domingo 4.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
16 | 11 | 2016
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Messi y aquella lección de Cruyff

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Era imprescindible para la Selección conquistar una victoria. Y la victoria llegó a partir de una producción brillante de Messi que el equipo supo acompañar en una circunstancia muy compleja. Los factores anímicos que explican los rendimientos. La influencia de Banega y Pratto. El recuerdo de Johan Cruyff y Rinus Michels.

Messi y aquella lección de Cruyff
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"Cruyff le presta su talento al equipo". Estas palabras  las pronunció en alguna oportunidad Rinus Michels, entrenador de aquella maravillosa selección de Holanda que deslumbró al mundo en Alemania 74.

Cruyff, fallecido el 24 de marzo de este año, encarnaba la síntesis perfecta del talento. Messi, en el 3-0 fundamental ante Colombia en San Juan, también le prestó su talento al equipo. Es cierto, no definió un campeonato la victoria argentina. No conquistó ninguna medalla la Selección. Pero no se puede desconocer ni relativizar el contexto. La influencia del contexto, después de la durísima paliza de Brasil recibida el último jueves.

En el marco de ese contexto adverso y de tono por demás dramático, el triunfo frente a Colombia adquiere un relieve más significativo. Así lo vivieron los jugadores y el técnico Edgardo Bauza, en directa colisión con la prensa. Pero la realidad es que no importan tanto estos choques o estas diferencias con determinados sectores del ambiente. Lo que importa, sobre todo, es la recuperación futbolística y anímica que expresó  la Selección en un momento muy delicado y crítico, cuando parecía quedar en el abismo.
 

      Argentina COLOMBIA



No son nuevas estas situaciones de conflicto que al hincha común no le interesan, aunque pueda participar más o menos desde afuera. El auténtico conflicto que manifestaba la Selección era con el fútbol que jugaba. O que no jugaba, en definitiva. Era el fútbol ausente. El juego ausente.
 
Hasta que algo apareció. Y fue Messi el que apareció para iluminar la noche de San Juan con una actuación espectacular. De allí el recuerdo de las palabras que Michels le dedicó hace unas décadas a ese fenómeno del fútbol mundial que fue Cruyff: "Le presta su talento al equipo". Porque eso hizo Messi: le prestó su talento al equipo. Y el equipo encontró lo que no venía encontrando: el desequilibrio ofensivo, el gol y la tranquilidad que dan los goles para ganar en confianza, soltura y seguridad.
 
Este Messi determinado y agresivo que se vio en plenitud en la jugada que derivó en el tercer gol que conquistó Di María casi sobre el cierre del partido, fue consecuencia directa de todo lo que había jugado Messi en los minutos anteriores cuando decidió el rumbo del encuentro en participaciones explosivas.
 
Ese Messi monumental en el golazo infernal que clavó de tiro libre a los 10 minutos del primer tiempo fue el combustible anímico que la Selección estaba reclamando. Porque los factores anímicos le suben o le bajan la temperatura futbolera a cualquier equipo. Un gol en contra como el que recibió contra Brasil dibujado por Philippe Coutinho derrumbó a Argentina. Un gol a favor como el que convirtió Messi frente a Colombia precipitó respuestas individuales y colectivas más inteligentes, más serenas, más compactas y más confiables.
 
      Argentina COLOMBIA



Y aunque lejos estuvo de construir una producción estupenda, mostró una versión mucho más acorde a sus antecedentes. En esta superación expresada con claridad en los rendimientos, el gol que anotó Messi liberó lo que estaba muy reprimido: la angustia y la ansiedad que padecía el equipo. Y que siempre condiciona todas las conductas. Hasta de los que parecen impermeables a las críticas más duras o más laxas. Pero en un ambiente tan sensible a las vulgaridades mediáticas, nadie es impermeable a las descalificaciones.
 
Pretendió unirse la Selección fuera de la cancha. Y lo concretó después del partido cuando Messi anunció que no iban a tener contacto con el periodismo. Esa unión reivindicada pudieron volcarla en la cancha. ¿Cómo lo hicieron? El equipo fue encontrando en el desarrollo más solidaridades. Siempre a partir del gol de Messi. Solidaridades efectivas, aún sin que el reaparecido Banega haya disputado un encuentro brillante. Pero Banega tiene que tener un lugar en la Selección. Por una razón esencial: sabe con la pelota. Aunque a veces demore los tiempos de la entrega y comprometa la salida. Pero sabe administrar, tocar, gambetear. Siente ese fútbol. El de la circulación. No el de los pelotazos. No el de las corridas siempre verticales. Entonces sin jugar para el aplauso, ordena al equipo. Lo serena. Le otorga una pausa. Le da pase.
 
Cuando Pratto (bien para salir y entrar de la jugada) después de un centro magnifico de Messi metió un formidable cabezazo goleador y quirúrgico al segundo palo, Colombia se rindió, aunque James Rodríguez y Falcao intentaran resistirse desde la impotencia.
 
Argentina ni sufrió en el complemento. Ni por arriba ni por abajo. Messi continuó prestándole su talento al equipo. La jugada que protagonizó en el tercer gol que le sirvió en bandeja a Di María a pasos del arco no fue otra cosa que un testimonio elocuente de su generosidad. Pudo hacerlo Messi en el primer palo o en el segundo. Pero se lo regaló a Di María, como el abrazo posterior, sellando algo más que un festejo circunstancial.
 
El cierre del año para la Selección la encuentra ahora en las Eliminatorias en zona de repechaje. Quinta detrás de Chile, a la que recibirá en la Argentina en marzo de 2017. Las aguas muy turbulentas bajan por estas horas sin desbordes. Ganó 3-0 la Selección. La rompió Messi ante un rival importante. ¿Cuánto hacía que esto no ocurría? El Patón Bauza respira tranquilo. El triunfo le dio aire. Su tarea quizás recién empieza.          


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