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El oficialismo confirmo la nueva realidad que existe en el congreso

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


El traspié en una votación que hasta pudo haber revertido, fue el emergente de una nueva situación que ya puede palparse en ambas cámaras: la resistencia opositora a permitirle al gobierno un tránsito cómodo con las leyes. No la tiene fácil en lo que resta del año.

El oficialismo confirmo la nueva realidad que existe en el congreso
Foto: Hugo Villalobos
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"La venganza es un plato que se come frío", deslizó con una sonrisa de satisfacción una encumbrada figura del bloque massista mientras se retiraba del recinto luego de que el oficialismo sufriera un sonoro traspié al no lograr aprobar el proyecto de Participación Público Privada. Fue un final imprevisto, que tuvo características insólitas, signado por una mezcla de pases de facturas, exceso de confianza, errores de cálculo y hasta un blooper.

Un final que desnudó la nueva realidad que conoció esta última semana Cambiemos, donde se terminó de configurar un Congreso muy distinto al que el oficialismo se había acostumbrado durante el año, en el que los acuerdos son demasiado volátiles, y en el que los resultados ya no están para nada asegurados.

Si bien el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, negó al día siguiente que lo ocurrido fuera una "venganza", y sugiriera desdramatizar la situación, entendiendo que "el Congreso no tiene más mayorías automáticas", nadie dejó de pensar que el resultado había sido una respuesta al freno que tuvo la reforma de la Ley del Ministerio Público Fiscal. Más que nada por la manera como se produjo, a partir de la bolilla negra que le sacó Elisa Carrió al proyecto en vísperas del tratamiento en el recinto. Ante los reparos esbozados por la socia de Cambiemos -a los que se plegaron otros oficialistas-, el Frente Renovador decidió desentenderse del tema hasta que el oficialismo "se ponga de acuerdo". Consecuencia: el proyecto fue retirado del temario de la sesión del miércoles venidero, que llegó a estar en riesgo de caerse.

"Nada de eso", aclararon a este medio desde la presidencia de la Cámara, argumentando que con los tiempos acotados como están, no pensaban perder ningún miércoles. Así las cosas, se pautó una sesión dedicada entre otros temas a un proyecto sobre el régimen del ejercicio de la abogacía -impulsado por el massismo- y el proyecto de Participación Público Privada (PPP), destinado a atraer inversiones y reactivar obras de infraestructura, al que el gobierno considera clave para poner a andar la obra pública.

Era el último tema a tratarse ese miércoles y el kirchnerismo en particular se descargó con fuerza contra la iniciativa. Axel Kicillof habló de una "entrega del Estado", mientras que el chaqueño Juan Manuel Pedrini fue aún más duro, al reclamarle al Parlamento no ser "cipayo". Más tarde se les recordó que el proyecto se basaba en un decreto de Néstor Kirchner de 2005.

Sobre el final, el diputado de extracción sindical Abel Furlán (FpV) formuló una moción para que el proyecto volviera a comisión. Por cierto, acababa de terminar su discurso y como se había olvidado interrumpió a Marco Lavagna para introducir el pedido. Así, al finalizar el debate, se procedió a votar la vuelta a comisión. Cuando Emilio Monzó se disponía a poner a consideración esa moción, Héctor Recalde pidió que la votación fuera nominal. El presidente de la Cámara de Diputados aclaró que la votación nominal sería la siguiente, la del proyecto, pero Recalde insistió en que las dos se hicieran de esa forma. Podía haberlo rechazado, pero tras un instante de duda Monzó terminó aceptando. Y ante la sorpresa general el resultado fue 107 a favor de que el proyecto volviera a comisión, 105 en contra y 9 abstenciones. Junto al kirchnerismo habían votado el Frente Renovador y sus aliados cordobeses, masivamente, como así también parte del bloque Justicialista. Ambos sectores habían defendido hasta hacía instantes la iniciativa.

Mientras el bloque kirchnerista estallaba en aplausos y comenzaba a cantar el ya emblemático "vamos a volver", un diputado radical santafesino aclaró que el sentido de su voto era negativo (se había equivocado al votar al revés), con lo cual el resultado quedaba igualado en 106. En lugar de desempatar, Monzó anunció que el proyecto volvía a comisión y levantó la sesión. ¿Por qué lo hizo? Estaba perplejo por lo que acababa de suceder, con el sorpresivo cambio del voto de sus aliados, pero fundamentalmente porque la situación se había tornado inestable y podía pasar cualquier cosa. Como que al votar el proyecto el resultado se mantuviera, pero se sumaran a esos votos los del interbloque Progresista que acababan de abstenerse. Si una ley es rechazada no puede volver a tratarse por el término de un año, lo que hubiera sido una catástrofe.

Por eso minutos después Monzó trató de calmar al presidente Mauricio Macri, garantizándole que el proyecto será aprobado el miércoles que viene. Luego el propio presidente de la Cámara se reunió, junto al jefe del interbloque Cambiemos, Mario Negri, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, con Sergio Massa y Diego Bossio. Trataron de calmar las aguas, conscientes de que quedan temas clave como el Presupuesto 2017, que se tratará el miércoles, junto con el proyecto demorado la semana pasada. Antes, claro, habrá que emitir dictamen, cosa que no se consiguió el jueves, suspendiéndose después la reunión del viernes. El tema sigue complicado, pero tratarán de subsanarlo este lunes.

Los radicales eran los más enojados con el massismo, al que acusan de no haber respetado los acuerdos, recordando que acababan de aprobar el proyecto sobre las matrículas de abogados que ellos impulsaban, y le reprochan al macrismo una excesiva condescendencia con ellos. Los del PRO estaban más enojados con Elisa Carrió, a quien culpan de haber alterado los acuerdos al patear el tablero con el Ministerio Público Fiscal. Si bien admiten que Lilita ya había esbozado sus críticas oportunamente, no se bancan que desde su casa haya "arruinado las negociaciones con lo que dijo". "Tira eso y te voltea un proyecto ya encaminado, a horas de la sesión, cuando el propio Fernando Sánchez -su mano derecha legislativa- se mata negociando". Lo dicen legisladores oficialistas que trajinan intensamente para pulir las iniciativas, ante incluso -textual- a "los histeriqueos del Frente Renovador".

Esas críticas a Carrió son compartidas, claro, por el Frente Renovador, que tiene una especial animadversión hacia Lilita. Pero lo cierto es que no necesariamente fue un desquite por parte de Sergio Massa lo del miércoles. No tenía alineado al bloque para votar la ley PPP, pues no eran pocos los que se resistían, y lo que sucedió le vino justo para resolver la situación.

Y más allá de los reparos cada vez más grandes que genere en el gobierno, lo cierto es que al día siguiente terminó almorzando con María Eugenia Vidal, quien lo necesita para que le aprueben el Presupuesto y el endeudamiento. Compartieron esa mesa Horacio Rodríguez Larreta -viejo amigo personal de Massa- y Emilio Monzó, quien volvió de alguna manera a tener presencia en una negociación bonaerense, ámbito donde venía siendo raleado, a instancias de la gobernadora, pero sobre todo de Marcos Peña, con el que ya no se lleva.

"No me gustó esa foto", disparó esa noche Paula Oliveto -muy cercana a Carrió- en referencia al encuentro reservado de la gobernadora con el líder del FR. Para la diputada porteña, esa reunión debió haberse desarrollado en la gobernación, no en un hotel, para no dar lugar a pensar en componendas extrañas. Por lo menos Carrió no se quejó luego de ese encuentro, aunque sí lo hizo contra Massa y los senadores peronistas al denunciar "un intento de mantener el fraude", al referirse a un supuesto acuerdo para modificar en el Senado la reforma electoral y convalidar los cambios luego en Diputados. La cuestión tiene que ver con la boleta electrónica, a la que el PJ-FpV quiere sacarle el chip. "Es la parte central del proyecto", aclararon desde el gobierno.

"Se empieza a notar que el oficialismo gobierna el Congreso en minoría", se sinceró el viernes el presidente del bloque PRO, Nicolás Massot, que dijo esperar que ese supuesto acuerdo para cambiar la reforma electoral no se confirme y, por el contrario, "se respete la palabra empeñada".

No habrá que esperar mucho para verificarlo. En las próximas semanas se irá definiendo si el gobierno termina el año legislativo con un saldo positivo, o si 2017 se adelantó exageradamente.

En este contexto, la que festeja es Alejandra Gils Carbó, a quien el Presidente estaba obsesionado con desplazar. Mientras negaba que lo del miércoles debiera tomarse como una derrota oficialista, el presidente de la Comisión de Juicio Político, Alvaro González, confirmaba que no tiene sentido impulsar un juicio político contra la procuradora, la desencadenante de estas desventuras oficialistas, cuando no hay manera de contar con los dos tercios en ambas cámaras para echarla. El oficialismo no tiene remedio contra esa realidad.

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