viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Vida
30 | 10 | 2016
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Halloween, un ritual que llegó... ¿para quedarse?

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Entre la esencia celta y recuerdos desgraciados, el festejo tanto en Argentina como en Latinoamérica combina hábitos con ceremonias antiguas de Europa y nuestro continente. Promovida desde entidades escolares de habla inglesa, la celebración va ganando lugar en mérito al interés de causar temor, redescubrir la magia y sus misterios y, por supuesto, disfrazarse con arte.

Halloween, un ritual que llegó... ¿para quedarse?
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En Estados Unidos, Halloween era una fiesta católica de pequeños grupos de fieles, que se popularizó enormemente con la llegada de los Irlandeses alrededor de 1840. La fiesta sin embargo no comenzó a celebrarse masivamente hasta 1921. Ese año se realizó el primer desfile de Halloween en Minnesota y luego terminaron de incorporarla el resto de los estados.

La internacionalización de Halloween se produjo en los años 80 gracias a las series de televisión que comenzaron a dedicar un capítulo cada año a Halloween hasta convertir la calabaza sonriente en una imagen super conocida. Hoy en día Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense.

La fiesta de Halloween, que comenzó a festejarse tímidamente hace unos 20 años en Argentina, amplió su ruta de escobas: no sólo se celebra en varios pubs porteños, sino que sobrevuela centros turísticos del interior, recuperando la esencia celta de la verdadera Noche de Brujas, con baile de disfraces y muchísimas mujeres volando en escobas sin pensar en limpiar el piso.

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Claro que en Latinoamérica, Halloween tiene connotaciones diferentes a las que adquiere en el norte anglosajón: el 31 de octubre es Noche de Brujas, es decir, una fiesta de adultos, llena de magia y misticismo, en la que se bebe champagne, se arrojan runas, se lee el I Ching, se tira el Tarot y se saluda efusivamente a fantasmas, calaveras, gatos negros y mujeres montadas en escobas.

La única excepción la constituyen los colegios de habla inglesa, donde la orden del día es calar calabazas, disfrazar a los chicos y vaciar los quioscos.

En general, en la Argentina, no se lo vive como un edulcorado 'dulce o treta' (o truco, según los promotores del ritual) sino como una verdadera Noche de Brujas, algo que los estadounidenses se esfuerzan en disimular tras las grandes calabazas iluminadas a vela, para evitar, quizás, que la bombita de luz de la historia les estalle en la cara y muestre su rubor de vergüenza.

Sucede que lo de 'noche de brujas' proviene de Salem, Nueva Inglaterra, estado de Massachusetts, donde en 1692 los puritanos procesaron y ahorcaron a decenas de mujeres acusándolas de herejes. 'Muere, bruja, muere', fue el grito de Salem. Se decía que, ganadas por el demonio, tales mujeres volaban por las noches, vestidas de negro y montadas en escobas, imagen que, vaya paradoja, constituye hoy el logo turístico de aquel pueblo y su único atractivo.

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