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Política
16 | 10 | 2016
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Macri saco un "aprobado" en su segundo encuentro con el Papa

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Esta vez los recaudos adoptados valieron la pena y si bien en la reunión con Francisco no hubo derroche de sonrisas, las conclusiones fueron satisfactorias. El mayor mérito fue previo, con la desactivación momentánea del paro. También fue positivo el paso exultante por IDEA.

Macri saco un aprobado en su segundo encuentro con el Papa
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Toda la previa del segundo encuentro entre Francisco y Mauricio Macri desde que este último es presidente hacía prever el resultado "satisfactorio" que el gobierno le asignó a la reunión. Aprendió de aquel escueto y amargo encuentro de febrero pasado, cuando quiso asignarle un carácter meramente protocolar para tomar distancia de las sobreactuadas visitas de Cristina Kirchner, rodeada de compañías diversas. Esta vez se adoptaron todos los recaudos, y como recurso infalible, el Presidente llevó a su hija Antonia, capaz de romper cualquier tipo de hielo.

De hecho, la comitiva familiar estuvo integrada además por otra hija de Macri, de su primer matrimonio, lo mismo que en el caso de Juliana Awada: una familia ensamblada, ideal para el renovado clima que el nuevo Papa le ha impuesto a su gestión. Pero amén de ello, en todo se diferenció este encuentro de aquella gélida reunión registrada en el invierno europeo. En aquel entonces, unos y otros buscaron minimizar la frialdad que las fotografías registraron sin contemplaciones. En esta oportunidad, la cobertura estuvo circunscripta a la órbita papal, y esto implicó que sólo las imágenes autorizadas por las jerarquías eclesiásticas fueran difundidas. Tampoco es que sobraran las sonrisas.

El tiempo del encuentro también fue mayor: alrededor de una hora, contra los apenas 22 minutos de febrero pasado. En su momento, el Presidente rechazó que su afinidad con el Santo Padre mereciera ser dimensionada en función de la extensión de la reunión. "Yo soy de pocas palabras, voy al grano; así eran nuestros encuentros habituales en la Ciudad, cuando él era el obispo y yo el jefe de Gobierno: nos encontrábamos, hablábamos de los temas concretos y nos despedíamos", detalló Mauricio Macri a DIARIO POPULAR hace algún tiempo, tratando de desdramatizar aquella reunión de febrero. Desde su entorno advirtieron entonces que el Papa no es el que da por terminada una reunión, así que "si una de las partes busca deliberadamente alargarla, se hace extensa". La alusión apuntaba a la expresidenta, claro.

"Si van a valorar el encuentro por los minutos que dure, la próxima vez me pongo a leer una revista", ironizó el Presidente ante este medio hace tres meses. No hizo falta esta vez, aunque Macri insistió: "Los dos somos sintéticos".

No faltarán los que -para marcar el contraste- midan el tiempo que le dispensará Francisco este lunes a "Pino" Solanas, que viajó para entregarle en pleno 17 de octubre el documento denominado "Ponernos a la Patria al hombro". El mismo fue presentado en sociedad el jueves pasado por los autodenominados "laudatistas", un grupo de dirigentes políticos y sindicales que lo elaboraron en base a la encíclica papal Laudato Sí, y los principios del Modelo Argentino legado por Juan Domingo Perón. Obviamente entre los autores del documento no falta el legislador Gustavo Vera -de trato diario con Francisco-, y si bien aclaran sus impulsores el carácter multipartidario de ese grupo, está claro que no hay oficialistas entre ellos. De hecho, los firmantes se caracterizan en general por ser antimacristas, y el tono del extenso documento es bastante crítico.

Como crítico fue este viernes el sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga al exponer en el Coloquio de IDEA, en un discurso que erizó la piel de su auditorio empresarial, al que "atendió" sin contemplaciones, hablándoles de "pobreza y marginalidad". El cura llevó datos concretos y contundentes, tales como que en 1996 los planes Trabajar sumaban 80.000, y su equivalente en 2012 alcanzaba los dos millones y medio. Prueba clara del aumento exponencial de la pobreza. Con todo, el discurso del religioso fastidió a los empresarios, con las comparaciones tales como el valor de una cartera Louis Vuitton, equivalente a cientos de planes sociales.

Pero más allá del dedo acusatorio de Zarazaga, los obispos tuvieron un papel clave esta semana para la desactivación del paro nacional que se presumía estaba a punto de ser anunciado. Como una concesión a Francisco interpretaron muchos los espíritus sosegados que se observaron al cabo de la extensa reunión que mantuvieron funcionarios y sindicalistas, de la cual no surgió la temida huelga, sino el anuncio de la convocatoria al diálogo con empresarios y sindicalistas. Fue la "ofrenda" que llevó el Presidente a Roma este sábado, pues es conocido el pensamiento de Francisco en favor del diálogo social. Que no es exactamente lo que el Presidente habilitó, pero al menos es un comienzo.

¿Se ha desactivado totalmente el paro, o fue tan sólo una tregua para evitar que Macri llegara al Vaticano con esa novedad decretada? Se sabrá esta semana, aunque muchos sostienen que ese riesgo ya ha sido superado y que Cambiemos concluirá su primer año sin paros generales. Otros no son tan optimistas y advierten que las CTA podrían decidir por su cuenta un paro general, con el fin de arrastrar a gremios cegetistas que también fogonean una huelga. En realidad, se sumarían ellos al paro en el que confluirán banqueros y camioneros el 28 de octubre.

Las CTA ya llevan fogoneadas cinco medidas de fuerza contra Cambiemos en diez meses de gobierno. Y si bien las organizaciones sociales que las integran tienen al papa Francisco como su líder espiritual, no están dispuestas a darle ningún tipo de tregua a esta administración. Enemigas íntimas hasta que se fue Cristina, hoy las CTA aparecen unidas en el espanto que les provoca el macrismo. ¿Por qué no se unifican entonces?, es la pregunta. Porque ninguna de las dos quiere ceder sus respectivas cajas, es la respuesta proveniente de fuentes sindicales.

Antes de ir a ver al Papa al Vaticano, Macri pasó por Mar del Plata, para participar de la cumbre empresarial de IDEA. Un evento al que no asistía un presidente de la Nación desde hacía 15 años, se repitió una y otra vez. El último en ir fue Fernando de la Rúa, pero esa referencia es preferentemente omitida. Lo cierto es que el paso presidencial por el Coloquio fue exultante, aunque sin reproches: algunos esperaban que Macri pasara facturas porque el año anterior ese auditorio daba por seguro que quien este año estaría en su lugar y frente a ellos sería Daniel Scioli.

El desfile de funcionarios fue también constante. Está claro y es obvio que estas citas son las que más disfruta el gobierno, que las celebró en el CCK, cuando se organizó el "Mini Davos". Ya de por sí Macri se sintió una estrella cuando viajó en el verano a Suiza, para asistir al Davos original, o recientemente en los encuentros con hombres de negocios en New York. Su estrella cotiza alto en esos ámbitos, y tan es así que la titular del Fondo Monetario, Christine Lagarde, ha expresado su deseo de venir a la Argentina para brindarle personalmente su respaldo a Macri. Sutilmente le pidieron que no lo haga.

Por el viaje presidencial a Europa, la organización de IDEA tuvo que alterar su agenda y fue el Presidente quien inauguró el Coloquio y la gobernadora bonaerense la encargada de cerrarlo. Cuando antes del kirchnerismo los presidentes solían concurrir, era al revés. Al gobierno le da lo mismo: Macri y María Eugenia Vidal son los activos que más alto cotizan para Cambiemos.

La gobernadora estuvo el viernes, el mismo día que lo hizo Sergio Massa, que participó del panel político en el que estuvieron también Emilio Monzó, que despotrica en la intimidad contra Marcos Peña; Miguel Pichetto, que en el rol de "librepensador" que reivindicó en su primer discurso como opositor este año elogió "el camino elegido en la economía"; el jefe nacional del radicalismo José Corral, que debe decidir si este año deja la intendencia de Santa Fe para encabezar la lista de candidatos a diputados de Cambiemos; y Margarita Stolbizer, que llegó a Mar del Plata acompañando al líder del Frente Renovador, que bajo ningún punto de vista se dará el lujo de perderla para las próximas elecciones.

Massa es una incógnita para Cambiemos en general y Mariú Vidal en particular. Desde el gobierno nacional alientan que rompa su alianza legislativa con el Frente Renovador, pero ella no está muy convencida de anudar un entendimiento con sectores peronistas referenciados en Florencio Randazzo, con el que la gobernadora tuvo una buena reunión hace algunos meses. Pero como Marcos Peña, admite que el excandidato presidencial les resulta "muy caro", pues "pide y pide". "Con Sergio hay que arreglar paritarias todos los meses", confió ante este medio un allegado a la gobernadora.

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