viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Salud
13 | 11 | 2016
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Parkinson: un mal que es silencioso

Guido Gutiérrez Mónaco
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Por Guido Gutiérrez Mónaco


Una asociación civil conformada por personas que conocen esta enfermedad intenta ayudar a otros que también sufren el Mal de Parkinson. La carencia de médicos especialistas en este tema es uno de los problemas que deben afrontar; una vez diagnosticado, se afronta un “momento muy difícil y oscuro”, destacan quienes conocen del tema.

Parkinson: un mal que es silencioso
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 "El sistema de salud argentino en general no está preparado para tratar el Mal de Parkinson porque son pocos los médicos que son especialistas en el tema, y la gran mayoría de ellos reside en Capital Federal, por lo que los enfermos del interior del país deben venir a Buenos Aires para recibir un buen tratamiento", sostiene Nilda Radice, vocal de la organización "Asociación Civil Enfermedad de Parkinson" ubicada en Avenida Corrientes 1785 1º B, quien padece la afección desde hace más de 20 años. Luego, agrega: "Una vez que la diagnostican es un momento muy difícil y oscuro, pero con la evolución en medicamentos y tratamientos que existen se puede sobrellevar de una mejor manera".

Los síntomas se dejan ver en el aspecto físico: "Comienzan temblores, rigideces en partes del cuerpo y problemas para caminar y escribir. Lamentablemente, no hay análisis médicos que sirvan para prevenirlo ni tampoco para saber cuáles son las causas, sino que sólo se utilizan para diagnosticarlo. Uno de los métodos más viejos que se usa es el de llevar la punta del dedo a la nariz porque de esa forma se mide el nivel de temblor que el paciente posee. Al atacar los músculos, es una afección progresiva y degenerativa, la cual se puede tratar con medicación pero aún no se ha encontrado una cura definitiva".

El acompañamiento psicológico es clave para evitar la reclusión que afecte su vida social: "Cuando se diagnostica como poseedor de la enfermedad, es altamente recomendable consultar con psicólogos quienes puedan a aprender a convivir con el impacto que genera verse con movimientos y dificultades para caminar. La contención familiar también es importante porque ayuda al paciente a salir de su casa y no quedarse encerrado por vergüenza o temor al qué dirán. Toda la parte de sostén y apoyo psicológico es fundamental para evitar que se caiga en depresiones que lo único que hacen es empeorar el tratamiento y dificultar las mejoras que se logran con los medicamentos".

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La Fundación ACEPAR trabaja desde hace más de 20 años con los enfermos: "Es un lugar en donde los Parkinsonianos de todo el país pueden acercarse y encontrar un hombro en quien recostarse. Somos gente que vive y padece situaciones similares por lo que sabemos de qué se trata. Entre muchas más cosas, brindamos talleres de psicología, kinesiología, tai chi y foniatría. Tenemos un bono contribución mensual de 100 pesos que es utilizado como fondo común para todas las iniciativas que llevamos adelante. Estamos buscando otros lugares para mudarnos porque ya contamos con 40 pacientes fijos que vienen regularmente a nuestro centro para poder tratarse, porque si bien hay talleres que ayudan a tener una mejor vida, lo distintivo de nuestro lugar es que somos enfermos que conocemos muy bien de qué se trata esta enfermedad y cómo hacer para sobrellevarla de la mejor manera posible".

Para Radice, el hombre enfermo necesita otro tipo de contención: "Con los años y la experiencia, vemos que para los hombres es más difícil afrontar la enfermedad porque tienen que pasar a ser asistidos para hacer muchas tareas, lo que les genera depresión porque ya no se sienten seguros como el sostén de la familia. A esto se suma que tanto mujeres como hombres con Parkinson no son aceptados en el mercado laboral, por lo que pasan a depender de alguien más en la familia que los debe ayudar, tanto desde lo económico como en cuestiones cotidianas".

Si bien hay intervenciones quirúrgicas para tratar la enfermedad, Nilda Radice opina que "en los casos que vi, puedo afirmar que no sirven. Conozco muchos ejemplos en que las operaciones son dramáticas y muy complejas porque insertan un chip con batería en el cerebro, el cual tiene que ser actualizado una vez por año, y luego del sufrimiento que implica la intervención, todos los pacientes que conozco salieron con más temblores y más retorcidos".

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