miércoles 7.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
07 | 11 | 2016
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Selección: soledad e inspiración

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


En vísperas del clásico frente a Brasil en Belo Horizonte por las Eliminatorias para Rusia 2018, la Selección nacional solo puede protegerse y crecer si encuentra fortalezas en el seno del plantel. En la adversidad el jugador argentino suele potenciar su rendimiento. El recuerdo de aquella Copa de las Naciones de 1964 que Argentina ganó en Brasil.

Selección: soledad e inspiración
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Ni el entrenador Edgardo Bauza, ni la dirigencia de AFA encapsulada por el vilipendiado Armando Pérez (un improvisado absoluto que no sabe ni donde está parado), ni los apoyos que puedan surgir de algunos sectores siempre oportunistas pueden tapar lo que estalla a los ojos de cualquier observador: los jugadores de la Selección nacional están descalzos en el parque y a la intemperie. Están solos.

Y tienen que ser exclusivamente los jugadores en los que se deben depositar las ilusiones para encarar lo que resta de las Eliminatorias. Y los dos próximos partidos ante Brasil este jueves en Belo Horizonte y el martes 15 frente a Colombia en San Juan. Hace 52 años, en junio de 1964, la Selección vivió algo parecido. Fue en las vísperas de la Copa de las Naciones que se disputó en Brasil y que finalmente ganó Argentina. En esa competencia que Brasil organizó de alguna manera para reconfirmar su liderazgo futbolístico con Pelé como máxima estrella (bicampeón del mundo en aquel entonces, después de conquistar el Mundial en Suecia 58 y Chile 62), fueron invitados Inglaterra, Portugal y de última Argentina, casi como un clásico partenaire para completar el escenario.


Ese partenaire, sin embargo, obtuvo la Copa de las Naciones con una autoridad inobjetable. Venció a Portugal 2-0 en el Maracaná, 3-0 a Brasil en el Pacaembú de San Pablo y 1-0 a Inglaterra en el Maracaná de Rio de Janeiro. ¿Qué ocurrió para que la Selección que viajó a Brasil casi con el objetivo de no pasar papelones y comerse la menor cantidad de goles posible se reconvirtiera en plena competencia en un equipo duro, templado y muy convencido de sus posibilidades? Se unieron los jugadores (Amadeo Carrizo, Simeone, Ramos Delgado, Rattín, Ermindo Onega, Telch, Mesiano, Prospitti, Rendo y Alfredo Rojas, entre otros) en la más cruda adversidad y aparecieron respuestas individuales y colectivas inesperadas y estupendas.

Brasil tuvo que ver una consagración ajena. Con Pelé jugando en su casa y con Argentina regalándole un 3-0 (un gol de Ermindo Onega y 2 de Telch, más allá de un penal que Carrizo le detuvo a Gerson) lapidario que sorprendió al mundo. El brillante periodista Osvaldo Ardizzone, enviado especial por la revista El Gráfico, escribió sobre aquel partido: "Pelé salió cabizbajo. Quizás avergonzado de su cabezazo sangriento en la cara del pibe Mesiano, que había tenido solo el atrevimiento de marcarlo, de borrarle su genio. Y al Rey no le gusta que lo dominen sus súbditos".
   
Siempre debe quedar en primer plano que ninguna situación es idéntica a otra. Y menos en el fútbol donde cada partido es una aventura irrepetible. Lo que queremos significar es que este cruce inminente ante un Brasil agrandado por los últimos resultados (logró 4 victorias consecutivas en las Eliminatorias bajo la conducción del técnico Tité), va a demandar de Argentina algo parecido a lo que ofreció hace 52 años en el marco de la Copa de las Naciones: en la frontera de la soledad, una mística construida desde un escepticismo generalizado. Y un nivel de juego superador, ahora con Messi integrando el plantel después de varias ausencias por lesión. 

Por eso este partido más que nunca dependerá de las fortalezas anímicas que expresen los jugadores. De sus capacidades para ahuyentar los fantasmas. De la lectura precisa del contexto. Y por supuesto de un crecimiento futbolístico que le imponga a Brasil condiciones desventajosas. Es cierto, nadie gana solo con la camiseta. Pero desconocer su peso revela ignorancia. El respeto que Brasil siempre ha tenido por Argentina se nutre, precisamente, del valor histórico de la camiseta blanquiceleste. De los grandes jugadores que tuvo (Maradona fue la cumbre) y de los jugadores que tiene. Con Messi representando lo mejor.

En más de una oportunidad el Loco Gatti, comentó con la naturalidad que lo identifica: "A los brasileños no les gusta enfrentarnos. Podrán tener un equipazo, pero muchas veces frente a los argentinos los vi cagarse en las patas y jugar menos de lo que pueden jugar. No lo digo por decir. Lo digo por experiencia". Las palabras de Gatti remiten a cierto folklore. O a ciertas imágenes cobijadas por la leyenda. Pero algo de eso hay. La prensa brasileña suele evocarlo. Como, por ejemplo, aquel 1-0 en Italia 90 cuando Caniggia, después de una monumental jugada de Maradona arrancando en campo propio, eludió a Taffarel y eliminó a Brasil en octavos de final.

¿Cuál será la clave del partido? En el fútbol no hay claves. Porque no hay certezas. Nunca las hubo. Lo evidente es que Brasil llega dulce. Y Argentina atrapada por las desconfianzas. Esta postal tan distinta en sus perfiles, igual, no anticipa favoritos. La Selección está sola. Y la soledad en circunstancias complejas, a veces es una buena consejera. Más allá del 4-4-2 que planteará el Patón Bauza. Y de las cuestiones tácticas siempre complementarias. Esa soledad, en definitiva, es la mejor fuente de inspiración del plantel argentino.               

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