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09 | 11 | 2016
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Trump y el deporte, una relación llena de frustraciones

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El flamante presidente norteamericano atravesó casi todos los deportes populares de Estados Unidos. En varios no concretó su deseo de adquirir franquicias, y en otros llevó a una liga entera al funeral.

Trump y el deporte, una relación llena de frustraciones
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Antes de llegar a ser presidente, Donald Trump atravesó una gran cantidad de negocios, de vivencias, de experiencias excéntricas. Su vínculo con el deporte es profundo. Con los cuatro deportes más populares de Estados Unidos —fútbol americano, básquet, hockey sobre hielo y béisbol—, de alguna forma se unió. El denominador común es que jamás cosechó algún éxito.

De chico, Trump jugaba a tres deportes en la New York Military Academy. Hacía baseball, fútbol americano y hasta practicó fútbol durante un año. "Era el mejor, un gran atleta, un gran atleta", dijo uno de sus compañeros. En estas elecciones, los deportistas no lo acompañaron. Lebron James y Stephen Curry, figuras de la NBA, apoyaron públicamente a Hillary Clinton. Mike Tyson y Dennis Rodman, dos figuras polémicas del deporte norteamericano, en cambio, dijeron que querían que ganara el millonario.

      Trump Tyson

Al deporte llegó del otro lado del mostrador. Creó campeonatos de pelea y el Tour Trump, una competencia de ciclismo. Su paso más pesado fue por el fútbol americano. En 1983 adquirió la franquicia de New Jersey Generals, un equipo que participaba de la United States Football League, una liga paralela a la NFL que había comenzado un año antes. Sumó jugadores del torneo principal y planteó competir directamente con la NFL: como la competencia se disputaba en primavera para no pisarse, Trump propuso llevarla al otoño, para pelear mano a mano por el público. La tradición fue más fuerte. En 1986, la USFL cerró.

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En el documental de ESPN 30x30, "Small Potatoes: Who Killed the USFL?", la respuesta se limita a un nombre y apellido: Donald Trump. Su voluntad pudo más que la de la mayoría de los dueños de franquicias, quienes querían mantener los calendarios como estaban.

Más tarde, quiso comprar a los Buffalo Bills, a los New England Patriots. Quedó en rumores.

Aunque es hincha de los New York Yankees, el equipo más popular del país, Trump apostó a comprar los New York Mets, la contra. Pidió una reunión con el dueño. Estaba dispuesto a desembolsar casi mil millones de dólares por quedarse con la franquicia. No concretó la operación. Todavía aparece, de vez en cuando, en el palco del dueño de los Yankees en el Yankee Stadium. Verborrágico, llegó a opinar sobre la sanción a Alex Rodríguez, una de las figuras del equipo en el 2000, quien fue suspendido por drogas. "Habría que echarlo. Sin drogas es un jugador debajo de la media. No sirve", sentenció.

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En la NBA no recolectó ni un dólar en donaciones. Mientras Clinton recaudó cerca de un millón y medio de dólares, los deportistas más altos del mundo no le confiaron ni chirolas a Trump. Quizá consciente del rechazo que despierta en ese ambiente, nunca amenazó con desembarcar con sus dólares. Algunas veces fue a ver a los New York Knicks al Madison Square Garden, o a Los Ángeles Lakers al Staples Center. No mucho más.

Trump alcanzó la presidencia con un éxito opuesto al de Mauricio Macri: fracasos deportivos, malas gestiones en el deporte. Y sin embargo, ahí está.

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