lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
16 | 11 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

Opinión | Fama o prestigio, el laberinto del periodismo deportivo

Nicolás Rotnitzky
0
Comentarios
Por Nicolás Rotnitzky


Los jugadores de la Selección estallaron tras la victoria ante Colombia y decidieron cortar la relación con la prensa. Repensar el oficio y su responsabilidad es un debate impostergable al interior de las redacciones

Opinión | Fama o prestigio, el laberinto del periodismo deportivo
Foto:

Hace algunas semanas, el jefe de prensa de un equipo nacional criticaba a los periodistas deportivos. Nos decía, mientras esperábamos por un protagonista, que representan la peor calaña del periodismo. Había trabajado en la parte de comunicación de una figura política rutilante y nos contaba que los cronistas políticos eran más moderados. Que tenían códigos. Que la malicia, entre una gran porción de aquellos que cubren fútbol, es denominador común.

Hubo un instante fugaz en el que periodismo deportivo se oscureció como si un fuerte apagón infectara al oficio. Algunos periodistas dejaron su lugar como actores de reparto y empezaron a disputar el centro del ring con los protagonistas: los jugadores, los técnicos, los dirigentes. Mostraron los dientes, afilaron las uñas y pujaron como animales salvajes por la atención.

La escena de anoche es el ejemplo perfecto. Mientras Lionel Messi corría con una estela por San Juan y convertía un tiro libre surrealista, digno de Dalí, un grupo de periodistas pequeño en cantidad pero poderoso en influencia se quejaba de la decisión del plantel de no hablar más con la prensa. Todo eso sucedió media hora después del partido. Uno llamó al otro y lo entrevistó al aire, como si fuesen dos jubilados afectados por el corralito que necesitan defenderse juntos. Dejaron el análisis del encuentro —del juego— en segundo plano. Lo importante, para ellos, era lo otro: que ahora se les cortó el vínculo con los futbolistas.

      Embed

En el fondo, aunque griten como si estuviesen ahogándose en un río revuelto, adoran esta situación. Disfrutan posicionarse como víctimas. Ser víctima, parece, trae audiencia. Toti Pasman sabe cómo capitalizar el ataque de una figura. Martirizado por Diego Maradona, aprovechó el insulto para sacar un libro y se posicionó en los medios de comunicación como un tira bombas. Martín Liberman sacó pecho cuando la hermana de Messi le dedicó el triunfo, como si en esa respuesta del círculo cerrado del rosarino radicara su éxito. Hace una semana, Alejandro Fantino, Gustavo López y Gabriel Anello le dedicaron una hora de sus respectivos programas a contestarle a Edgardo Bauza por una respuesta que los afectó: el técnico se había quejado de los periodistas que llamaban "ratas" a los jugadores. Ellos sostuvieron con la tenacidad del necio su postura.

La decisión de los jugadores —hartos de las críticas despiadadas, de la agresión a la vida privada— debe servir, puertas afuera, para que los consumidores de medios filtren al periodista que trabaja honestamente, que persigue las historias o analiza con calidad y altura, del operador, del gritón, del interesado en crispar el ambiente para llenar horas de aire hablando de la nada misma.

Pero puertas adentro debe sonar con fuerza, como la alarma de un cuartel de bomberos. Tenemos que preguntarnos qué tipo de periodismo estamos haciendo. El periodismo se convirtió en un show nefasto. Hoy cualquiera es periodista. Hoy cualquiera con la caja de ahorro abultada puede comprar un espacio en la radio más escuchada del país, tener un micrófono abierto durante dos horas todos los días y decir lo que quiera, lo que se le ocurra, sin sufrir ningún tipo de consecuencias. La consecuencia, esta vez, la impusieron los futbolistas. ¿Es justo que la única chance que tenga un jugador de frenar la avalancha de mazazos sea llevar a cada periodista, uno por uno, a la Justicia? ¿Acaso un futbolista que se desempeña en Europa tiene que estar pensando en afrontar causas judiciales para detener las agresiones feroces?

Es momento de repensar la profesión. Los periodistas somos comunicadores sociales. Lo que decimos provoca un impacto mayor que un comentario dicho durante la sobremesa de un asado. El periodista no es vehículo. Tampoco es imprescindible. Es, simplemente, un extra del espectáculo. Los jugadores seguirán hablando y prescindirán del periodismo. Usarán las redes sociales para comunicarse con la gente. ¿O algún hincha genuino se quejó de la decisión del plantel? ¿Cuánto le afecta al fanático que Ángel Di María, por ejemplo, no le responda preguntas a la prensa? Y, por otro lado, ¿eso impide que los periodistas podamos hacer nuestro trabajo?

Parece que algunos colegas no entendieron, como tuiteó la periodista Emilse Pizarro, que el único capital del periodista es su nombre. Algunos lo cambiaron por fama. Fama y prestigio van por caminos opuestos.

      Embed

Comentarios Facebook