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14 | 10 | 2016
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Murió Diego Bonadeo, un quijote del periodismo deportivo

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Tenía 77 años y falleció este viernes por motivos que aún se desconocen. El padre de Gonzalo tuvo una extensa trayectoria en prensa gráfica, radio y TV, en la que jamás dejó de imprimir su tono crítico

Murió Diego Bonadeo, un quijote del periodismo deportivo
Diego Bonadeo, de lentes
Foto:

Diego Bonadeo murió este viernes a los 77 años. Padre de Gonzalo Bonadeo, fue un referente del periodismo deportivo cuya pluma destacó en medios gráficos como La Nación, las revistas El Gráfico y Tercer Tiempo, y desde hacía algunos años en Página/12, donde el pasado domingo publicó su última columna.

También recorrió un largo camino en la radio: Sport 80 (Radio Mitre) y Barajar y dar de nuevo (Radio Ciudad) fueron sus pasos más emblemáticos. Mientras que en la televisión dejó una huella con Fútbol prohibido, que se emitía por Canal 9, además de en la pantalla de Canal 7, para la que cubrió los mundiales de 1974 y 1978.

Menottista acérrimo, amante tanto del fútbol como del rugby -aunque cubrió otros deportes y eventos como la Fórmula 1-, también tuvo un brevísimo paso por la política: fue concejal de Vicente López por el Frente Grande y militó en la Coalición Cívica ARI.

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Su lengua filosa y la inflexibilidad de sus convicciones lo enfrentaron a varios colegas y protagonistas del mundo del deporte, desde Víctor Hugo Morales a Carlos Bilardo. A continuación, algunas frases para el recuerdo:

• "El periodismo está lleno de conversos, de tacticistas que el semestre pasado descubrieron a Huracán (N de R: el equipo de Cappa de 2009) porque le iba bien, no porque jugaba bien. Por ejemplo Alejandro Fabbri, Víctor Hugo Morales y toda esa recua de imbéciles. Víctor Hugo vive disfrazando la realidad, ¿por qué se peina así? Él omite que su padre era negro y, por lo tanto, su cabello es mota. Le gusta enfatizar las erres, disfruta decir el recurrente recorrido de Arruabarrena. Es un imbécil".

• "¡Adrián Paenza nunca fue fundador de nada! Vive merodeando. Marcelo Araujo y Víctor Hugo Morales tampoco fundaron "Sport 80". Fuimos el Negro Eguía, Pancho Ibáñez y yo. Guillermo Salatino se borró el día que tenía que empezar el programa porque Fernando Marín, que estaba con él en Radio Belgrano, no lo dejó".

• "¿Cómo me va a sorprender que Bilardo forme parte del cuerpo técnico si Cristina Kirchner es la presidenta de la Nación y Julio Grondona el presidente de la AFA y el vicepresidente de la FIFA? Encima Maradona entiende cada vez menos de fútbol. ¿Cómo va a jugar Heinze en la selección? Lo hace porque el hermano gestionó en 2006 unas charlas de Diego no sé dónde pito, cuando Maradona no tenía un mango".

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• "Si yo fuera el dueño de los derechos de televisión del fútbol -¡Dios me libre de que lo sea!- pondría las cámaras al servicio del juego. No quiero ver ni a la Guardia Imperial, ni a los Borrachos del Tablón, ni a la Doce (N. de la R. Nombres que tienen las barras bravas de algunos clubes), ni a Menotti, ni a Cappa, ni a Bilardo ni a ningún director técnico. No quiero ver los bancos de suplentes, excepto antes del partido para saber cómo son las caras de los jugadores que pueden entrar. ¡Basta de notas de color, no quiero más una cámara en la manga! "¡Vamo' eh!". ¿Qué significa vamo' eh? ¡Son imbéciles! Después la tiran para arriba. Amo el fútbol y detesto su entorno. Pero mientras haya Huracán del año pasado, mientras haya Barcelona y me pongo de pie, mientras haya liga inglesa, hay esperanza".

• "Soy un hincha de Boca medio extraño, cuando lo dirigía Juan Carlos Lorenzo quería que se fuera al descenso. Una discusión que tengo con Menotti es cuando dice que el gran responsable del fútbol basura es Osvaldo Zubeldía; yo digo que hay un antecesor que es el Toto Lorenzo. El empezó a "regar" canchas y es responsable de algunas tristísimas historias que dejaron secuelas en muchos jugadores".

• "Me acuerdo de mi época de juventud. Mi familia era profundamente gorila, y una actitud rebelde me hizo enfrentar muchas de las actitudes e ideologías de mis padres. En la música, yo era fanático del jazz (me fascinaban grandes del género como Charlie Parker o Dizzy Gillespie), mientras a mi familia le interesaba únicamente la música clásica. Esa actitud mía coincide con un espíritu propio de la época, a fines de los cincuenta, que es el de las antinomias. Así, uno terminaba adscribiendo a aberraciones como Astor Piazzolla sí, tango no; Aníbal Troilo sí, Juan D'Arienzo no; jazz sí, los Beatles no. El tiempo nos enseñó que todo es música, y lo importante es que sea buena".

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