jueves 8.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
24 | 10 | 2016
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Icardi: antes y después del lobby

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


El enamoramiento por las simplificaciones también hace pie en el fútbol. En nombre de esas simplificaciones, lobbistas mediáticos pidieron la presencia en la Selección de Mauro Icardi. Los problemas que padece Argentina no se enfocan en la falta de un goleador. Es la ausencia de juego y de un intérprete que haga jugar lo que condiciona a la Selección.

Icardi: antes y después del lobby
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Las simplificaciones teóricas siempre estuvieron y están a la orden del día en todos los escenarios. Las sociedades en tránsito hacia el desaliento o la prosperidad suelen enamorarse de las grandes simplificaciones para abordar problemas complejos. El fútbol, como fenómeno de masas, por supuesto, no está al margen. También expresa a la sociedad. Como sostenía el entrañable Roberto Perfumo: "El fútbol es el gran alcahuete de la aldea global. Revela sus miserias y sus fortalezas".

En ese plano de las simplificaciones el ambiente del fútbol argentino planteó que la Selección necesitaba que sea convocado de urgencia el delantero del Inter, Mauro Icardi, de 23 años y hoy en conflicto con los ultras del club por un párrafo de un libro autobiográfico.

Mientras mayores son las dificultades que atraviesa la Selección en las Eliminatorias, el pedido por Icardi  que ejercieron sus lobbistas mediáticos se multiplicó, sin éxito, teniendo en cuenta las citaciones de Edgardo Bauza para enfrentar a Brasil el 10 de noviembre en Belo Horizonte y el 15 a Colombia en San Juan.

¿Es un gran delantero Icardi? Es un punta con gol. Alcanzaría con reflejar que entre la Sampdoria y el Inter jugó 149 partidos y convirtió 69 goles. Los números son buenos, pero sí se hablan de números buenos los de Higuaín son estupendos: en clubes (River, Real Madrid, Napoli y Juventus) disputó 457 partidos y anotó 232 goles y en la Selección jugó 65 partidos y conquistó 32 goles.

Sergio Agüero jugó entre Independiente, Atlético Madrid y Manchester City 509 partidos y anotó 271 goles. En la Selección jugó 78 partidos y convirtió 33 goles. Paulo Dybala (sufrió una distensión muscular ante Milan el pasado sábado), por su parte, suma 188 partidos entre Instituto, Palermo y Juventus y anotó 65 goles.  

¿Por qué entonces se pintó como imprescindible la presencia de Icardi en la Selección? Porque no está. Y porque no estuvo. Su ausencia, entonces, se torna significativa. Y despierta más adhesiones en función de que nunca fue citado. 

Es un goleador Icardi, pero no es el sucesor natural de Batistuta. Y un goleador por más formidable y letal que sea (Batistuta lo era) no resuelve los problemas del juego. En todo caso, termina las jugadas. Pero no elabora y construye salvo que hablemos de goleadores y jugadores totales como Maradona, Cruyff, Pelé y Di Stéfano. 

La Selección lo que viene demandando desde hace años es una elaboración previa para poder concluir en mejores condiciones la maniobra ofensiva. Messi puede asumir ese rol por instantes, pero no es un típico organizador ni armador. Ni es la manija o el tiempista ofensivo de un equipo. En Barcelona esa función la cumple Andrés Iniesta (sufrió rotura de ligamentos el último sábado enfrentando al Valencia) desde hace una década. En Argentina, nadie.

No le faltan goleadores consagrados a la Selección, más allá de los momentos buenos o malos que tengan los protagonistas. Podrá ser convocado Icardi en el futuro, pero precisará ser bien abastecido para hacer lo que mejor sabe hacer en el área rival. Y esto es lo que no se está desarrollando en la Selección.

Como existe una evidente deuda de juego en la zona de volantes y en tres cuartos de cancha, esa deuda inocultable también la pagan con creces los delanteros. Y la pagan teniendo muy pocas chances de gol por partido. Si no concretan algunas de esas posibilidades (Higuaín puede dar un testimonio descarnado de esta realidad, considerando lo que vivió en Brasil 2014 y en la Copa América 2015 y 2016) se lo comen los leones. Igual o algo parecido viene ocurriendo con el Kun Agüero, vapuleado sin piedad después del penal que malogró en la derrota 1-0 frente a Paraguay.

Icardi, como el último eslabón de un equipo, necesita que le acerquen la pelota con ventaja a la zona de definición. La ventaja es el pase preciso y profundo al espacio. Porque él la pelota no la va a llevar. Se la tienen que dar para que resuelva. Y la Selección no encuentra a ese intérprete iluminado por el talento, al estilo de Bochini, Beto Alonso y Riquelme.

Probó Gerardo Martino con Javier Pastore en la Copa América de Chile pero Pastore después se lesionó, perdió nivel y nunca más lo recuperó. Y quedó absolutamente huérfana la Selección para cultivar una pausa sensible al armado y a una distribución del juego inteligente.

Ese jugador que ve o adivina los espacios que en apariencia no existen, no está, aunque Messi sea la individualidad más desequilibrante del mundo. Y ese jugador, por supuesto, no es Icardi. Por lo tanto convocarlo no iba a provocar ningún cambio sustancial. Salvo satisfacer el pedido de algunas audiencias.

Que dicen saber de fútbol. O que se dejan llevar por los vientos que se arremolinan en las esquinas.

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