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15 | 10 | 2016
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A 32 años del último Premio Nobel argentino

Marcelo Pensa
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Por Marcelo Pensa


César Milstein, ganó el prestigioso premio por sus trabajos para perfeccionar el sistema de defensa inmunológico con el que naturalmente cuentan los seres humanos

A 32 años del último Premio Nobel argentino
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Muy pocos argentinos lo conocieron hasta el 15 de octubre de 1984 cuando la Real Academia de las Ciencias de Suecia le entregó el Premio Nobel de Medicina junto a los científicos Niels Jerne (británico) y George Kholer (alemán). Es que la vida de César Milstein se había desarrollado en el exterior, más precisamente en Cambridge donde obtuvo su segundo doctorado.

La distinción a Milstein (que falleciera en el año 2002) fue por sus trabajos para perfeccionar el sistema de defensa inmunológico con el que naturalmente cuentan los seres humanos. Trabajo por el que los especialistas aseguran hay un antes y un después en la ciencia y en la investigación.

El Premio Nobel lo recibió por una investigación que en la actualidad permite, entre otras cosas, que los test de embarazos se hayan transformado en análisis rápidos y caseros.

Pero esos descubrimientos, que dieron lugar a negocios millonarios, a él no le reportaron ni siquiera un peso. El hallazgo produjo una revolución en el proceso de reconocimiento y lectura de las células y de moléculas extrañas al sistema inmunológico.

Sus colegas se referían a él como "un caso para estimular las vocaciones de la gente que se dedica a estudiar problemas complejos con una retribución que muchas veces apenas alcanza para subsistir".

Milstein era un biólogo marino al que muchos colegas definían como obsesivo y meticuloso. Había nacido en Bahía Blanca el 8 de octubre de 1927 y estaba casado con Celia Prilleltensky, con quien no tuvieron hijos. En una entrevista, cuando le preguntaron sobre esta cuestión, respondió: "Hubieran sido un problema. Es una cuestión de personalidad. Para mí, la vida científica es muy absorbente, me gusta demasiado y hay una necesidad de sentirse libre para hacer lo que uno quiere".

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Milstein se formó como profesional en la Argentina y se perfeccionó en Inglaterra. Su vida fue un reflejo de lo que padecieron innumerables científicos argentinos que comienzan su educación en el país y luego se ven casi obligados a emigrar por falta de un trabajo acorde a sus expectativas. Y que en ese paso de su vida son reconocidos y premiados por su dedicación y sus avances.

Caminar y andar en bicicleta eran sus pasatiempos favoritos. Pero también amaba la buena comida y los buenos vinos.

Para explicar cuál fue el motivo por el que volcó su vida a la ciencia, Milstein decía: "Tenía 11 años y mi madre me regaló el libro Los cazadores de microbios, escrito por Paul De Kruiff y poblado de historias de grandes microbiólogos. Ese libro me dejó convencido de que eso era lo que yo quería hacer. Fue fantástico. Y con el tiempo encontré a varios científicos que lo habían leído".

Pese a que su vida profesional, en gran parte, se desarrolló en el exterior, Milstein nunca dejó de regresar a la Argentina. Siempre estaba atento a brindar diferentes conferencias de prensa y charlas.

También colaboró en muchos proyectos con el Estado. En 1991, por ejemplo, apoyó técnicamente, junto a su equipo de la Universidad de Cambridge, una campaña que contemplaba la realización de análisis de detección del virus del HIV.

Falleció el 24 de marzo de 2002 en Cambridge, víctima de una afección cardíaca, a los 74 años de edad. Para su funeral le pidieron a sus familiares que enviaran algunas palabras para la ceremonia. Su sobrina nieta, Ana Fraile, quien posteriormente sería la directora de la película sobre su vida, eligió el cuento de Eduardo Galeano "Un Mar de fueguitos", que inspiraría también el nombre de la película.

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