miércoles 7.12.2016 - Actualizado hace
Boxeo
02 | 11 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

Prudencia en jaque

Gustavo Nigrelli
0
Comentarios
Por Gustavo Nigrelli


El Chucky Verón –figura en ascenso- metió el KO del año el pasado sábado ante Alejandro “La Furia” Ramírez, que pudo ser peor, en una pelea donde existía esa probabilidad de movida, sin que nadie lo advirtiera. Es el delicado riesgo de evaluar equivalencias engañosas, aunque por suerte todos la sacaron barata.

Prudencia en jaque
Foto:

La pregunta es al sentido común, más que al experto en boxeo: ¿puede un púgil de cortas 13 peleas, en las que jamás combatió a más de 6 rounds –distancia para preliminaristas-, debutar a 10 vueltas contra una figurita nacional, que además de doblarlo (casi) en peleas, es poseedor de un título regional –latino OMB-?

De admitirse, ¿es adecuado que lo haga directamente por ese título?

Y en ese caso –en especial, moralmente-, ¿es correcto aprobarlo sin estar éste rankeado siquiera entre los 10 del escalafón argentino?

Finalmente, si de esas 13 peleas tiene 2 derrotas, ambas por KO en el 1º y 3º round, relativamente frescas, ¿es prudente enfrentarlo a 10 vueltas ante una figurita nacional, por un título latino en juego, sin estar rankeado en el argentino, contra alguien que además de poseer casi el doble de peleas, pega duro?

Todo eso sucedió el sábado pasado en Cutral Co, Neuquén, y eso es lo que debe legislarse cuando uno habla de equivalencias: el salto que un púgil da. De qué forma va a dar el siguiente paso en su carrera, y su nivel para afrontar tal escalón sin "caerse". Porque el avance en boxeo debe ser paulatino, no brusco, dado que allí radica el peligro.

      CHUCKY VERON
Crédito: Facebook Chucky Veron

Una vez "probado", sea de los buenos o de los malos, perderá o ganará, lo noquearán o no, pero ya el púgil sabe cómo reaccionar ante determinadas situaciones, cómo atenuarlas y manejarlas.
Es lo que no se está teniendo en cuenta últimamente en la FAB, donde se pone el foco en otras cosas, como las jerarquías de los púgiles, y si sus números son negativos o positivos -aunque ambos sean fondistas por igual, e incluso hayan peleado entre sí como tales-. Como si la equivalencia se midiera por la lógica del resultado, por lo buena o mala que resultará la pelea, o por lo fácil o difícil que le será al que se supone superior.

En los últimos meses, todo aquel de quien se ha dudado, e intentado frenar su pelea por falta de equivalencia, terminó ganando, empatando, o a veces perdiendo por fallo localista, lo cual habla a las claras de la paridad existente en el boxeo argentino actual entre ganadores y perdedores. Pero además, de un llamativo desconcierto dirigencial en lo evaluativo.

Cuando Jorge "El Gordo" Álvez sufrió su accidente de ring frente al dominicano José Rosa Gómez allá por el '99, se sabía que era un púgil de cuidado, con batallas duras, aunque él –como casi todos- no lo entendiera y quisiera seguir peleando, cuanto más mejor, y en el alto nivel.
Así fue que en una pelea "light" frente a Rosa Gómez, que alternaba victorias y derrotas (25-12-3, 12 KO, hasta ese momento), no hizo falta ni una mano para caer en el 9º, cerca del final del parejo e insulso match. No fue por los golpes de ese día. Lo operaron a tiempo y salvó su vida, pero no pudo volver a los rings.

Haberlo querido cuidar no fue suficiente para un púgil que en su momento fue campeón sudamericano y peleó ante los mejores, con resultados diversos.
Las alarmas que motivan a tener precauciones y bajar de nivel a los boxeadores deben respetarse; tener fuerza de límite, al menos por un prolongado tiempo, y sólo revocarse ante rigurosas certezas médicas.

Eso en el caso de púgiles con rodaje, que de pronto bajan el nivel, o dan señales de fragilidad repentina.

      ADRIAN CHUCKY VERON
Crédito: Facebook Chucky Veron


Pero están los otros, los que dan el salto de golpe, o pelean al filo del reglamento, que no por nada está escrito así, con equivalencias explícitas de peso, edad y cantidad de combates, con sus respectivas distancias.

Es difuso al hablar de niveles boxísticos de los púgiles, que deja a criterio de la Comisión Evaluadora, salvo el caso de la "baja performance", que especifica, es cuando se tiene el 75 % o más de las peleas perdidas, siendo agravante que hayan sido por KO o KOT.

Hay un par de ejemplos en la Era post Luna Park –cuando la FAB tomó las riendas del boxeo argentino- que corroboran que estos recaudos no son caprichosos:

Uno es el caso del "Pitufo" Wilfredo Andrade, que en el '92 falleció en Río Grande tras pelear a 10
vueltas siendo preliminarista, contra un fondista de 82 peleas como Héctor Patri, que era campeón argentino y sudamericano mínimo.

Patri era un veterano de 35 años, y pese a que "no pegaba ni estampillas" -terminó con apenas 9 KO en 88 combates profesionales-, venció por KOT 10 a Andrade, que era un guerrero. Justo en el último round.

La extrema exigencia de pasar de combatir a 3 asaltos de 3 minutos como amateur (ó 5 de 2), a hacerlo a 10 de 3, fue como poner a correr una maratón a alguien que sólo da vueltas manzana. Reglamentariamente sólo podía pelear hasta 6.

Ése esfuerzo acabó con su vida en el vestuario, al que llegó ovacionado y por sus propios medios. Eso, y la violación reglamentaria de leyes sagradas que transforman al boxeo en otra cosa.
En 2008, Ignacio Artime, un púgil que de amateur se veía proclive a recibir excesivo castigo y al que se negaban a darle la licencia profesional, la sacó a los 29 años y monedas, meses antes de cumplir los 30, fecha límite reglamentaria para la tarea.

Y -según se dice- el pacto fue que era para hacer una sola pelea y retirarse para dedicarse a la dirección técnica.

Enfrentó a un debutante como él (Héctor Bordón), y sucedió lo que nadie quería, aunque muchos temían: perdió por KOT 3, no por exceso de castigo, sino por alguna predisposición incompatible. Fue directo al hospital para ser operado. Se recuperó y hoy es DT de boxeo.

Pero los 29 años, más un organismo poco apto para el deporte de contacto, no son condiciones amables para una licencia profesional, por más equivalente que sea una pelea.

El último caso digno de mención -en 3 décadas- de accidentes de ring, es el de Juan Alberto Ríos, que en 2013 se desvaneció en un vestuario de Santa Fe, tras un combate contra el brasileño Leandro Mendes Pinto, de 36 años, quien lo venció por KOT 10.

Ríos era una figurita que venía invicto con 14-0-0, 7 KO, y Menes Pinto, ya sabemos, porque actúa seguido aquí. Tenía en ese entonces 14-3-2, 6 KO y hoy es un probador.

El tema era que Ríos jamás había peleado a más de 6 rounds, y ese día saltó directamente a 10, por un título latino del CMB.  Perdió por KOT, también en el último. ¿Casualidad?

Recordamos todo esto porque el sábado pasado en Neuquén se admitió al entrerriano Alejandro
"La Furia" Ramírez, frente al santacruceño Adrián "Chucky" Verón, joven en ascenso de 18-1-0, 12 KO y manos pesadas. Y Ramírez sufrió el nocaut del año (KOT 3), uno de esos "feos", que pudo haber traído problemas, tras haber caído previamente, también en forma "fea", segundos antes.
Ramírez, de 25 años, poseía 11-2-0, 3 KO, pero sus dos derrotas habían sido antes del límite, ambas durante este último par de temporadas.

Nunca había peleado a más de 6 rounds, y no estaba rankeado en el argentino. Lo hizo por un título latino OMB, debutando a 10 contra una figura. Había caminos más intermedios para ver si estaba listo para este reto sin correr riesgos.


      Embed


Comentarios Facebook