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07 | 11 | 2016
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A 35 años de la histórica marcha de la CGT en dictadura

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La CGT organizó la primera movilización popular contra la dictadura cívico-militar. Saúl Ubaldini fue el líder bajo el lema Paz, Pan y Trabajo. Allí tomó fuerza la consigna: "Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar"

A 35 años de la histórica marcha de la CGT en dictadura
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El 7 de noviembre de 1981, la CGT organiza la primera movilización popular contra la dictadura cívico-militar convocada por el líder cervecero Saúl Ubaldini con el lema Paz, Pan y Trabajo. A pesar del silencio de algunos medios de comunicación, tuvo lugar una masiva movilización de trabajadores desde el estadio de Vélez Sarsfield hasta la iglesia de San Cayetano, ante cuyas puertas fue celebrada una misa al aire libre y por primera vez se coreó una consigna que luego ganaría la calle: "Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar".

Duramente reprimida por las "fuerzas del orden", la marcha obedecía al deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, cuyo salario se había reducido a la quinta parte del que se cobraba en 1974 y cuya participación en el ingreso nacional bajó del 51% de 1975 al 32% en menos de un año.

Numerosos partidos políticos y organizaciones sociales adhirieron a la medida, y a pesar de la fuerte represión, de la intimidación en los medios de comunicación y del sitio establecido por las fuerzas de seguridad, más de diez mil personas participaron de la movilización.

Durante la dictadura cívico-militar producto del golpe del 24 de marzo de 1976 o también autodenominado "proceso de reorganización nacional", Saúl Ubaldini fue parte del proceso que llevó a la unidad a varias corrientes gremiales contra la dictadura y los dirigentes sindicales colaboracionistas o "idiotas útiles, -diría Perón-". Participó de la comisión de los 25 (sindicatos de perfil combativo) que convocaría al primer paro general contra la dictadura. Este proceso derivaría en la fundación de la CGT Brasil, en noviembre de 1980, de la que fue su secretario general, apadrinado por la comisión de los 25, las 62 organizaciones Peronistas y Lorenzo Miguel. Este era el llamado sindicalismo "confrontacionista", pues era todo un desafío al régimen militar.

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Saúl Ubaldini en su despacho


Meses antes de la movilización, en abril de 1981, nació la CGT Azopardo (de la unión de la Central Nacional de trabajadores –CNT- y los 20), con el dirigente de los plásticos, Jorge Triaca a la cabeza (hoy su hijo Jorge es ministro de Trabajo del gobierno macrista), confrontando abiertamente a la creciente figura de Ubaldini y una postura más dialoguista con los militares que se encontraban en el poder.

El ubaldinismo  ya había convocado a una jornada de protesta el 22 de julio de 1981, pero el 7 de noviembre la CGT Brasil, encabezada por Saúl Ubaldini –aunque no se restringió al ámbito sindical-, pudo concretar la primera movilización popular o "Marcha de Protesta" en contra de la dictadura: bajo el lema Paz, Pan y Trabajo convocó a marchar –por las calles de Liniers- desde el estadio de Vélez Sársfield hasta la iglesia de San Cayetano (santo del trabajo de acuerdo al religión católica), donde se habían juntado unas diez mil personas. Los nuevos líderes sindicales, de organizaciones pequeñas, trataban de coincidir con los grupos de base de la Iglesia.

Por primera vez se coreó masivamente una consigna que luego ganaría la calle: "Se va a acabar, la dictadura militar". La represión no se hizo esperar y se demostró que el ala dura de la central obrera se había convertido en el eje de la protesta nacional. El sector liderado por Triaca no adhirió a la masiva marcha, lo que no hizo más que dividir aguas entre los gremialistas.

Ya en 1979 el titular de la CGT, Saúl Ubaldini y otros de sus miembros, organizaron el primer paro general contra la dictadura que se hizo sentir en con mayor intensidad en el Gran Buenos Aires y se llevó a cabo el 27 de abril. Si bien la huelga no consiguió detener al país, logró que, por primera vez desde el año 1976, un gran sector de la población argentina pudiera expresarse contra el régimen. La huelga terminó con represión y trabajadores presos, aunque no alteró los planes de los dictadores; llamó la atención de organizaciones internacionales que llegaron a entrevistarse con ellos para reclamar la libertad de dirigentes sindicales presos.

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