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06 | 11 | 2016
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El hombre que guarda un verdadero tesoro musical

Pablo Quirós
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Por Pablo Quirós


Desde sus 7 años, Enrique Abigador se convirtió en un dedicado coleccionista de discos, fotos y objetos relacionados con la música popular argentina de todos los tiempos, al punto que atesora en su casa 10 mil vinilos de todos los géneros.

El hombre que guarda un verdadero tesoro musical
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Corrían los últimos años de la década del '50, y un chico de 7 años se enganchó con una melodía muy especial. Era un disco simple de Los Cinco Latinos, que le habían comprado sus padres. A partir de allí, Enrique Abigador supo que su camino en la vida iba a estar inevitablemente unido a la música, y en especial a lo más cercano a sus vivencias: todos los géneros argentinos, sin distinción entre tango, rock, folklore o jazz local.

En charla con Diario Popular, Enrique, quien hoy tiene 66 años, está divorciado y tiene una hija con la que comparte emprendimientos comerciales en el rubro de la vestimenta, y que además le dio un nieto, comenta que "me crié en un hogar musical, donde se escuchaba mucho tango" y recuerda que creció en el barrio de Once, y que "frente a mi casa había una calesita, y allí nacen mis primeros recuerdos con la música, ya que pasaban desde tangos hasta nuevos intérpretes juveniles, como Luis Aguilé o Billy Caffaro con su hit 'Pity Pity'".

Pero lo que podría ser una historia común a cualquier melómano tiene en Enrique a alguien que se distingue por la increíble colección de material musical que atesora tanto en su departamento de la calle Anchorena (por si fuera poco, a metros del Centro Cultural Konex, otro reducto musical por excelencia) como en la casa de un amigo, que incluye unos 10 mil discos de vinilo, unos mil casettes y una cifra aún indefinida de CD's, además de un 'bonus track' compuesto por fotos, folletos, programas de música, libros, revistas, videos y DVD's de los más disímiles creadores e intérpretes.

De sus primeros años Enrique recuerda que "en mi casa había un combinado, como el de tantos chicos de aquellos años, y a principios de los '60, descubrí a los cantantes de El Club del Clan, pero entre ellos quien más me pegó fue Palito Ortega, fue el mayor descubrimiento de mi vida, porque sentí que sus canciones se podían destacar de las de los demás artistas y reconoce haber tenido varios autógrafos del "Rey", haber ido a las radios y canales donde actuaba y hasta hacer una guardia en un hospital cuando el músico había sido operado.

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Pese a esta devoción por Palito, Enrique también se deslumbró en la mitad de esa década, cuando aparecieron Los Gatos Salvajes. No duda en afirmar que "a Litto Nebbia le debemos casi toda la creación del rock nacional. Era algo diferente, y con el valor de cantar en castellano, y decir cosas que nos identificaban a todos".

De esos primeros años rescata a intérpretes como Los Gatos, Vox Dei, Almendra, Manal, un poco después Sui Generis, Gieco, Porchetto y más tarde el Charly solista o creadores como Fito Páez, Calamaro y Virus, ya en los '80".

En este sentido, Enrique asegura que siempre pudo conciliar gustos supuestamente opuestos, como los de quienes gustaban del rock y quienes se inclinaban por baladistas más melódicos como Sandro, Sergio Denis o Facundo Cabral, y dice que "a mí siempre me gustaron todos los géneros, desde el rock hasta el beat y lo melódico, sin olvidar el folklore y el tango".

Aunque conserva poco material internacional, Enrique se reconoce fanático de Pink Floyd, y en su breve incursión como periodista, escribió un par de notas sobre la banda en la revista Mordisco.

Enrique sabe que no hay un método para conseguir nueva música o para buscar ese incunable que parece no existir. Dice que "recorrí medio mundo para conseguir música rara, desde Mercado Libre hasta disquerías y galerías de Corrientes, Flores o San Telmo y si hubo que pagar mucho por algo valioso, lo hice" y cita como una figurita difícil a "un disco solista de Miguel Abuelo, que había sacado Mandioca, de sus primeros años".

Una lista con ídolos de todos los tiempos

Una leve recorrida visual por los tesoros que Enrique tiene en su hogar permite descubrir tanto a Hugo del Carril como a Raúl Lavié, también a Hugo Marcel, Julio Sosa, Susy Leiva, Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui o a la gran Mercedes Sosa en la Cantata Sudamericana.

Desde ya no faltan incunables en su tesoro sonoro como "Todo Hoy", de un Rodolfo Mederos más vanguardista o "Entre valles y quebradas", un valioso disco de María Elena Walsh y Leda Valladares, además de otro inhallable como el de la folklorista Martha de los Ríos y su hijo Waldo, y sin dejar de lado el simple de "Balada para un loco" de Astor Piazzolla, de quien atesora mucho material de sus distintas épocas"

Enrique, quien se recuerda como habitué de ciclos radiales como el de Antonio Barros en los años'60 o la Escala musical (donde debutaron muchos grupos del beat y rock nacional) reconoce que "pese a todo, no llevo un registro ni un listado de discos, los tengo bastante presentes en mi mente, pero no descarto hacerlo en algún momento".

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A punto de abrir el Museo de la Música Popular Argentina

Su permanente afición por coleccionar todo lo posible en torno a la música nacional encendió además en Enrique, hace pocos años la idea de crear un Museo de la Música Popular Argentina.

Cuenta que "hice el registro oficial del Museo en la Secretaría de Industria y Comercio, y el proyecto es tener un espacio en el que haya actividades culturales y musicales, desde pequeños recitales acústicos hasta exhibición de discos, Cd's, libros, fotos, memorabilia, documentales y todo tipo de objetos relacionados con el patrimonio de nuestra música".

Enrique amplía que "si todo sale bien, el local, del que solo resta la habilitación, en Rivadavia al 1200, muy cerca de Los 36 Billares, lo queremos inaugurar para el verano". El emprendimiento lo comparte con su amigo Chumi Rimoldi y explica, entusiasmado que "es una planta de 125 metros cuadrados, con sótano, habrá un bar y ya hicimos contacto con varios artistas que prometieron concurrir, como Paz Martínez, Patricia Sosa, Hugo Marcel y Patricia Barone, es decir, de todos los géneros y de todas las épocas".

De algún modo, para Enrique Abigador está sería la continuidad de una actividad de aliento a lo musical más allá de su amor por el coleccionismo. En otro sentido, Enrique también incursionó en otra faceta, la de productor y autor, cuando compuso algunos temas para la cantante de cumbia Melina, una intérprete que grabó un par de discos hace unos años.

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