martes 6.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
13 | 11 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

Selección fuera de control

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


El 1º de septiembre de este año, Argentina derrotó 1-0 a Uruguay en Mendoza y aunque no conformaba, no daba señales potentes que todo podía venirse en banda. Sin embargo ocurrió. La Selección no solamente comenzó a perder partidos. Perdió su foco futbolístico. El desafío ante Colombia se perfila como un encuentro crucial.

Selección fuera de control
Foto: AP
Foto:

¿Alguien sospechaba antes y después del 1-0 a Uruguay de hace dos meses y medio que la Selección podía padecer lo que hoy está padeciendo en las Eliminatorias para Rusia 2018? Nadie. Aquel que diga que lo pensaba, por lo menos no lo expresó por aquellos días con la crudeza ni la claridad suficiente. No estaba en el horizonte el colapso. O algo cercano o muy próximo a un colapso.

Ese 1-0 a Uruguay, en Mendoza, con gol de Messi y que significó el debut de Edgardo Bauza como entrenador de Argentina, de ninguna manera dejaba ver o traslucir lo que se precipitó después en resultados desfavorables (cuatro partidos, dos empates ante Venezuela y Perú, dos derrotas frente a Paraguay y Brasil, cuatro goles a favor, ocho goles en contra y sobre un total de 12 puntos en disputa apenas sumó 2) y en un nivel de juego desalentador. 

¿Qué pasó? Entre otras cosas, se lesionó Messi y se ausentó de la Selección durante tres partidos y volvió con Brasil. Pero lo peor fue el desorden generalizado que ganó al equipo. Nada se mantuvo en pie. Imperó el caos adentro de la cancha. Y la búsqueda de la salvación individual que, en general, siempre suele finalizar de la misma manera: no se salva nadie. Ni aún los que acreditan ciertos liderazgos.  

Esa búsqueda de la salvación individual no indica otra cosa que la cercanía de un naufragio inminente. Que puede darse o no. Pero los jugadores lo advierten, lo adivinan, lo imaginan y lo interpretan. Y aunque durante su carrera hayan sido muy solidarios y generosos para jugar al fútbol, los mecanismos de autodefensa actúan con naturalidad. Y cada uno hace la suya, lo que en el fútbol es fatal en cualquier circunstancia. Porque delata los momentos críticos que atacan a un equipo. En este caso a la Selección.

LEA MÁS

      Embed

Para superar esos momentos críticos se precisan respuestas formidables. La pregunta es una sola: ¿la Selección puede ofrecer en lo inmediato una respuesta formidable? No lo parece. Le quema la pelota a la Selección. Siente demasiado la presión de afuera y de adentro. Y esa presión que no logra metabolizar captura todas las mediocridades. Por eso la pelota rebota en el pie de Higuaín y se pierde, se escapa del control de Di María, se aleja del Kun Agüero, se desvanece en un envío largo e inútil de Mascherano y se muere de aburrimiento cuando pretende salir desde el fondo tocando lo que Otamendi y Funes Mori no pueden tocar. Porque no están habilitados técnicamente para hacerlo.

Está en emergencia la Selección. Lo planteó Messi (un líder que no es tal por su propensión a caerse anímicamente) poco después de la paliza de Brasil: "No sabemos a qué jugamos". No quiso Messi sacudirlo al Patón Bauza con esa observación, pero sin querer, lo sacó a bailar. 

No saber a qué jugar es lo peor que puede ocurrirle a un equipo. Es estar en banda mientras se suceden los hechos. Es no partir de ningún lugar. Es estar agarrado de las paredes. Y esperar que pase la tormenta abrigando la esperanza de un regreso. 

¿Por qué llegó a esta situación Argentina luego de la aceptable victoria 1-0 ante Uruguay? Porque algunas adversidades que sufrió en los partidos posteriores frente a Venezuela, Perú y Paraguay la enfrentaron a un espejo cruel que le devolvió imágenes que el plantel no esperaba. No se creían imbatibles los jugadores. Pero se creían más plenos y hasta quizás mejores de lo que en realidad son. Y la actualidad les mostró el escenario de la decadencia. Inevitable decadencia. En algunos atada al reloj biológico, en otros a un componente anímico.  

Por eso hoy están para comerse una boleta frente a cualquiera. Incluso ante rivales potencialmente inferiores. El fútbol nunca perdonó la duda. Dudar es un excelente ejercicio intelectual. Pero dudar jugando al fútbol, como por estos días lo hace la Selección, es un inexorable pasaje a la intrascendencia. Y dudan todos en la Selección. O casi todos. Y duda también el Patón Bauza para formar el equipo. Para sacar y poner jugadores. Para armar una estrategia. Para proponer algo que no se manifiesta. Porque los miedos nunca fueron ajenos al fútbol. Siempre estuvieron. 

Todas las dudas y los miedos juntos simbolizan el desconcierto que se produce cuando todo parece fuera de control. El cruce ante Colombia en San Juan pondrá a prueba la dimensión de las reservas anímicas que la Selección todavía conserva. O debería conservar. Messi, por lo pronto, les pidió paciencia a los hinchas. Sabe que un contratiempo eventual en el partido puede abrir un frente de conflicto. Y una resistencia explícita de la gente. 

Camina sobre las brasas Argentina. Con más o menos cambios en relación a la aplastante derrota contra Brasil. Cambios que tendrán que institucionalizarse cuando se reanuden las Eliminatorias en marzo próximo frente a Chile con o sin Bauza en el banco. Cambios que deberían haberse hecho antes de manera progresiva. No se hicieron. Y ahora hasta los aptos pueden caer en desgracia.

      Embed

Comentarios Facebook