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Historias de vida
12 | 11 | 2016
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"El judo es una novia que te enamora para siempre"

Pablo Quirós
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Por Pablo Quirós


Para Juan Carlos Uequín, el arte marcial es su segunda piel. Desde chico se sintió atraído por este deporte y se convirtió en uno de sus principales maestros, tanto en la competencia como en su actividad arbitral a nivel mundial.

El judo es una novia que te enamora para siempre
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Dentro de la historia de las artes marciales, el judo ocupa un lugar muy especial, no sólo en el mundo sino en Argentina, por su componente humanista y filosófico. Con más de 60 años vinculado a este deporte, Juan Carlos Uequín, un santiagueño de pura cepa orgulloso de su origen e hijo de un comerciante de cueros, define al judo como algo "que se mete en nuestra sangre, y de lo cual uno termina enamorado".

Apasionado por esta disciplina, Uequín nos cuenta que desde muy chico se sintió atraído por el judo, actividad que practicó no solo como deportista, participando en numerosos torneos nacionales y mundiales, sino que también ejerció durante varios años como árbitro, siendo una de las figuras más prestigiosas en esta función, especialmente en varios Juegos Olímpicos.

Desde su departamento en pleno barrio de Caballito, donde vive junto a su esposa, Juan Carlos se sumerge en los recuerdos sobre toda su historia deportiva, y contagia aún a quienes no son habitués de esta disciplina que requiere concentración pero también un profundo sentimiento espiritual.

Llegado desde muy chiquito desde su querido Santiago del Estero, por razones de trabajo de su padre, un comerciante de origen libanés, también estuvo unos años en Córdoba. Pero fue en Buenos Aires donde para Juan Carlos se despertó el bichito de la lucha.

Recuerda que "en el colegio, como todos los chicos, nos peleábamos, pero yo tenía un sistema particular, ya que no pegaba ni golpeaba, con la cabeza lo agarraba al otro y lo apretaba en el suelo, algo que me hizo notar un maestro".

Tampoco deja de recordar cuando, deslumbrado, su papá lo llevaba a ver, a los 11 años, Titanes en el Ring, donde un amigo de él, Ali Bargach, peleaba contra Karadagián. "Yo veía cómo preparaban los saltos y las caídas, era todo actuado pero lo hacían tan bien que parecía real".

De ahí en más todo fue un largo romance con este deporte: la llegada al club San Lorenzo de la mano de su hermano, cuatro años mayor, tras un breve tiempo en el que jugó al fútbol en las inferiores de Boca, pero para su padre "era muy profesional y me aconsejó que me iniciara en el judo". Pese a su baja estatura, se ganó la confianza de quien seria su profesor, Takami Nisisaka, uno de los mejores que hubo en el país.

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Mientras tanto, trabajaba junto a su padre en una barraca en Avellaneda.

Verdadero hombre record, con 63 años de actividad en el judo, en 1958 representó a Argentina en los Panamericanos de Brasil, en 1960 en el Sudamericano de Mar del Plata y en 1963 se retiró, luego de realizar una campaña de alta competencia, donde muchas veces tuvo que enfrentar a adversarios que pesaban hasta 120 kilos, ya que hasta entonces no había peleas de acuerdo a categoría por peso, y esto le trajo consecuencias en su espalda. Recuerda que "tiré a dos adversarios, a Forti, que pesaba más de 100 kilos, y a otro rival de 140 kilos, y yo no pesaba más de 60".

Pero otra de sus tareas trascendentes fue como árbitro, llegando a ser juez olímpico en Los Angeles en 1984, y donde arbitró a Yamashita, uno de los más famosos judokas del mundo, y que hoy es titular de la Federación Internacional.

Además, participó en varios torneos mundiales hasta 2005 cuando se retiró, y en ese transcurso estuvo en 1989 en Yugoslavia, poco tiempo antes que muriera el mariscal Tito y el país se desintegrara. También estuvo en el mundial junior de 1986 en Roma, y en 1995 "fui como delegado y árbitro, junto a 14 atletas, entre hombres y mujeres, y organicé todo, estuvimos 15 días en Francia, Austria y en la ciudad de Munich".

7 libros, charlas y exhibiciones

Juan Carlos comenta que "escribir seis libros sobre la Historia del Judo representa un arduo trabajo, ya que requiere muchas horas en bibliotecas y archivos, pero lo hago con ganas. Intento reflejar todo sobre la historia y los lugares, rescatando en especial a los viejos maestros, y lo hago por décadas. Desearía que otros tomen la posta y sigan escribiendo sobre lo actual, para que esto no se pierda. Y ahora ya estoy encarando el 7º tomo".

Mientras tanto, Juan Carlos no deja de transmitir sus experiencias y conocimientos a través de charlas y exhibiciones, y ostenta otro record: "de mil certámenes que se hicieron a todo nivel, calculo haber faltado a diez. Yo me siento como un pez en el agua, y siento el afecto de todos cuando me ven".

De algún modo, Juan Carlos tiene una definición muy especial sobre su actividad: "el judo es como que estoy enamorado, es la pasión, de dos novios que se quieren y respetan. Están los amigos que uno cosechó. Soy generoso, pero este cariño me llena el ego".

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