque por alguna razón larga de explicar, al boxeo se le tiende a perdonar menos estos accidentes que a otros deportes, aunque si se legisla bien, son cien por ciento evitables.

Lo primero es no arriesgarse a jugar con fuego, ni temerle a prejuicios superfluos de pensar que no poder boxear, o correr riesgo al hacerlo, es síntoma de enfermedad. La vida útil de cada cual para determinadas cosas es efímera, y millones de personas estamos preparados para la vida, sin que eso signifique que lo estemos para subir a un ring.

      Embed


Comentarios Facebook