miércoles 7.12.2016 - Actualizado hace
Política
02 | 11 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

El oficialismo la tiene más complicada de lo que parece

José Di Mauro
0
Comentarios
Por José Di Mauro


Los traspiés de la semana pasada no fueron las primeras dificultades que se le presentaron a Cambiemos en un Congreso donde más allá de la aprobación de leyes clave hay un trasfondo complicado.

El oficialismo la tiene más complicada de lo que parece
Foto:

A sabiendas de su dificultad de origen a nivel legislativo, el gobierno puso especial interés a principios de año en tratar de revertir esa adversidad numérica. En Diputados lo logró a través de la partición del mayoritario bloque kirchnerista, que perdió un tercio de su número original, surgiendo en consecuencia Cambiemos como la primera minoría del Cuerpo. En el Senado, con una relación de fuerzas irremontable, la cuestión quedó en manos de los gobernadores, que conforme sus propias urgencias atendieron convenientemente los requerimientos de la Nación.

Así fue que el gobierno logró concretar sonoras victorias legislativas con notable amplitud. En efecto, en la carrera contrarreloj que se había presentado para la aprobación del arreglo con los holdouts, el oficialismo no solo se alzó con la victoria, sino que lo hizo con números holgados. En la Cámara baja, logró aprobar la ley por 165 votos afirmativos, contra solo 87 negativos. Y en el Senado le fue aún mejor: 54 a 16.

Y así con el resto de las normas que propuso el oficialismo. Incluso cuestiones que se presumían casi imposibles, como los pliegos de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz para la Corte. Molestos porque hubieran aceptado ser nombrados inicialmente por decreto, varios senadores se habían juramentado no votar al menos una de esas dos designaciones; e incluso el reclamo del cupo femenino se coló en la discusión, todo lo cual tornaba sumamente difícil que los dos fueran aprobados, sobre todo porque necesitaban los dos tercios.

Un traspié en ese sentido hubiera significado un duro golpe para la imagen de gobernabilidad del Presidente, pero a la postre le aprobaron los dos pliegos: Rosatti por 60 votos a favor y 10 en contra; Rosenkrantz por 58 a 12. Otro pleno de Cambiemos.

Así las cosas, no dejaba de ponderarse la manera como el gobierno había manejado esas dificultades, destacándose que, contra todos los pronósticos, hubiera logrado sortear las complicaciones políticas, fallando en cambio donde se esperaba que mejor anduviera: la planificación en materia económica.

En ese contexto, el primer traspié del oficialismo en el Congreso pasó casi desapercibido. La aprobación de la ley antidespidos impulsada por las centrales sindicales obligó por primera vez a Mauricio Macri a utilizar el veto presidencial. Y la sangre no llegó al río; por el contrario, el tema fue tomado con cierta naturalidad y hasta no faltaron quienes elogiaran el gesto de autoridad que pudo exhibir el Presidente.

Pero el trasfondo de los éxitos no es tan plácido. Si bien las leyes más rimbombantes fueron aprobadas con holgura, el resto de los proyectos impulsados por el Ejecutivo tuvo serios problemas para avanzar. Botón de muestra es la ley de primer empleo, presentada por el presidente Macri el 25 de abril, con el objeto de eximir de impuestos y subsidiar a empresas que contraten a jóvenes de entre 18 y 24 años. La norma nunca pudo hacer pie en el Congreso, resistida por los gremialistas por considerar que podría llegar a afectar al resto de los empleos, introduciendo una cuota de precarización al sistema.

Sobre esa ley hay incluso una anécdota, que tiene como protagonista al Presidente, que el 15 de julio celebró durante un acto realizado en Villa Devoto su "aprobación", cuando en rigor nunca comenzó a tratarse siquiera.

En efecto, pareciera que los problemas para el oficialismo surgieron la semana pasada, cuando se desarmó la estrategia ideada para modificar la ley del Ministerio Público Fiscal, o cuando no pudo avanzar la aprobación del proyecto de Participación Público-Privada. Pero los problemas ya los viene soportando desde hace rato. De hecho, la aprobación de leyes de las que el oficialismo puede vanagloriarse no le ha sido en modo alguno gratis. Más bien todo lo contrario.

"El gobierno manda un proyecto de este tamaño, que cuando sale termina siendo así...", ejemplificó una figura opositora que supo tener cargo en el Ejecutivo de Cristina Kirchner y que es de las que tiene buen diálogo con Cambiemos. De más está decir lo obvio: el legislador aludía a un tamaño módico inicial, que al final del camino se engrosa copiosamente en función de las demandas de la oposición y los gobernadores.


LEA MÁS:

      Embed

La reforma electoral fue una de las primeras obsesiones del gobierno, nacida de la promesa electoral de cambiar ya en 2017 el sistema de votación. El proyecto avanzó rápido hasta llegar al Congreso, donde se frenó. Primero, cuando deliberadamente fue dejado para el segundo semestre; después, cuando curiosamente los que más hacen mover las leyes oficiales no mostraron particular interés por esa iniciativa. Igual, el proyecto obtuvo media sanción en Diputados, pero con una tardanza que pone en riesgo su implementación, y además el oficialismo debió resignar las modificaciones que quería introducir en el tema de las PASO, cuestión que los votantes pudieran elegir candidatos de un solo espacio.

Ahora se complicó su tratamiento en el Senado, donde el PJ-FpV parece dispuesto a transformar la boleta única electrónica en una simple impresora. "Sin el chip, se pierde el corazón del proyecto", replicaron desde el gobierno. Si como todo parece indicar el Senado le aplica ese tipo de correcciones al proyecto, Diputados podría ratificar el texto inicial con los dos tercios, pero necesitaría los votos del Frente Renovador y el bloque Justicialista, de buena relación con Miguel Pichetto.

En el espacio del "debe", el oficialismo no ha podido darle curso a una ley de apoyo a emprendedores, que ya tiene dictamen, pero que no logra llevar al recinto. Y hay iniciativas que se quedan en los anuncios rimbombantes, como la que presentó la ministra Patricia Bullrich en el Senado, para combatir a las barras bravas, que ni siquiera comenzó a recorrer las comisiones.

Intentará sí darle media sanción al Presupuesto 2017, plagado de correcciones que le ha hecho la oposición, junto con la ley que regula los superpoderes. Allí, Cambiemos tuvo que volver a ceder, en este caso llevando la restricción que inicialmente planteaba al 10%, al 7,5%, en 2017. Convengamos que la oposición quería reducirla a 5%.

En este clima legislativo enrarecido el gobierno llega a fin de año convencido de que el próximo será mucho peor, por ser electoral. Mientras tanto, nada garantiza que no lo esperen más sinsabores, como por ejemplo una ley que se debate en el Senado para declarar la emergencia social.

Motorizada por las organizaciones sociales, prevé la creación por parte del Estado de un millón de empleos y la instauración de un salario social equivalente a medio salario mínimo para los trabajadores informales. Hay un acuerdo opositor para apoyarlo cuando llegue a Diputados, y si así sucede, el Presidente debería volver a usar el veto, aunque en este caso no es de esperar de parte de las organizaciones sociales una actitud tan calma como la que tuvo la CGT con la ley antidespidos. El costo fiscal de una norma de esas características asciende a 50 mil millones de pesos.

      Embed


Comentarios Facebook