miércoles 7.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
17 | 10 | 2016
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La elaboración reivindicada

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Con la Selección nacional saturada de críticas lógicas y otras delirantes después de la derrota 1-0 frente a Paraguay, ahora se reivindica la elaboración, cuando en general se la despreciaba o subestimaba en nombre del desequilibrio ofensivo. La realidad es que sin elaboración no hay armonía colectiva. Y aún con Messi, esto también se paga.

La elaboración reivindicada
Foto:

Ahora que a la Selección la acechan  los fantasmas porque peligra la clasificación al Mundial de Rusia 2018, se resignificó lo que hasta hace muy poco parecía para amplios sectores del ambiente del fútbol argentino una cuestión menor, propia de otros tiempos: la elaboración.

 
¿Y quiénes son capaces de elaborar juego? Aquellos que, precisamente, los entrenadores de inferiores y los de Primera consideran cada vez menos, salvo que se produzca una aparición espectacular con el talento que identificó a Riquelme.

En infinidad de oportunidades el fútbol de estos tiempos decretó la muerte de los enganches. El Cholo Simeone ya lo planteó hace una década: "La táctica ya no los considera. Ni Zidane jugando para Francia en Alemania 2006 jugó como enganche".

La táctica, en definitiva, la ponen en práctica los técnicos. No es la táctica una abstracción. O algo que se impone desde el más allá. Es un instrumento. Y una herramienta. Simeone, como punta de lanza de una nueva generación aniquiló la función de organizador o armador mientras dirigía a Estudiantes, con Verón como líder y bastonero del equipo. También Ricardo La Volpe en varias ocasiones, desestimó el rol de un enganche clásico. Y de paso criticó el fútbol posicional de Riquelme.

      iniesta


Con este mismo criterio ni Bochini, Beto Alonso, José Daniel Valencia, Babington, Palma, Gasparini, Capria, Rubén Paz, Garnero, D'Alessandro, Matute Morales, Gallardo, Tapia, Gorosito, Romagnoli, Ermindo Onega y tantos otros, podrían jugar en el fútbol actual. Porque como sentenció Simeone, "la táctica no los considera".
 
¿Y qué considera la táctica? A los volantes de grandes recorridos. De ida y vuelta. Con mucha generosidad en el despliegue, aunque recuperen la pelota y después la rifen con un pase comprometido para el compañero o directamente habilitando a un adversario por falta de capacidad para manejar y entregar la pelota.
 
A los enganches que tienen la responsabilidad de elaborar juego se los viene acusando de manera sistemática de displicentes, vagos, antiguos y fuera de registro para interpretar lo que hoy se demanda aquí y en Europa.

Sin embargo cuando arrecian los cuestionamientos de todo tipo y calibre a la Selección nacional pidiendo renunciamientos masivos para que se vayan todos en un aquelarre vulgar sin destino ni conocimiento, aparece dibujada en el horizonte la deuda de la elaboración futbolera que se reclama.

Porque nadie encarna esa función en Argentina desde que Riquelme renunció a integrar la Selección que conducía Maradona en las Eliminatorias, de cara a Sudáfrica 2010. Y ese rol interpretado, necesariamente, por un jugador inteligente no tiene reemplazo. Ni antes ni ahora. No hay reemplazo para un armador. O para un tiempista ofensivo con más o menos gol. Y con visión estratégica para adivinar los espacios entre líneas y los ritmos siempre inestables de un partido.

Ese fútbol artesanal o fútbol de autor quedó desacreditado y escondido por los tecnócratas. Pero en tiempos de crisis se lo recuerda y evoca. Como si existieran melancolías por aquellos jugadores que veían lo que otros ni de casualidad veían.

      Juan Román Riquelme


Esa cultura del pase certero (y no del traslado que resume impotencia porque a mayor traslado con la pelota mayor es la impotencia) después de una gambeta o después de mirar el paisaje y los espacios del paisaje, no son para cualquier aventurero que pretenda sacar chapa de héroe circunstancial.
 
Un enganche envidiable es Andrés Iniesta. Un elaborador de lujo. No tendrá Iniesta un look que seduzca a todas las audiencias. Pero hace lo que hacen muy pocos: ve la jugada. Ve el espacio. Arma juego, en definitiva.

El fútbol argentino se fue quedando sin esos intérpretes, más allá de la magia de Messi. Los fue arrinconando a esa clase de jugadores ya desde las divisiones inferiores. Los desalentaron. Los vapulearon. Por eso que haya entrado en escena en Independiente el pibe Ezequiel Barco con apenas 17 años, refleja a un emergente de otras décadas. Y  a un testimonio de una resistencia valiosa.  
 
El presente complejo de la Selección puso en primer plano la ausencia de la elaboración ofensiva. Algo que siempre fue un patrimonio del fútbol argentino. Jugadores que corran como maratonistas siempre sobraron. Jugadores que piensen y resuelvan en sintonía con ese pensamiento, son los protagonistas que despiertan nostalgias.

"La táctica no los considera", aseveró Simeone. Seguramente, se habrá olvidado de Iniesta. Y de Riquelme.      

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