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16 | 11 | 2016
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"Nafta Súper" por dentro: la serie del conurbano en primera persona

Camilo de Cabo
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Por Camilo de Cabo


El "spin off" de ocho capítulos de Kryptonita llega esta noche a la pantalla de Space y uno de los guionistas cuenta pormenores y escenas de la filmación. "Yo fui barrabrava de Almirante Brown", se jacta nuestro cronista

Nafta Súper por dentro: la serie del conurbano en primera persona
El Superman vernáculo de "Nafta Súper". Fotos: Gentileza Space
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Llego temprano a las instalaciones de Alcoyana, en Munro. Es la anteúltima jornada de rodaje de "Nafta Súper" y no hay tiempo que perder. Camino por los galpones gigantes de esta fábrica textil devenida cooperativa de trabajo hasta llegar a una especie de pasillo, donde la cámara ya está lista para empezar a filmar. El director de fotografía, Mariano Suárez, y Pablo Marini, director y coreógrafo de escenas de acción, charlan sobre la escena que se preparan para rodar: un ambicioso plano secuencia en el que Ráfaga, el Flash de La Matanza, el hombre más rápido del Oeste, se enfrentará solo contra unos ocho peligrosos maras. Miro hacia un costado y... los extras que oficiarán de pandilleros son cuatro. La magia del cine. Y la TV, en este caso.

A lo lejos, veo llegar a Ráfaga. Y a otro Ráfaga. "Bien: me pusieron uno de mi altura. Si no, me ofendía", dice Diego Cremonesi, el Ráfaga original, sobre el otro. "Pero este es del Lobo", le retruca en broma un técnico acerca de su doble, pinchando su orgullo Pincha. Cremonesi ríe. Quizás porque sabe lo que el pobre pibe va a tener que transpirar la camiseta en la pelea que vienen a filmar.

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Primero, Cremonesi baja por una escalinata. Dice una línea de diálogo y da un paso. La cámara gira y enfoca a los maras, listos para dar batalla. Después, cuando la cámara vuelve, Ráfaga ya no es Cremonesi, sino su doble. El muchacho, que de tan parecido podría ser el hermano menor del actor platense que se hizo famoso con "Kryptonita", empieza a repartir y a bajar muñecos. Entre piñas, patadas y saltos, el doble de Cremonesi avanza por el pasillo para enfrentarse a más extras. Los que ya cayeron, se levantan rápido cuando quedan fuera de cuadro y corren a la otra punta del pasillo para aparecer como nuevos maras. La magia del cine y la TV se logra con mucho esfuerzo. Ráfaga los vuelve a bajar y, cuando llega al final del camino, la cámara lo enfoca otra vez de frente y muestra el rostro de Cremonesi, que recupera su personaje una vez finalizada la tarea del doble.

Es una coreografía precisa y compleja. A tal punto que, claro, hay que repetirla. Muchas, muchas veces. "El plano secuencia de la pelea de Ráfaga con los maras fue una idea de Suárez, que quiso hacerlo porque le había gustado mucho uno que aparece en la serie de Daredevil de Netflix", recuerda tiempo después Marini, sobre el origen de una de las escenas de acción más trabajadas y que, de seguro, más impacto generarán de "Nafta Súper". "Hubo un laburo en conjunto muy bueno con Pablo y con quien fue mi doble. Trabajamos mucho en equipo, porque era un plano muy difícil con varias entradas y salidas. Fue hecho bastante a pulmón, más allá de lo que se piense", rememora, también después, Cremonesi.

En el medio de ese arduo proceso, decido ir a la segunda locación, también dentro de Alcoyana, donde el capítulo final de la serie sigue filmándose. Llego y veo al Faisán peleando contra el Cabeza de Tortuga, ante la atenta mirada del director Nicanor Loreti. Me acercó a él y pispeo la toma en el monitor. Loreti sigue cada golpe en la pantalla tirando onomatopeyas, sonorizando con su voz cada piña y patada, emocionadísimo.

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Todos sonreímos. "¡Corte!", grita, y Darío Lopilato y Pablo Pinto (o sea, el Faisán y el Cabeza de Tortuga) dejan de actuar y corren hacia la cámara para ver cómo quedó todo. "Vas a tener que cobrar de nuevo", le dice Loreti a Lopilato, al ver que una parte del plano quedó desprolija. Darío sonríe resignado. "Saben que lo odio -nos dice-. Encima me hizo cortar el pelo. El verdulero ya no me conoce... ¡Las chicas tampoco!". 

Camino unos metros hacia otro de los galpones y veo a lo lejos a Lautaro Delgado. Viste la ropa de Lady Di, menos la peluca. Está solo, tiene puestos unos auriculares y practica con un látigo. Tira un latigazo. Dos. Tres. Acierta todos los golpes sobre una cruz dibujada en una pared. Me acerco, nota mi presencia y me saluda. Le pregunto qué está escuchando y me dice que los Redondos. Lo devuelvo a su concentración y me alejo. Escucho otro latigazo detrás de mí.

Vuelvo al pasillo de los maras y los Ráfagas. El doble noquea a un rival, pero antes de que Cremonesi tome su lugar Marini grita el corte. Algo salió mal y hay que hacer todo el plano secuencia de nuevo. El doble y los extras recuperan el aliento y se secan la transpiración mientras el equipo vuelve a preparar la cámara y la toma. "No sé cuántas hicimos ya. Pero el doble está muerto", me dice Nicolás Galvagno, guionista, productor, director y actor, que en esta ocasión encarna a uno de los pandilleros. La magia del amor al cine. Lo dejo descansar y vuelvo a la segunda locación.

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Allí, ahora, Lady Di le enlaza el brazo al Cabeza de Tortuga, impidiendo que remate al Faisán. Es una toma simple que no requiere de una destreza especial con el látigo, pero el dominio del mismo por parte de Delgado es notorio. No por nada acertó todos los golpes en la cruz. "¡Corte, queda!", grita Loreti, y los actores abandonan sus posiciones. De pronto, uno de los técnicos de la otra unidad le avisa que creen que, por fin, salió bien el plano secuencia

Casi corriendo, retornamos al pasillo de los maras y los Ráfagas. Y encontramos una multitud frente al monitor. La pantalla muestra a Ráfaga venciendo a unos ocho maras de manera espectacular e impecable. El atento silencio se convierte en un estallido de aplausos, festejos y felicidad cuando termina de reproducirse el plano. "Obvio que queda", confirma Nicanor para el alivio de los extras. Cremonesi felicita y abraza a su doble. Parece como si se estuviera abrazando a sí mismo. Y pienso que todos deberían hacerlo.


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Cuando termine todo esto, voy a poder contarles a mis amigos, y capaz a mis hijos y nietos, que yo le pegué al más poronga. Sí, yo. Eso pienso esa tarde de julio, vestido con la camiseta y el gorro que me dieron para hacer de barra de Almirante Brown. Eso pienso antes de la segunda toma de la escena para la que me convocaron, del capítulo 4 de "Nafta Súper". Antes de volver a darle para que tenga a Ariel Staltari. El rollinga Walter de "Okupas". El más poronga. Antes de volver a darle, también, a Jorge Sesán. Miguel (también) de "Okupas". Otro poronga.

Esta vez, Staltari y Sesán son barras de Laferrere. Y Bruno Luciani (guionista del episodio para el que estamos actuando), Juan Pablo "Astilla" Domínguez (uno de los mejores periodistas de rock del país), Ezequiel "Pini" Piñeyro (productor, guitarrista de Bolsa y excelso chef), un integrante de la comisión directiva del club Almirante Brown (que aportó parte de la indumentaria para la escena) y yo somos de "La Fragata", su eterno rival. Así que cuando Nicanor Loreti vuelve a gritar acción, nosotros volvemos a darnos. Fue un desigual cinco contra dos, lo admito. Y, nobleza obliga, se la bancaron. Pero bueno, no eran unos simples hinchas del "Villero". Por algo también son Linternas Verdes del Conurbano.

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"En esa escena ligué de verdad
. No sé quién me puso un patadón en la rodilla que me dejó verdaderamente averiado. Pero la recuerdo con mucha gracia", cuenta el propio Staltari, confirmando lo que cuento a mis posibles futuros descendientes. "En realidad en las intervenciones que tuvimos en ese capítulo noté que todo el equipo técnico se reía bastante. La reacción de los técnicos es como un termómetro para los actores de televisión y cine. Es más o menos el indicador de lo que después le llega al espectador. Así que es un buen augurio de lo que puede llegar a generar el capítulo y la serie en general", dice también. Y me retrotrae a la sensación que tuve mucho antes, cuando Loreti y Leonardo Oyola me contaron de qué iba la serie en general, y qué iba a pasar en ese episodio en particular. Antes de saber que iban a estar Staltari, Sesán, Darío Lopilato, ni mucho menos yo. Antes, incluso, de que los guiones estuvieran escritos. De que todo esto que se llamara "Nafta Súper". 

"La historia va a transcurrir diez meses después de aquella noche en el Hospital Paroissien que se cuenta en la película. Y si el parámetro en la peli era, de alguna manera, 'Asalto al Precinto 13', en ésta va a ser 'The Warriors'", nos dijo a principios de año Oyola a todos los que integramos el equipo de guionistas, recién conformado para ese momento. A esa altura, yo ya sabía varias cosas. De qué se trataba la serie y cada capítulo. Que yo iba a escribir el 2 y el 6. Que Lopilato iba a reemplazar a Nico Vázquez (el único actor de "Kryptonita" que no iba a volver para "Nafta Súper"). Que él iba a ser el protagonista del capítulo 4. Que ese capítulo la iba a romper.

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Esa fue la sensación que tuve. Y esa es la sensación que el propio Lopilato tiene, pero respecto a la serie en general. "Creo que no me equivoco al decir que Nafta Súper va a ser un antes y un después en la tele. De verdad lo digo. La manera que tiene de contar es única. Es el único unitario así hasta el momento en Argentina". 

"¡Corte, queda!", grita Loreti. Y Staltari, Sesán, Bruno, Pini, Astilla, el de Almirante Brown y yo frenamos. Y nos reímos. Y nos saludamos. Camino unos pasos y me alejo de mis compañeros y rivales de barra. Lo primero que hago es agarrar el celular. WhatsApp. Grupo "Los Pibes". Adivinen a quién le pegué.

 
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Llego tarde a las instalaciones de Alcoyana, en Munro. Es la última jornada de rodaje de "Nafta Súper" y, a pesar del horario vespertino y el cansancio acumulado de más de dos meses de filmación, tampoco hay tiempo que perder. En vez de los galpones gigantes de esta fábrica textil devenida cooperativa de trabajo, esta vez atravesamos las calles que los rodean. A pesar del horario vespertino, el cansancio acumulado y el frío invernal bonaerense, la última jornada se filma en exteriores.

Llego a una especie de callejón y veo a Cremonesi, rodeado por gran parte del equipo técnico y frente a la cámara. Me acerco y Leo Oyola me recibe con un abrazo y una petaca de whisky. Le doy un trago y se la paso a otro. Le da un trago y se la pasa a otro. Y así. El calorcito en la panza y el pecho nos dura sólo unos segundos. Resignado a un posible futuro resfrío, observo la escena que se está filmando: una caminata a la que, en posproducción, se le agregará una voz en off. "La primera escena que filmamos fue con el Ráfaga y hoy terminamos la serie también con él -me cuenta Oyola-. Tenía que ser así".

Minutos después estamos en una especie de casa abandonada, inundados por un humo falso. Parece la casa del final de "El Proyecto Blair Witch", pero es otro galpón abandonado dentro del predio de Alcoyana. Uno muy derruido y tenebroso. Pero en "Nafta Súper" será una capilla. Tétrica, pero capilla al fin. Adentro, Nicanor Loreti le da directivas a parte del equipo técnico y a unos niños actores que están a punto de representar una de las escenas de un flashback del capítulo 3. Es la última escena del rodaje total de la serie, y la ansiedad es grande. Todavía más cuando se hacen presentes los principales directivos de Space.

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"Cómo le va, jefe", saluda Nicanor a Marcelo Tamburri, el "Channel Manager" de la mencionada emisora y vicepresidente de Turner Latinoamérica. Después, sigue con lo suyo. "La verdad que todo el proceso fue maratónico -me confiesa Tamburri, sin desviar la mirada de lo que sucede en el set-. En febrero empezamos con los guiones, a fines de marzo los aprobamos y ahí arrancamos la preproducción. Después, en mayo, empezamos el rodaje. Hasta hoy, que estamos a principios de agosto. En general, hacer una serie lleva más de un año, y nosotros la vamos a tener en ocho meses". Atento a algunos movimientos en la filmación, hace una pausa. Después, completa: "Esperemos que toda la energía y el gran trabajo que todo el equipo hizo en el rodaje se vea plasmado en el producto final". 

El asistente de dirección Martín "Oso" Armoya pide silencio. El último de todos. Cremonesi, como siempre, está listo y en posición. El humo lo rodea y se le mete adentro de su emblemática capucha roja.

"¡Acción!".

Cremonesi dice sus líneas. Las últimas. Nos late el corazón muy fuerte. A todos. Termina. Traga saliva. Silencio. Todos menos Cremonesi miramos a Loreti.

"Corte".

"Queda".

Y sonreímos. Todos. Y aplaudimos. Felicitamos. Abrazamos. A uno. A otro. A todos. Cuando me toca con Leo Oyola, me acuerdo de las noches en vela escribiendo. De las charlas. De los brindis. Y el nudo en la garganta aparece. Cuando me toca con Nicanor, me acuerdo de aquella noche en Angelito de Villa Crespo, cuando me propuso escribir juntos su segunda película. El nudo ya es marinero. Alguien me da un trago de algo. De lo que sea. Tomo. La bebida me devuelve a la tierra. Me doy vuelta, y veo a Tamburri felicitar a Oyola. "Cincuenta por ciento del trabajo hecho", le dice. Y caigo que, al menos en mi caso, sólo resta esperar.


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Casi tres meses después, por fin, llega el 16 de noviembre de 2016. La espera terminó.  
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